Sociedad / 3 de enero de 2014

Nota de tapa. Garfunkel y Vanucci.

Negocios y traiciones de un matrimonio millonario

El empresario de medios K busca un nuevo horizonte político detrás de Scioli. Massa y Pergolini. Ella, filantrópica y con marca propia.

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Es uno de los empresarios de medios más polémicos del país. Uno de esos que, siendo un sapo de otro pozo, desembarcó en la arena mediática sin antecedentes en el rubro. Ligado al Gobierno y a la pauta oficial, es tan cuestionado por conversos como por opositores; además de despreciado en el ambiente empresario, que lo considera solo un “heredero” sin méritos propios, y entre los hombres de medios, que lo ven como un advenedizo.

Se enfrentó con Marcelo Tinelli, Daniel Vila y Daniel Hadad: la vida privada de todos ellos, y sobre todo su sexualidad, se vieron aludidas de forma chabacana en El Sensacional, su folletín amarillo.

Acceda al backstage de fotos de Vanucci con NOTICIAS en Punta Del Este. 

También se enfrentó ante la Justicia con Raúl Moneta, quien fuera su socio, en un litigio que involucró medios y una inversión en telecomunicaciones que nunca fue. Pero no todas son malas. La “década ganada” le permitió a su holding embolsar casi 300 millones de pesos en publicidad oficial, que se agradecen con periodismo militante. Contradictorio y pragmático, es capaz de lapidar en sus medios a una editorial, como lo hizo con Perfil, y a los pocos días asistir con su pareja a una fiesta organizada por la revista Caras, de la misma empresa.

El año pasado, un accidente automovilístico lo dejó a Garfunkel demasiado cerca de rendirle cuentas al “jefe máximo”. Y, aun cuando siempre fue un hombre de fe, parece haber dado un vuelco místico más.

Entre los primeros en llegar a las arenas esteñas, Matías Garfunkel está siempre acompañado por su mujer Victoria Vanucci, la modelo y ex conductora de televisión (en CN23, señal de cable de su marido) que, de a poco, sale de ese peculiar sabático llamado “maternidad” y empieza a pensar en convertirse en empresaria. Tan hermosa como volátil, no teme en mostrar uñas y dientes –tanto en los medios como en las redes sociales– cuando alguien se mete con su marido. Lleva la batuta de la flamante veta filantrópica familiar y planea lanzar una línea de ropa con su propio nombre. Se los ve, más que unidos, simbióticos: una de esas parejas que no se despegan un segundo, ni siquiera a la hora de opinar, y donde toda respuesta tiene un aire coral.

Noticias: Parece haber una tendencia a que empresarios de otros ramos inviertan en medios, muchas veces como una plataforma para promocionar sus productos o lanzarse a la política. ¿Por qué invirtió usted en medios?
Matías Garfunkel: Soy un “outsider” y estoy muy cómodo en esa posición, no me creo lo que no soy. Mi ingreso a los medios se dio, además de por mi disputa jurídica con Moneta, por un interés en invertir en el negocio del entretenimiento, que creo que es una gran oportunidad.

Noticias: El otro “outsider” de los medios argentinos es Cristóbal López ¿Se conocen?
Garfunkel: Lo vi dos veces, es buena onda.
Noticias: ¿Cómo recibió el hecho de haber recuperado las radios de Moneta?
Garfunkel: En realidad, nunca me desprendí de las radios, porque siempre supe que la Justicia iba a dictaminar lo que dictaminó. Acá hubo una negociación extrajudicial que llevó a que, como la Justicia venía actuando como tenía que actuar, la otra parte, para conservar una de las emisoras, tuvo que sentarse a negociar. A la larga, termina siendo mejor un mal acuerdo de ambas partes a un buen juicio a muy largo plazo.

Su regreso a la Rock & Pop causó revuelo cuando Elizabeth Vernaci aludió al aire a la “una cueva de judíos” en medio de su surtido de incorrecciones verborrágicas. Garfunkel arremetió contra ella desde la cuenta de twitter de su esposa, quien como gran prenda de amor aceptó convertirse al judaísmo antes de sellar su unión.

Noticias: ¿Cómo quedaron las cosas después del “comentario desafortunado” de Elizabeth Vernaci?
Victoria Vanucci: Muchos me dicen que hay que entender el humor de la Negra. Y es cierto, tiene un sentido del humor bastante especial, que yo no comparto, sobre todo cuando involucra el maltrato a mujeres. En cuanto al chiste de judíos, creo que más allá de las disculpas que le dio a la comunidad y a la DAIA, le debe una disculpa al dueño de la radio. Supongo que también todo esto habrá tenido que ver con los nervios que genera en cualquier empresa un cambio de manos. En todos los medios, estos cambios de manos entre gente tan poderosa generan unos nervios lógicos.

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