Teatro / 10 de enero de 2014

TEATRO

“Sorpresas”, de Dan Goggin; un musical con plumas y strass.

Con Moria Casan, Carmen Barbieri y elenco. Dirección: Ricky Pashkus. Atlas, Luro y Corrientes.

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★★★Desde los griegos a esta parte, el arte escénico mantiene su vigencia gracias a una incesante y bienvenida renovación. El cruce de lenguajes expresivos, la mezcla de estilos o la apropiación de estéticas ajenas forman parte de su esencia a lo largo de todos los siglos, siempre ligada al aquí y ahora entre artistas y espectadores. Por citar unos pocos ejemplos, el circo jamás podrá soslayar la influencia indeleble, fascinante y espectacular del afamado Cirque du Soleil canadiense, así como el tradicional burlesque americano no eludirá la refinada sofisticación que le aportó el vigente Crazy Horse parisino.

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La reflexión viene a cuento al observar este ingenuo, efectivo y entretenido musical que, en su trama y desarrollo original, respeta el tradicional esquema norteamericano del género con toques de humor negro. Sin embargo, en la actual versión marplatense eso quedó de lado y se le impuso un notorio giro a la estructura de la otrora exitosa (y hoy ya agonizante) revista porteña del siglo pasado. A pesar que una de sus protagonistas, la arrolladora Moria Casan, reina y emblema indiscutido de aquellos espectáculos tan autóctonos, pregona una y otra vez la necesidad de “aggiornarse” en términos artísticos. El acostumbrado toque revisteril que imprime Casan rompe con la cuarta pared, dialoga con el público, introduce referencias personales y la instala en un decir verborrágico veloz, alejado del diálogo que impone el sencillo argumento. Aunque, según afirma a cada rato, “no canto”, hubiera sido una buena oportunidad para que recobrara el atrayente aspecto actoral que demostró en “Brujas”.

La anécdota sitúa a un puñado de monjas que descubren la muerte por envenenamiento de las restantes, cuando accidentalmente una de las religiosas contaminó la comida. Al carecer de recursos para afrontar los numerosos entierros, organizan un show de entretenimiento con el fin de solventar el gasto. Esto permite que cada hermana realice su propio número solista.

Es aquí donde comienzan las diferencias, mientras las jóvenes pero experimentadas Ivanna Rossi y Mariana Jaccazio se lucen con talento al cantar, bailar y actuar y Divina Gloria aporta desparpajo, a su turno, Cecilia Milone encara las canciones, literalmente, a grito pelado. En cambio, la veteranía de María Rosa Fugazzot recibe una genuina ovación para su desempeño impecable. Salvo por un circunstancial problema vocal, Barbieri evidencia haber transitado su personaje (lo hizo en una producción de 1989) y conocer el engranaje de la comedia musical.

Ricky Pashkus y su equipo de creativos intentan sacar las castañas del fuego y logran, a medias, que el resultado final tenga cierto cauce y se evite el desmadre completo.

 

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