Televisión / 16 de Mayo de 2014

TELEVISIÓN

“ShowMatch” es el juego de los tronos

Reality de baile y humorístico. Lunes, martes y jueves a las 22.30, y viernes a las 22, por El Trece. Conducción: Marcelo Tinelli. Jurado: Nacha Guevara, Moria Casán, Soledad Silveyra y Marcelo Polino. Dirección: Alejandro Ripoll.

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★★★★ Para que Micaela Tinelli y su novio Tutti Diez no vuelvan a fatigar sus dedos en Twitter contra los que critican pero ven “ShowMatch”, habría que contarles que el papá y suegro entendió mucho mejor que ellos de qué se trata el juego. Todos los que vemos el programa lo amamos y odiamos a la vez. Una serie o un film se eligen por un especial interés del espectador y se siguen en cualquier momento, sin la cárcel de la grilla.

Pero un reality como “ShowMatch” debe ser consumido en tiempo real para abrir la interacción con el intangible mundo de las redes sociales. ¿Acaso no son las selfies –inauguradas esta temporada por el conductor– un grito llamando al aquí y ahora? Todo el programa es visto para alentar y para defenestrar, como un gran estadio de fútbol donde algunos irán por el partido, otros a putear al árbitro, otros para vender gaseosas, pero ninguno puede dejar de estar ahí en acto.

Frente a una caída irrefrenable del encendido de aire, Marcelo Tinelli convoca manejando los hilos de la atracción y la repulsión. Para todos hay algo. Desde la primera emisión lo hizo saber con el reclamo de pagarés vencidos a los del Trece encabezados por Adrián Suar (qué aburrida resulta esa competencia sobre quién es el más banana), a Telefe por el ninguneo y al Gobierno por el papelón del verano a raíz del “sí pero no” con “Fútbol para todos”. No es este el lugar para dilucidar contubernios sino para entender la puesta actoral de Tinelli, ubicándose como víctima y por lo tanto como vengador, el que vuelve a dar a cada uno lo que le corresponde, el que manda e impone y amenaza.

El segmento humorístico “El gran Bailando”, con imitaciones a políticos, valida otra vez el peso de Tinelli en el marketing electoral aún en un año sin elecciones. Pero no solo en esta tristemente obvia influencia sino en todos los aspectos se erige como el juez. Nadie le compite. Los participantes exponen sus llagas personales para que el conductor meta el dedo a su gusto, intente conciliar parejas o azuce alguna vieja disputa y todo le está permitido.

Hasta el jurado ha empequeñecido su incidencia, salvo el atractivo de Nacha Guevara torturando con guantes de seda a Xipolitakis o a Von Brocke. Pero ningún participante ni jurado ni humorista arrima al trono omnisciente y todopoderoso de Tinelli, nunca antes necesitado de demostrar el tamaño de su pisada.

Pero el “Bailando…” también es seguido porque tiene un sustento artístico. Y este año aporta un show de entretenimiento destacable: primeras figuras de la danza (Eleonora Cassano, Maximiliano Guerra, Mora Godoy y Hernán Piquín acompañado por Cecilia Figueredo) a quienes mucha gente tal vez nunca antes pudo apreciar. Pero mi voto, quiero decirlo, es para la pareja de Anita Martínez y el Bicho Gómez, una mezcla rara en medio de tanta coreografía existencial.

 

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