Restaurantes / 5 de diciembre de 2013

Restaurante

“Le Chêne”, con el espíritu del roble

Av. del Libertador 3990, La Lucila. 4790-5929. Cocina mediterránea y vinería. Miércoles a sábados, de 20.30 a 24. Vinoteca, martes a sábados desde las 14. Reservas. Principales tarjetas. Precio promedio: $ 250.

Por

Road movie. Luz tenue, la opción de vinos por copa (todos nacionales) para maridar cada plato, y en pizarras, la oferta del día.

Para los amantes del vino, el roble es un dios. Es en barricas hechas con su madera donde, por un proceso de microoxigenación, se añejan los mejores vinos, transfiriéndoles además cualidades que los enriquecen. Es un buen nombre para una vinoteca y por eso, en primer lugar, los tres amigos-propietarios de “Le Chêne” (roble en francés) decidieron nombrar así a su nuevo restaurante-vinoteca en Zona Norte. Brian Scroggie, Santiago Carbajo y Federico Vitulli se conocieron trabajando en “O’Farrell” diez años atrás, luego la vida los llevó por distintos caminos gastronómicos y vitivinícolas, y hoy, gracias a una amistad resistente como el roble (otra razón para el nombre), decidieron unir sus pasiones en un lugar que fuera “como el living de casa”. Pocos cubiertos, pocos platos y muchos vinos para probar, por copa o en botella, a precio de vinoteca.

Los amigos hicieron “Le Chêne” con sus propias manos. Los vinos están expuestos en estructuras de madera que cubren las paredes y la originalidad de sus etiquetas despiertan curiosidad. En las mesas no hay manteles, las servilletas son de puro lino y los cubiertos y la cristalería de primera calidad. La luz tenue y una bossanova suave invitan a relajarse y gozar. Los platos del día figuran en diversas pizarras distribuidas por el local: 3 entradas, 3 platos principales y 3 postres, con la opción de vinos por copa para maridar cada uno de los pasos. Santiago, a cargo del salón, se acerca a la mesa y ofrece detalles sobre los platos del día; luego llega Federico, el apasionado sommelier a cargo de recomendar o guiar al comensal en la elección de los vinos.

En la cocina está Brian, el chef y autor, entre otras cosas, de un carpaccio de lomo memorable: excelente aceite de oliva, alcaparras carnosas y bien lavadas, y queso sbrinz de calidad. El vino sugerido es un Sauvignon Blanc de Valle de Uco, Mendoza, un poco más intenso y menos dulzón que el siguiente Sauvignon Blanc, de la bodega a mayor altura del país, en los Valles Calchaquíes, que acompaña otra entrada, un salmón gravlax con eneldo. De platos principales: ravioles de espinaca con queso feta de cabra y crema de azafrán maridados con un Malbec Rosé de Mendoza; y cordero braseado cuatro horas en vino tinto con cous cous en su salsa de cocción, maridado con un Cabernet Sauvignon de Salta. De postre: strudel de manzana con un Malbec Tardío, no demasiado dulce y muy fresco, de Mendoza.

En “Le Chêne” todos los vinos son argentinos, desde la Patagonia hasta Jujuy, lo cual convierte su degustación en el transcurso de una cena, en una especie de “road movie” vitivinícola. La cocina, aunque correcta, no tiene el mismo espíritu aventurero. Las materias primas son excelentes, las preparaciones aún necesitan algún ajuste, algo normal a pocos meses de una apertura, pero la propuesta gastronómica es un poco tímida. Por suerte, tienen un largo camino por delante, apadrinados por la nobleza del roble, que crece con viento en contra gracias a sus raíces profundas.

 

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