Personajes / 6 de diciembre de 2013

Roberto Luka: “Se consume más vino de calidad que común”

Socio fundador de Finca Sophenia, elabora vinos de alta gama que vende en 25 países. Apuesta e intuición; mix de afecto y negocios.

"Hay una culturización del consumidor de vino. Cuando crece el poder adquisitivo y las clases medias se agrandan como en China, quieren acceder a lo culto, al buen vino", dice Luka.

“Mi apellido es de origen croata, aunque mis abuelos eran sirios, católicos, venidos a América a principios del siglo XX. Estaban hartos de las guerras contra los turcos, los ingleses y los franceses… Algunos de los hermanos se quedaron en Brasil y otros en la Argentina. Mi abuelo llegó con 15 años…”.

Heredero de la cultura del trabajo y con una marcada sensibilidad, Roberto Luka dice que después de terminar el secundario en el Carlos Pellegrini y de egresar en Ciencias Económicas con título de la UBA, fue contador “un poquito, nada más, porque hice varias cosas en diferentes empresas, en áreas administrativas, en rubros como petroquímicas, grupos agrícola-ganaderos y financieros. Justo uno de esos grupos compró la Bodega Finca Flichman y de ahí en adelante me enamoré del vino”.

Noticias: ¿Cuánto hace del flechazo?
Roberto Luka: Tendría unos 30 años. Ahora se están enamorando antes. Los jóvenes son más curiosos; descubren el vino, la gastronomía y el mundo de los “foodies”, como un modo de vivir.

Noticias: Ni enólogo ni ingeniero agrónomo: un empresario enamorado y con corazonadas. ¿Compró la viña por intuición?
Luka: Yo había visto el cielo en la zona alta de Tupungato, todo estrellado por las noches. Y un paisaje fantástico entre montañas que me hechizó. Compramos 130 hectáreas en 1997 y plantamos de inmediato, incursionando en una tierra virgen, inhóspita y deshabitada, sin muchos antecedentes para la vitivinicultura. Nunca había sido cultivada, por lo menos en el último billón de años.

Noticias: Apostó ¿a ciegas?
Luka: Sabía que eran terrenos aluvionales de rocas que vienen de la Cordillera de los Andes, que eran suelos tremendamente minerales… Cuando me encuentro con europeos, sobre todo, no pueden creer que una tierra no haya sido cultivada nunca jamás.
Noticias: ¿Sabe que Miguel Brascó llama a esa zona el Palermo Chico de la región?
Luka: (risas) ¡Sí! Yo había estado trabajando en vinos por 10 años y había comprado uvas en la zona más baja de Tupungato. Tenía el olfato y casi la certeza de que se darían buenos viñedos en la zona más alta. Pero la decisión de comprar fue porque me deslumbró y me emocionó el paisaje, insisto: acá quiero plantar una viña –me dije–; por entonces a 10 km a la redonda no había ni un viñedo. La ruta estaba destrozada; era como andar por el lejano oeste.

Noticias: ¿Quiénes lo acompañaron en esta conquista del desierto?
Luka: La cosa fue así. Estábamos tomando una copa al mediodía, celebrando fin de año, con unos papás del colegio al que iban mis hijas y fue con uno de ellos, Gustavo Benvenuto, que se nos ocurrió hacer algo juntos. ¡Plantemos una viña que pueda ser muy buena y después vemos!, dijimos. Yo ya estaba trabajando en el vino, él no. Y nos fue bien. Con el tiempo hicimos la bodega y se nos unieron tres socios más.

Noticias: ¿Es de los que mezcla afectos y trabajo?
Luka: Está en el origen de todo esto. Sophenia, nuestra marca, es la fusión de los nombres de nuestras hijas, amigas desde chiquitas, desde que tenían 3 años y hasta ahora. Eugenia (25) –mi hija– y Sophía (25) –la de Gustavo– dieron por fusión nuestro nombre. Hoy Eugenia es licenciada en Psicología y Sophía en Administración de Empresas, con un master en marketing en París. Las dos trabajan en la empresa: Sophía es la Brand Manager en Europa y Eugenia, la Brand Ambassador en la Argentina.

Las dos hacen un equipo increíble, al punto que ya hicieron su propio vino. Claro, sobre la base de los cortes hechos en la bodega, crearon una marca que se llama E. S. Vino, que no está en el país. Es el vino de Eugenia y Sophía; sus iniciales forman el verbo. Se vende muy bien en restaurantes de Londres y ya lo comercializamos en China, Alemania y Brasil.

Luka está casado con Marta (59), vive en Belgrano pero viaja a Mendoza y por el mundo todo el tiempo. Para su otra hija Victoria (28), arquitecta y recién casada, se dio el lujo de hacer un vino con su nombre, Roberto L, que descorchó en la boda. “Lo mantenemos, pero un poco más dentro del corazón que como propuesta comercial” dice.

Noticias: ¿Todos sus vinos son de alta gama?
Luka: Pensé en hacer vinos que fuesen exponentes de la alta calidad argentina y que fueran reconocidos como tales. Por eso interesé a unos amigos y construimos la bodega en el 2012 para lograr vinos que puedan ir al mundo como de altísima gama. Empezamos a vender en el 2004 y ya estamos en 25 países. Son vinos complejos, de cuarteles que tienen poco rendimiento para conseguir una buena concentración y con un paso por barricas de al menos un año.

Noticias: ¿Dónde está la bodega?
Luka: Integrada al paisaje, entre las montañas nevadas y las viñas verdes, exactamente en Gualtallarí, que significa “agua que canta”. Y Tupungato se traduce como “mirador de estrellas”. Está a 1.200 metros sobre el nivel del mar, con un cielo no poluido, equipada con la última tecnología. La tecnología es la herramienta para cuidar lo que Dios ofrece a través del “terroir” y lo que el hombre hizo en el viñedo. El vino se hace en el viñedo. Y lo más importante es la gente.

Noticias: ¿Quiénes hacen los vinos?
Luka: Tenemos la dirección enológica y vitícola de Rogelio Rabino; el asesoramiento del enólogo francés Michel Roland y de otro enólogo argentino, Matías Michelini, quien aplicó su innovación en la elaboración y definición de los vinos. Se fue de Sophenia pero sigue en contacto.

Noticias: ¿Cómo ve el mercado del vino en la próxima década?
Luka: Siempre me hago esa pregunta. Creo que si uno no se formula interrogantes a cuatro o diez años, cuando llegue ese momento o tenemos un presente construido con anticipación o nos morimos. La gente consume más vino de calidad que común; el vino es un objeto de cultura y buen vivir; satisface sin que se necesite ser un experto. Cuando crece el poder adquisitivo y las clases medias se agrandan –como está ocurriendo en China– quieren acceder a lo culto, al buen vino. En la Argentina me parece extraordinaria la “culturización del consumidor”; estoy feliz porque discierne y sabe. A diez años veo crecimiento.

Noticias: ¿Su mayor preocupación en cuanto a comercio exterior?
Luka: Lo que más me preocupa es la inflación, con un tipo de cambio quieto o levemente creciente. Pero bueno, siempre digo: los gobiernos pasan, las políticas económicas cambian, pero la viña no se entera.

 

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