Brasil 2014, Sitios Externos / 12 de Junio de 2014

Guía para hinchas express: Río de Janeiro en dos días

Lo mejor, más divertido y menos conocido de la ciudad para un itinerario rápido.

Por

MAR Y PLACERES. Ana Schlimovich, cronista de viajes y autora del blog Me Río de Janerio relata detalles de la ciudad.

Miradores naturales, ferias nordestinas, bares con música en vivo, comidas regionales en Santa Teresa y atardeceres en la Lagoa. Río tiene muchos rincones para descubrir, aunque sea en el breve tiempo libre que deje una escapada mundialista.

En dos días se puede hacer de todo, basta organizarse y tener información sobre lugares menos populares para evitar las filas infinitas que seguro tendrán el Pan de Azúcar y el Cristo Redentor. Quienes gusten de miradores podrán tener una vista espectacular y gratuita, con un único requisito: hacer un trekking de 40 minutos hasta la cima del Morro Dois Irmãos, desde donde se ve toda la Floresta da Tijuca, las playas de Barra, Leblon, Ipanema y hasta Niterói –la ciudad vecina, donde está el MAC, Museo diseñado por Oscar Niemeyer–.

En el post “Vista gratis” del Blog Me Río de Janeiro, cuento el paso a paso de esta caminata. Desde el barrio de Santa Teresa, uno de los más señoriales y antiguos de la ciudad, al lado de Lapa –el barrio nocturno de Río– también se tienen unas vistas increíbles de la Bahía de Guanabara.

Allí se puede aprovechar para conocer el Parque das Ruinas, el Museo Chácara do Céu y comer un caldinho de feijão en el mítico Bar do Mineiro. De jueves a domingo, entre las 17 y las 22 , pregunte por el Acarajé da Nega Teresa, el puestito callejero está sobre la Rua Almirante Alexandrino 1458 –frente al correo– y tendrá una buena oportunidad de probar comida bahiana en Río. Para bajar de Santa se pueden utilizar las escaleras azulejadas del artista chileno Selarón, que descienden hasta Lapa, donde hay un bar al lado del otro, la mayoría con música en vivo a partir de las 20.

Un clásico que nunca falla es Rio Scenarium, con buena música y antigüedades locales expuestas en todos los salones. Para probar una buena cachaça, la bebida nacional, el Bar Mangue Seco las tiene todas, en la Rua do Lavradio 23.

En invierno el sol se va rápido, así que lo mejor es ir a la playa temprano. En Copacabana hay sol hasta las 14, el rinconcito de Leme, en el extremo izquierdo, es el más tranquilo y familiar. Por la tarde conviene ir a las playas de Arpoador, Ipanema y Leblon, y para ver el atardecer hay un ritual tradicional: acomodarse sobre la piedra de Arpoador, observar la fabulosa postal de Río, con el Morro Dois Irmãos de fondo, y aplaudir. Suena cursi, pero cuando se está allí uno aplaude con ganas porque el espectáculo es formidable. Otro lugar para conocer a la hora en que se esconde el sol es la Lagoa Rodrigo de Freitas, hay un bar llamado Palaphita Kitch, con sillones especiales para disfrutar del paisaje con un buen trago y música chill out. Ojo que es caro.
Un paseo bien diferente –y carioca– consiste en tomar el Metrô hasta la estación Catete y visitar el Palacio que fue la Casa de Gobierno hasta que la capital del país fue transferida a Brasilia, en 1960. Ahora es el Museo de la República, los miércoles tiene entrada gratis y detrás hay unos jardines majestuosos que llegan hasta el Aterro do Flamengo, otro gran parque, diseñado por el paisajista Roberto Burle Marx.

Lo mejor es recorrerlo en bicicleta –los fines de semana se alquilan allí mismo–, conocer el Museo de Arte Moderno, tomar un agua de coco en la playa de Flamengo, con vistas al Pan de Azúcar y luego caminar por la Rua Paissandú, cercada de palmeras imperiales, hasta la Plaza São Salvador, donde siempre hay música y gente tomando cerveja gelada. La placita está rodeada de bares y restaurantes, y los domingos de mañana hay una feria y sesiones de samba y chorinho.

Para seguir en el clima mundialista del fútbol y conocer una favela al mismo tiempo, se puede subir gratis en teleférico hasta la cima de la Favela Santa Marta, al lado del barrio Botafogo, donde hay una escuelita de fútbol de la comunidad y unas vistas únicas de la ciudad. En la entrada de la favela hay un puesto de informaciones turísticas con guías locales que pueden enriquecer bastante la visita.

La Feira de São Cristovão es como ir al nordeste de Brasil sin salir de Río. Abre los fines de semana y allí se va a bailar forró, tomar todo tipo de tragos por muy pocos reales y conocer una faceta muy divertida de la sociedad brasileña. En el blog Me Río de Janeiro hay un video que muestra lo que se vive dentro de este recinto que por fuera parece un estadio de fútbol.

Y para quien no quiera nada de esto, y simplemente tenga ganas de descansar al sol, recomiendo alquilar un auto y salir temprano hacia las playas de Joatinga, Prainha y Grumarí; la primera en Alto da Boa Vista, y las otras dos pasando Barra da Tijuca.

 

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