Sociedad / 23 de Mayo de 2014

Nordelta intimo: fama, narcos y negocio

Los mitos de la farándula y las mansiones narcos. Sueño de vivir en Miami. Ostentación y qué dirán.

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El titular de la UIF, José Sbatella, pidió a la justicia incestigar varios fideicomisos inmobiliarios del mega country.

Son tiempos extraños para la ciudad privada más grande y exclusiva del país. Para los residentes y propietarios de Nordelta, tener a un posible zar colombiano de la cocaína como vecino se volvió un hecho. En el barrio Los Castores, uno de los más tradicionales del complejo, los niños no pueden evitar señalar la casa del presunto narco Jesús Yepez Gaviria, donde su mujer, Claudia Celis Arias, cumple arresto domiciliario procesada por tráfico de drogas y lavado de dinero: “Mirá mamá, ahí viven los narcos”, dicen, ingenuamente, a viva voz, cuando pasan por allí.

A pocas puertas de la mansión de Yepez, una vecina histórica, cuya casa está valuada en 600 mil dólares, ya no sabe qué hacer con los nuevos inquilinos que se mudaron justo a la vuelta de su terreno: “Ves autos de alta gama llegando todo el tiempo que nunca son los mismos, chicas con pinta de gato esperando en la puerta, tipos con aspecto de extranjeros. El otro día pasé y tenían toda la puerta tajeada. Para mí que es un prostíbulo VIP; por ahí lo denuncio”, sugiere, por lo bajo. Pero la paranoia no se reduce a señoras chusmas que espían por la ventana. Hay un “síndrome Yepez” que ya afecta a todos los habitantes de Nordelta y que hace que reine una cierta desconfianza entre unos y otros.

En uno de los prestigiosos colegios que funcionan dentro del complejo, explotó una pequeña polémica entre los padres, al enterarse que una alumna colombiana era la hija de un supuesto narcotraficante. Y poco tiempo antes, cuando el gerente también colombiano de una poderosa multinacional quiso alquilar una casa, la Asociación Vecinal Nordelta -el megaconsorcio que reúne a representantes de todos los barrios y que recauda en concepto de expensas cerca de 15 millones de pesos por mes- no se la hizo fácil por su nacionalidad. Amigos argentinos del empresario tuvieron que intervenir para resolver el conflicto y él se vio obligado a pedir a la Justicia de su país un certificado de reincidencia para demostrar que era un hombre de bien.

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El hecho de que los narcos hayan elegido Nordelta para vivir se hizo público en octubre del año pasado cuando, en un megaoperativo, la Justicia allanó la casa de Yepez en el exclusivo barrio Los Castores. En ese procedimiento, a Yepez se lo señaló como el principal sospechoso de lavado de dinero de una compleja organización colombiana que enviaba drogas fuera del país (ver recuadro). No fue el único sospechoso que eligió esconderse en la opulencia de este lugar: los socios de Yepez -los hermanos John y Anthony Grajales que se instalaron en Las Glorietas- y el arquitecto argentino que construyó el hotel Intercontinental de Nordelta, Walter Mosca, hoy investigado por narcolavado.

También lo hicieron las mujeres de otros dos capos narcos colombianos y la familia del famoso Henry de Jesús Londoño, alias “Mi Sangre”. A fines del 2011, este personaje eligió una lujosa casa de dos pisos en el costoso barrio de Los Sauces para alojar a su mujer y sus dos hijos. Al parecer, Nordelta ofrecía todo lo que su familia necesitaba para vivir una vida tan cómoda como clandestina: “Lo único que busqué como seguridad es un barrio cerrado. La seguridad de Nordelta funcionó a la perfección”, admitió él después de ser detenido.

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