Opinión / 21 de marzo de 2014

Norberto Oyarbide, la sombra de la Justicia

El juez federal que, de acuerdo común, es un oficialista serial. Su compromiso con los K.

AMENAZA. El juez Oyarbide se convirtió en un peligro para el Gobierno por todo lo que sabe.

Si bien la democracia se basa en la división de poderes y por lo tanto los únicos que se le oponen por principio son los comunistas, fascistas y otros totalitarios, escasean los políticos que no procuran asegurarse la ayuda, por si acaso, de brigadas de guardaespaldas judiciales dispuestos a desbaratar las maniobras de adversarios inescrupulosos.

Mientras un gobierno disfrute del apoyo mayoritario, conseguirla le es bastante fácil. Por ser los jueces tan humanos como el que más, suelen acomodarse al consenso político de turno, lo que en la Argentina los ha obligado a transformarse sucesivamente de amigos del Proceso militar en partidarios de Raúl Alfonsín, de menemistas en aliancistas y, después de un intervalo confuso con Eduardo Duhalde en la Casa Rosada, en kirchneristas.

Así las cosas, sería injusto criticar por su evolución camaleónica a personajes como el juez de la Corte Suprema Eugenio Zaffaroni, el que a comienzos de su carrera juró fidelidad eterna a los estatutos de la dictadura castrense pero que últimamente se ha destacado por su fervor garantista nac&pop, o el juez federal Norberto Oyarbide que, de acuerdo común, es un oficialista serial.

En un mundo ideal, los magistrados estarían por encima de las cambiantes modas políticas; en el que les ha tocado, la mayoría se las arregla para adaptarse a las circunstancias imperantes, acompañando al grueso de la población en la búsqueda colectiva de una salida del gran laberinto nacional.

 

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