Libros / 5 de diciembre de 2013

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“Una historia sencilla”, las reglas y la simpleza

de Leila Guerriero. Anagrama, 147 págs. $ 95.

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★★★★ El título es tan engañoso como el de la película homónima de David Lynch: lo común muchas veces es lo más raro que hay. Para su segundo libro completo (el otro fue “Los suicidios del fin del mundo”) la campeona de la crónica que es Leila Guerriero eligió la experiencia (la común y la extraordinaria) de Rodolfo González Alcántara, profesor de música pero sobre todo entrenado bailarín de malambo. Lo descubrió justamente en la competencia anual de ese baile, que se hace en la localidad cordobesa de Laborde, y decidió seguirlo.

En ese año, 2012, el hombre salió subcampeón. Cuando desgrana los detalles de la competencia, Guerriero va revelando que está constituida por una serie de reglas tan estrictas como un código samurái. No se gana riqueza sino prestigio. Y cuando se gana el galardón máximo, se trata del último baile, por una ley tácita aceptada. Sencillamente quien ganó mejora su situación económica porque cobra más por sus clases, es conocido, y es para siempre el campeón de ese año, pero no vuelve a bailar.

El desgaste de energía del malambo, cada vez más intenso, a medida que transcurre, es tremendo. Ya de chico el protagonista se preparaba: “Yo me iba a una bajada y me ponía a zapatear mirando el río. La fuerza que tiene el río es el equivalente a lo que yo sentía mientras zapateaba.” Con un método minucioso y eficaz que ha ido destilando en las decenas de crónicas que la han hecho famosa, Leila Guerriero va levantando las capas sucesivas de la vida familiar del futuro campeón, las condiciones de la penuria económica, la importancia de un par de temas musicales que lo guían.

En un plano más multitudinario se despliega el evento folklórico mismo, que tiene más que ver con el malambo como competencia atlética que como espectáculo. La mayor extensión permite que Guerriero entre y salga del tema, y se vea a sí misma, dudando incluso de si no estará modificando con su presencia la necesaria concentración del elegido para el seguimiento. El resultado es un libro a la vez parco y excepcional. Una historia sencilla contada con refinada complejidad, que no es exactamente literatura ni solo crónica.

 

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