Personajes / 4 de Abril de 2014

Pepe Cibrián: “Me siento Bernardette, ciento por ciento mujer”

Es una vieja diva transexual en “Priscilla, la reina del desierto”. La odisea de adoptar y Lorca en el Senado.

Transformación. En su camarín, Cibrián muta en Bernardette (izq.). En su casa de Pilar lo rodean Totó y Junior, dos de sus cinco perros.

Pepe Cibrián nunca se había reído de si mismo en escena: tal vez, sus casi cuarenta años de teatro barroco y excesivo se lo impidieron. Nadie pensaría, por otra parte, que Cibrián, en su forma símil Broadway de hacer las cosas, podría aproximarse a cinco centímetros del ridículo.

Pero en “Priscilla, la reina del desierto” en el teatro Lola Membrives, ante un bus oxidado lleno de pelucas y purpurina, con tres showgirls subidas al techo, recita a media luz y maquillado en sombras metalizadas con un aplomo casi Greta Garbo un monólogo breve pero fatal, donde establece la regla del éxito para cualquier transformista: la perfecta sincronización de mímica y música, y el temblor justo en el labio inferior.

Luego, cruza una pequeña cortina y emerge casi un minuto después. Mientras explota “I Will Survive” de Gloria Gaynor, Cibrián danza, envuelto en pantalones palazzo plateados y montado a dos megaplataformas también plateadas, coronado por un tocado de medio metro de alto. A su lado, Alejandro Paker y Juan Gil Navarro bailan, en atuendos similares. No hay un gramo de cinismo en todo esto. El número funciona.

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Hay una militancia para Cibrián en esto. En el 2010, en plena lucha por la ley de matrimonio igualitario, Pepe –en pareja con Santiago Zenobi (39), arquitecto– fue invitado a hablar al Senado. Ahí, leyó una parte de “Marica”, su unipersonal homenaje a Lorca. Fue una declaración de principios. Es raro que Cibrián actúe, por otra parte. Él habla de cierta fama, de que supuestamente no se deja dirigir.

Noticias: ¿Tiene fama de difícil?
Pepe Cibrián: No, tengo fama de que Pepe ha hecho toda su vida lo que le dio la gana, de que ha dirigido todo lo suyo. “Ay, que Pepe es muy difícil”, dicen. Pero Pepe no es difícil, sino un profesional comprometido, obsesivamente puntual. Tengo esa fama solo con los tontos. A ver, ¡yo soy un actor, un hombre de teatro! Si elijo ser actor, ¿cómo no voy a permitir que me dirijan?

Noticias: O sea que es exigente, pero no un divo.
Cibrián: Soy incapaz de discutirle a un director en público. Nací en La Habana, mi papá estaba en gira, les iba muy mal. Mamá se quedó allá después del octavo mes. Y hace dos años descubrí en un mueble todas las cartas que se mandaron en ese mes, sobre ese hijo tan deseado que iba a llegar. Cuando nací, mamá le había mandado un telegrama. Papá al recibirlo brindó con toda su compañía: le desearon que yo fuese actor. En realidad, cuando empecé a los 17, 18, quise ser actor. Pero también quería ser el protagonista.

Noticias: Que exista “Priscilla” hoy en calle Corrientes supone una cultura que usted sembró. El musical, en la historia reciente argentina, viene de usted y de Ángel Mahler.
Cibrián: Por eso siento mucho orgullo. A Ángel lo conocí muy jovencito, en el `83. Y gracias a Tito Lectoure y el Luna Park, con “Drácula” el musical cobró una dimensión que antes no tenía. Fue emblemático, pero porque era el Luna Park. Era un orgullo muy nacional. Nunca fui oportuno para montar una obra. En teatro, dos más dos da nueve. Era 1991, veníamos de la hiperinflación, de muchos golpes. Había en ese momento orgullo de que fuese algo argentino.

Noticias: ¿Querían un varón o una nena?
Cibrián: Queríamos tres o cuatro hermanitos, porque me enteré que en adopción los separan y eso me rompía el corazón. Que te saquen a tu hermano de tu lado, con el cual viviste… Me parecía espantoso. Queríamos hacer todo por derecha, como corresponde.

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Noticias: ¿Nunca consideraron la opción de un vientre alquilado?
Cibrián: No se hablaba de eso en aquel entonces. Pero no me parece mal. En esa época, los hombres solteros podíamos adoptar legalmente. Irma Roy, una divina mujer, era diputada y me armó una entrevista en la Secretaría de Minoridad. El hombre que me atendió me decía: “Cibrián, qué honor, qué honor”. Todo era un honor, por lo visto. Yo le conté obviamente cuál era mi vida, mi circunstancia, mi historia. El honor al final me lo tuve que meter en el culo. Arreglé a los pedos los cuartos de mi casa, para que la asistente social viera dónde esos chicos iban a vivir, todo. Me acuerdo de una de ellas, Victoria se llamaba. Cuatro años después me la encontré por la calle. Me dijo: “¿Ya tiene a los chicos, Pepe? Presentamos después de verlo un informe impresionante”.

Noticias: Pero nada pasó.
Cibrián: Al final, nada. Me dolió. Cuatro chicos que lo necesitaban hubiesen tenido un espacio de amor, de contención. Por cosas como estas me siento comunicado con Bernardette, eso le dio otra densidad al personaje. Me inspiré en Gloria Swanson, en el recuerdo de “Sunset Boulevard”, en el recuerdo de una mujer que alguna vez fue una grande.

Noticias: Es fuerte verlo vestido de mujer.
Cibrián: La verdad que sí. Pero no tuve problemas en hacerlo, como tampoco tuve problemas para hablar en el Senado. Haberlo hecho me causa un orgullo brutal como ciudadano.

Noticias: Esa vez tuvo enfrente a la plana mayor de la política argentina. Fue un gesto valiente.
Cibrián: Pero enfrente mío no vi a nadie; solo a mi padre. No sabía que ese texto que había escrito iba a llevarme a pelear por mis ideales sin importarme nada. Mi padre peleó en la Guerra, se exilió, no pudo volver más a su tierra. Era un hombre exquisito, su fascinación era la música clásica, la filosofía. A los 18 fui a decírselo, pensando que me iba a execrar. Le dije: “Tengo el tema este de la homosexualidad”. Él me respondió: “¿Y qué importa?” Eso me dio toda la libertad del mundo.

Noticias: ¿Cómo era conocer a un chico cuando era más joven? La vida gay porteña en los `70 todavía tiene un halo de misterio.
Cibrián: Es que que no iba a lugares. No suelo ir a lugares, tampoco. A ver, cómo te lo explico: a mí me gusta ser el centro. Y el centro, en un bar gay, es la belleza. Y yo no soy muy bello que digamos. Además, cuando era chico no había bares gay. Lo que estaba era dar la famosa vuelta por Santa Fe y Pueyrredón. A eso a veces iba. Pero todavía no había SIDA; no existía riesgo en ese sentido. No se escuchaban por otra parte casos de robos, muertes o agresiones. Había que ser muy boludo para que pase algo. Con la policía nunca tuve problemas. Pero los tenía la gente. A mis amigos todo el tiempo se los llevaban y traían, los tenían dos días, no más que eso.

Noticias: Muchos en la comunidad gay se volcaron al kirchnerismo después de que se promulgó el matrimonio igualitario. Fue una suerte de gratitud.
Cibrián: No suelo hablar de política. Pero cómo no voy a estar agradecido, no solo a ella, sino también a él, a Néstor, que bajó al recinto. Todo es político. Y la realidad es que, en un país surrealista, la ley se consiguió. Por mi mamá te juro esto: la noche en que llegamos a casa y se votaba en el recinto nos habíamos quedado sin cable. Un amigo nos contaba por teléfono qué pasaba. Me fui a dormir. Mi amigo me llamó como a las cuatro de la mañana para decirme que se había promulgado. Comprenderás la felicidad que tuvimos: con Santiago nos casamos al día siguiente. Cuando se hizo luego un acto oficial en la Casa Rosada me invitaron, ahí estaba Kirchner. Nos saludamos, no más que un “hola qué tal”.

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5 comentarios de “Pepe Cibrián: “Me siento Bernardette, ciento por ciento mujer””

  1. Vos estacionabas tu 147 sobre la calle Tucuman cuando hacias practicas de baile sobre la calle Forida,primero te dejabamos estacionar por tus viejos,despues por lo buen tipo,ojala puedas adoptar,yo era el policia que charlaba con vos,chau suerte amigo.

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