Teatro / 13 de febrero de 2014

“Pasos de amor”, la evolución de la humanidad

De Jijena Sánchez y Senanes. Con Juan Rodó, Paula Almerares y elenco. Dirección: Daniel Suárez Marzal y Gabriel Rosas. En el Nacional, Corrientes 960.

Por

idealismo. Un musical que une a Gandhi, Luther King, la Madre Teresa y Juan Pablo II.

★★★1/2 Buenas noticias. La primera es el regreso de Fernando Marín a la producción. Quien fuera responsable de productos inolvidables de la televisión argentina, como “Videoshow”, “Cantaniño”, “Juana y sus hermanas” y “Mesa de noticias”, sólo por nombrar algunos, exitoso empresario en el fútbol y generador de estrellas, incursiona por primera vez en el teatro, con un musical ambicioso y profundamente original.

En una ciudad de la India, un tren se prepara para partir: en el andén se cruzan nativos y extranjeros, turistas ricos y mendigos silenciosos, mujeres trémulas y jóvenes a punto de embarcarse en viajes iniciáticos. Algunos entablan una relación entre sí cuando el guarda del tren, respaldado por algún enérgico representante de las fuerzas vivas de la sociedad local, trata de evitar que un hombre negro se sume al pasaje. Los jóvenes, un abogado indio, un actor polaco y una profesora de geografía albanesa, salen en su defensa e inician una amistad sobre la base de sus ideas comunes: el rechazo a la violencia y la preponderancia del amor.

El joven negro (Rodrigo Segura), con el tiempo va a convertirse en Martin Luther King; el naciente abogado (Lionel Arostegui) será Gandhi; el simpático actor polaco (Rodrigo Pereira) Karol Wojtila será más tarde Juan Pablo II, y la enérgica maestra que se presenta como Inés (María Paula Ferri) será la Madre Teresa de Calcuta. Juan Rodó representa al guarda del tren, que al comienzo evoca este último viaje suyo desde su lecho de enfermo. Y Paula Almerares es Ana, su compañera, quien le da fuerzas para recuperar la salud y la ilusión.

Para armar este musical, uno de los pocos enteramente argentinos, Fernando Marín convocó a los mejores. No solo a la prestigiosa soprano Paula Almerares, quien debuta en el género, al experimentado Rodó, y al resto del elenco de brillante actuación. Es preciso destacar la deslumbrante escenografía de Alberto Negrín: desde la primera escena, donde una cama parece flotar en la memoria, hasta la portentosa aparición de la locomotora en la estación de tren, la escena es una fuente constante de grandeza y esplendor. Las luces de Gonzalo Córdova aportan una magia aterciopelada al presente y al pasado.

Excelente el vestuario de Mini Zuccheri y todo el equipo de producción. Las canciones, tal vez, quedan algo rezagadas puesto que es difícil abarcar en un par de horas la filosofía de cuatro héroes que dejaron tan importante huella en la evolución de la humanidad.

 

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