Música / 28 de Febrero de 2014

MÚSICA

Rod Stewart sigue siendo sexy

Volvió a la Argentina, un destino habitual en sus giras. Hizo una catarata de hits frente a 18.000 personas en GEBA.

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★★★★ En la Argentina tiene muchos seguidores; por eso no es raro que venga con frecuencia. Y con cada visita renueva una relación de amor mutuo que no necesita de grandes novedades, ni de sorpresas, ni de búsquedas estéticas. Sentó sus bases para el éxito hace varias décadas, con piezas que quedaron para siempre en la memoria colectiva.

Y con eso, le sobra para seguir armando shows que enloquezcan a su público.
Para que la fórmula siga dando resultado, hay una banda numerosa de buenos músicos profesionales que además –sobre todo las chicas– parecen haber sido elegidas en un casting de modelos y vestidas por el dueño de Cocodrilo.

Hay un grupo de cuerdas argentino que se suma para algunos temas. Hay un repertorio que ha resistido cómodamente el paso del tiempo y que incluye hits inoxidables. Hay un cierre con pelotas de fútbol arrojadas a la platea –otro de sus clásicos– con ironía sobre sí mismo y con sus eternos “Do You Thing I’m Sexy?” y “Sailing”. Hay una invitación para que se luzca su hija, la cantante Ruby Stewart, primero sola y luego a dúo con él en “Forvever Young”.

Hay varios “covers”, de The Isley Brothers, Creedence Clearwater Revival, Cat Stevens, Van Morrison o Chuck Berry. Hay una necesaria dosis de demagogia en la proyección de la bandera argentina sobre las pantallas. Hay un espectáculo que se sostiene de manera impecable, con la cantidad de títulos necesaria y suficiente. Hay un reiterado amor por el fútbol, en el habitual escudo de su amado Celtic de Escocia pintado en el tambor de la batería y en las imágenes suyas llorando luego del triunfo sobre el Barcelona hace casi dos años.

Pero claro, toda esta estructura se sostiene solamente porque hay un artista que ha madurado bien, que conoce los escenarios como nadie, que conserva su look juvenil de melena teñida y cuerpo delgado, que sigue manejando a gusto su voz rasposa y personal, que se mueve como si no tuviera los 69 años de su documento, como si estuviera debutando.

 

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