Clásica / 20 de Marzo de 2014

CLÁSICA

Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, dirigida por Ira Levin

Con la pianista Karin Lechner. Obras de Wagner, Mendelssohn y Brahms. Primera función de abono, Teatro Colón.

Por

★★★★ Esta primera función de abono contó con la invalorable presencia de Karin Lechner, nieta de Antonio de Raco e integrante de una ya larga estirpe de pianistas, además de desempeñarse eventualmente como directora de orquesta. Su interpretación del Concierto para piano N° 1 en Sol menor, Op. 25 (1830-31) de Félix Mendelssohn-Bartholdy fue a la vez impecable y muy inspirada.

Escrito para ser tocado sin solución de continuidad, sus tres movimientos están separados por sendas fanfarrias. La versión de Lechner, a la que se vio muy empática con la orquesta, resultó brillante en los movimientos rápidos, de exigente virtuosismo, y muy sutil en el lento. Como bis, repitió el tercer movimiento del concierto.

La obra de Richard Wagner, que se interpretó en primer lugar, fue la Obertura “Fausto”, pieza en la que el compositor trabajó entre 1839 y 1855 y que en origen iba a ser una sinfonía. De ahí conservó la forma de sonata, aunque con las sucesivas modificaciones realizadas por el autor, quedó reducida a la obertura definitiva.

El clima de ansiedad y deseo que transmite su trabajo temático fue muy bien realizado en la interpretación de la orquesta. En la segunda parte se escuchó la Sinfonía N° 2 en Re mayor, Op. 73 (1877) de Johannes Brahms, de tono general melancólico aunque mucho menos dramática que su primera sinfonía.

La orquesta, dirigida por la mano detallista de Ira Levin, estuvo muy bien. Perfecta en la obertura. Y aunque mostró algunas imprecisiones en la sinfonía, no alcanzaron a empañar el buen resultado.

 

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