Libros / 19 de Diciembre de 2013

LIBROS

Sónoman, el hombre del Poder-Músico-Mental

de Oswal. Ediciones de la Flor, 100 págs. $ 135. El sonido de los colores.

Por

La tapa lo expresa bien: un cuerpo enfundado en las típicas calzas y casco de los superhéroes corre o vuela en acción: el brazo derecho es musculoso y tiene el puño cerrado; el izquierdo ejecuta con los dedos un gesto peculiar, casi de “tai-chi”, del que brotan notas musicales; el rostro está contorsionado en un gesto entre de esfuerzo y semisonrisa. Pero lo principal es el torbellino de colores diversos que envuelve todo.
Osvaldo Walter Viola, que firma Oswal, creó en 1966 el personaje de “Sónoman” para la revista “Anteojito”. La magia por la que es más recordado es la de su personaje músico-mental, que duró casi una década.
La claridad con que uno recordaba a Sónoman después de que dejó de aparecer, y antes de estos rescates, tiene que ver con la zona visual. Parece tonto destacarlo en una historieta, pero en el caso de Oswal su originalidad y riesgo rozaban el arte abstracto o conceptual por la preponderancia demoledora de los colores sobre las palabras o el argumento.
La impresión del lector (o del espectador del espectáculo) era que los colores arrastraban todo, se lo llevaban por delante, y dejaban una marca en la mente que resistía el paso del tiempo.
Estos guiones resultan más sólidos y desarrollados que los del primer volumen, con otro rasgo original: son claramente historietas para niños. No por edulcoradas o educativas o cualquier otro argumento adulto relacionado con el género. Lo son porque resultan en cada caso una explosión de energía, incansable decisión de seguir moviéndose, y ganas de vivir.
Tres rasgos que caracterizan a los niños, y que suelen ser más temidos que admirados por padres, educadores, tías y abuelos, cuando tienen la alegría multicolor e incansable de Sónoman.
Para quien haya sido o siga siendo un fan de la historieta en general, es inevitable pensar en “Flash”, el velocísimo superhéroe norteamericano. Pero él solo se movía a toda velocidad. Le faltó el superpoder o el dibujante idóneo para ser “el hombre del Poder-Músico-Mental”. Como Sónoman lo tuvo a Oswal, lo absorbió hasta la genialidad, y fue del todo otra cosa, más salvaje y vital.

 

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