Televisión / 30 de Mayo de 2014

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“MasterChef”, la guerra de las ollas

Reality culinario. Domingo a las 22.15, por Telefe. Conduce: Mariano Peluffo. Jurado: Donato de Santis, Germán Martitegui y Christophe Krywonis. Dirección: J. Hormaeche y J. Ovalle.

Por

en el horno. Peluffo, los participantes (ab.) y el veredicto de De Santis, Krywonis y Martitegui.

★★★★★ “¡Arriba las manos!”, grita el conductor Mariano Peluffo a los participantes. Y ellos, aspirantes al Olimpo de los cocineros, no pueden hacer otra cosa más que obedecer y entregarse al veredicto. Tienen sus delantales pero están expuestos, sin luces ni maquillaje ni utilería. La única verdad es la realidad de su plato y el juicio inapelable sobre ese objeto fugaz llamado placer. La tensión es total y no es para menos. Por unos pocos, extraordinarios segundos, la historia familiar, la tradición y la memoria, todo lo que entendemos como la cultura está en juego en ese acto, el de dar y recibir, el de probar, aprobar, desaprobar la comida del otro.

La puesta en escena de esa satisfacción primordial es “MasterChef”, un reality de cocina o un concurso de habilidad donde se premia al que mejor combine la cantidad necesaria de sudor, el infaltable toque de ingenio y una pizca del ingrediente secreto.

No sabemos de qué está hecho un chef pero el jurado integrado por tres consagrados cocineros –el italiano Donato de Santis, el francés Christophe Krywonis y el local Germán Martitegui– asegura qué se trata de trabajo y más trabajo, y no de un arte o una actividad cool como la que suelen reflejar los programas gourmet del cable, ni mucho menos un laburito fácil para el estudiante distraído.

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Para borrar todo atisbo de arrogancia a la hora de pelar cebollas, los tres monarcas cumplen el rol más divertido e interesante que tiene hoy la televisión: alzarse en el podio para juzgar, marcar defectos, rescatar bondades, señalar conductas y salvar y condenar participantes. Prueban y dictaminan, indiferentes a los temblores de cucharas que provocan, cada uno con un color particular (Donato es campechano, Cristhophe, severísimo y Germán, frío) pero sin alcanzar nunca el registro de crueldad del escocés Gordon Ramsay, líder de los jueces del “MasterChef” de la cadena Fox, ya en su cuarta temporada.

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No hay duda de que el momento del dictamen es apoteótico. Por que ante cada desafío del concurso (cocinar con equis producto, de tal forma, etc.), hay un tiempo real de preparación ante los ojos de los jueces. Se sabe que la comida no espera, tiene sus reglas y su incumplimiento no da chances: si se quemó o está crudo no hay vuelta atrás.

En ese escenario de líneas rectas y metálicas, los actores desarrollan una obra que debe terminar en el punto límite fijado, ni antes ni después.masterchef4

Poco importan sus historias personales porque toda la narración empieza y termina en el plato. Quedará uno, claro. Que se llevará un trofeo, publicará un libro de recetas, será becado en un instituto profesional de gastronomía y, sobre todo, ganará 250.000 pesos, premios de los que poco sabemos cuando salen del freezer. Mientras tanto, saboreamos el programa que está caliente y huele rico.

 

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