Libros / 30 de Enero de 2014

LIBROS

“Las lunas de Júpiter”, el esplendor

de Alice Munro. Lumen, 286 págs. $ 129.

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★★★★★ Este libro de la reciente Nobel de Literatura fue editado en 1982, hace 32 años. Si uno se dispone a conocer un estilo tal vez distinto en esa época, sale defraudado (entonces Munro ya tenía 50 años). El volumen es como cualquier otro de la autora: un cuento largo esplendoroso que rompe todos los techos de intensidad compleja que pueden alcanzarse en esa forma. Se agregan algunos más entre muy buenos y excelentes. Y otros que podrían denominarse “de descanso”, donde predomina la capacidad de observación pura, sin muchos agregados argumentales.

El cuento descollante es “Accidente”. A lo largo de casi 40 páginas despliega un adulterio tirando a deprimente, pero continuamente roto por carcajadas o sonrisas del lector y, sobre todo, por una incursión trágica de ese entorno dado a las sorpresas inesperadas que llamamos realidad. Ejerce, además, la energía de Munro para describir sin desviar la vista el desastre que suelen ser las incursiones humanas ajenas (en especial de familiares) en vidas de las que no tienen la menor idea, con efectos caóticos disfrazados de ley. También el recurso de dar un salto mortal en el tiempo (por su extensión), para reacomodar destinos o sabores que se creían predeterminados.

Hay un par de cuentos memorables. El primero, “La temporada del pavo”, despliega el panorama de un local desplumador de pollos cerca de Navidad, con una incursión en la inserción de la homosexualidad en la realidad canadiense. El segundo, “La señora Cross y la señora Kidd”, tiene otro ambiente fuerte: un geriátrico donde se interconectan tres mujeres ya muy adentradas en el tiempo: cuando se les cae algo no se agachan a levantarlo porque podrían caerse ellas.

Otros, como “El autobús de Bardon”, “Cena del día del Trabajo” o “Las lunas de Júpiter”, perfeccionan el conjunto. Si no hubiera emprendido este comentario, los habría degustado a lo largo del tiempo, dejando espacio entre ellos. Ya me ocurrió con un par de libros de Munro que empecé hace años y que no he terminado. Simplemente por saturación perceptiva, por hiperrealismo, por manejo sublime del lenguaje y la estructura. Absorber mundos enteros en pocas páginas no es fácil ni común.

 

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