Sociedad / 11 de agosto de 2014

Gustavo Cerati: ¿nada más queda?

Las esperanzas de la familia se oponen a la opinión de la ciencia. La intimidad del tratamiento. Por qué se niegan a dejarlo morir.

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A mediados del año pasado, Gustavo Cerati recibió la visita de una vieja amiga en su habitación de la clínica ALCLA en Belgrano. Su amiga le habló lento, en un tono suave. Buscaba una reacción de empatía, llegar a lo que quedaba de Gustavo, a la persona dormida en el fondo de casi cuatro años de estado de coma. Minutos después, tuvo una sorpresa: Cerati rompió su inmovilidad y deslizó la lengua entre los labios. Para su amiga fue una aparente señal de agrado; una suerte de respuesta. Gestos como éste se repiten. Leo García, músico y uno de los que lo visita con más frecuencia, afirma: “Fui a verlo para mi cumpleaños, le toqué la mano y me la tomó”. Lillian Clarke, la madre del ex Soda Stereo, confía a NOTICIAS: “Gustavo reconoce voces, le tocás el piecito y mueve la pierna. Hay pequeños avances desde hace un tiempo”. Lillian basa toda su esperanza en estos movimientos mínimos; son el centro de su fe, de que la recuperación de su hijo es posible. Para su familia, para sus amigos, Gustavo Cerati no está muerto en su mente: todavía hay alguien ahí. “Hay que esperar a que abra los ojos”, afirma la madre. Darlo por perdido, dejarlo morir, es algo fuera de cuestión. García desafía: “Tiene signos vitales, no está como un vegetal que no se mueve. Dejarlo morir jamás se nos pasó por la cabeza a los que estamos cerca de él. Pensar eso es de una mente asesina”.

El miércoles 14 de mayo por la noche, de cara a un nuevo aniversario del la isquemia cerebral y el posterior accidente cerebro-vascular que Cerati sufrió en 2010 en Venezuela tras su último show, ALCLA liberó un nuevo parte médico para actualizar su estado de salud, una cortesía protocolar que se repite cada año. “’Estable’ va a ser la palabra”, había admitido Lillian horas antes, decepcionada. El comunicado de la clínica afirmó: “El Sr. Gustavo Cerati continúa internado, encontrándose clínica y hemodinámicamente estable, sin complicaciones agudas, manteniendo un buen estado nutricional. Neurológicamente no ha tenido cambios significativos y permanece con asistencia ventilatoria mecánica”. Pero en el fondo, no había nada nuevo que decir. “Status neurológico y clínico estable”, había dicho el del 2012. “Sin cambios neurológicos, clínicamente estable”, declaró el del 2013. Con el paso del tiempo, la intimidad de Cerati en su habitación de la clínica y su aspecto físico actual se convirtieron en una especie de mito, un secreto guardado celosamente por sus íntimos. Mantenerlo vivo, por otra parte, es una quimera que cuesta una pequeña fortuna.

UNA SILLA PARA LA MEMORIA VIVIENTE. Cerati, al contrario de lo que uno puede creer, no pasa sus días acostado en su cama: la mayor parte del tiempo está sentado en una silla especial para ese propósito. Un grupo de especialistas se encarga de moverlo todos los días temprano por la mañana, de girar su cuerpo y mantener sus músculos en buen estado. Recibe atención frecuente de un kinesiólogo, también masajes y sesiones de terapia ocupacional y musicoterapia. “Todavía tiene el respirador, pero puede respirar solo también”, admite Lillian. Es alimentado mediante una gastrostomía, un tubo que se introduce en el estómago con una cirugía. No es comida normal lo que se le da: son preparados especiales de alto valor nutricional, y de alto costo. Visitarlo conlleva también un protocolo de sanidad: lavarse las manos antes de entrar a la habitación es obligatorio. En la habitación, su familia y sus amigos le cantan y le tocan instrumentos, le ponen música para que escuche. Luis Alberto Spinetta le dejó una guitarra, poco antes de morir.

En el entorno más cercano de Cerati preguntar cómo se ve, cuál es su aspecto es casi un tabú. No es una interrogante que cae en gracia. Lillian cuenta: “Tiene los músculos bien, la piel bien. Está como siempre”. Otros buscan ser más elogiosos. “Ahora que no fuma tiene la piel bárbara; no tiene ni una estría”, dice un íntimo. “No se le cayó el pelo ni está canoso”, cuenta otro. Todos hablan de una especie de Bella Durmiente, un Cerati intacto en su cama de la clínica, listo para reclamar su trono del rock argentino cuando despierte. “El rey está vivo”, dice Leo García. Pero alguien en su círculo admite: “Igual no está. Si alguien pasa cuatro años inmóvil, igual no va a estar, es lógico. Estuvo hinchado un tiempo, por una reacción alérgica”.

En una entrevista con Rock & Pop a principios de mayo, Lillian contó que “la prepaga se está portando muy bien”. Pero más allá de una empresa de salud que se haga cargo del tratamiento, los precios para mantener a Cerati vivo son altísimos. ALCLA -a donde llegó a fines de octubre del 2010, tras pasar por el sanatorio La Trinidad y el FLENI- no es una clínica de alta complejidad, pero tampoco es barata. Fuentes del mercado médico estiman para un paciente como el ex Soda Stereo un precio de internación básico de 3000 pesos por día, con un cálculo final que ascendería a 90.000 pesos mensuales y casi 3,5 millones de pesos por el total de su estadía.

EL REY DEJÓ EL EDIFICIO. ¿Hay alguien ahí, realmente?¿Cuáles son las chances de una recuperación, de que Cerati al menos recobre la conciencia, de que despierte del coma? Los primeros análisis que se le hicieron al músico tras regresas de Venezuela habían revelado un daño cerebral extenso. Lillian admite: “Los neurólogos no me dicen nada. El cerebro es un misterio”. Pero hay voces mucho más drásticas en la comunidad médica.

Conrado Estol es uno de los neurólogos con más credenciales en el país. Especialista en enfermedades cerebrovasculares, formado en clínicas como Mount Sinai en New York y en universidades como Harvard, no cree lo mismo que los familiares de Cerati sobre sus pequeños gestos, sus supuestas reacciones. Estol opina sin rodeos: “Esto probablemente sea un estado vegetativo permanente. Por definición no hay conciencia, por lo tanto si no hay conciencia no puede haber respuestas, algo volitivo ante una consigna, como guiñar el ojo si yo te lo pido”. Y sigue: “Dentro del estado vegetativo permanente existen una cantidad de reflejos y movimientos; el paciente puede mover la cabeza, sus extremidades, abrir y cerrar los ojos. Lo veo en cantidad de pacientes, el paciente hace muecas que parecen de dolor, pero no es dolor. Si no hay conciencia no hay dolor”. El especialista es frontal sobre una posible recuperación de Cerati: “Seguramente es irreversible”. Sobre si existe o no un diagnóstico de estado vegetativo permanente, el director de ALCLA, Gustavo Barbalace, se negó a comentar al ser consultado por NOTICIAS, “por respeto a la familia”.

Sin embargo, puede haber una excepción. Estol explica: “Se publica en 2006 un primer trabajo con algunos pacientes en estado vegetativo. Se demostró que tras una resonancia magnética funcional, una tecnología que es de aplicación experimental en el país, algunos pacientes en estado vegetativo determinaron tener cierto grado de conciencia. Pero es mínimo, lo compararía a una persona bajo un exceso de sedantes, o con un traumatismo de cráneo”. Quizás, éste sea el caso del ex Soda Stereo. A fines de 2010, poco después de ser admitido en ALCLA, afirman altas fuentes médicas, fue trasladado a un centro de alta complejidad para recibir una resonancia magnética funcional. Se demostró que, al ser expuesto a cierto tipo de música que conscientemente reconocería, algunas partes de su cerebro asociadas a las emociones se encendían.

PLATA TRISTE. El ACV en Caracas marcó un salto para las ventas de Gustavo Cerati. En el 2010, el año de su crísis de salud, SADAIC le liquidó 1,8 millones de pesos. En 2009, año de su disco “Fuerza Natural”, 1,3 millones de pesos, una diferencia considerable. El primer trimestre de 2011 le había reportado 555 mil pesos. Esta no es la primera vez que una desgracia empuja al mercado musical. Y convertir la desgracia de Cerati en oro sería algo elemental para el débil mercado del disco. El dolor de sus fans se traduciría en oportunidades comerciales como reediciones, paquetes especiales, quizá un DVD y lo más importante: un disco de canciones inéditas.

Michael Jackson fue un caso perfecto, en este sentido. Tras su muerte en el 2009, se lanzó una película con filmaciones para los ensayos para sus últimos shows. Este año, un nuevo disco con grabaciones que antes no habían sido escuchadas. Pero en el caso de Cerati, la industria no tiene con qué. Colaboradores cercanos como el sonidista Adrián Taverna y el DJ Javier Zuker hablaron de la existencia de canciones inéditas en el pasado. Pero en 2011, Damián Amato, presidente de Sony BMG, el sello que llevaba el catálogo de Cerati, afirmaba: “No tengo grabaciones encontradas. Gustavo era un perfeccionista. Si no le gustaba algo, lo borraba”.

Con Cerati internado, alguien tenía que hacerse cargo de su dinero. Fue un secreto a voces en estos años que lo hacía Laura, su hermana menor, en quien Gustavo tenía plena confianza, según amigos. Ya se habían asociado en una SRL llamada Unísono, pero el centro de todo era JJC Ediciones Musicales SRL -llamada así por Juan José Cerati, padre de Gustavo-, la editorial que controla los derechos de sus canciones. Pero, de acuerdo con el Boletín Oficial, el mes pasado ocurrió un movimiento llamativo en la firma: Laura y su hermana Estela le cedieron la gerencia de JJC a su mamá, Lillian. Con 83 años, se convirtió en la responsable de la obra de su hijo. También, los hijos de Gustavo entran en juego. Benito, el mayor, ya tiene 20 años. Según Héctor Leguisamón, doctor en derecho, al Cerati no tener esposa, “puede pedir a la Justicia la curatela de su padre, según el Código Civil”.

UN DUELO INDELEBLE. Cerati fue una de las mayores estrellas de rock en la historia de América Latina. Pero, por sobre todo, fue un pionero estético, un líder con una personalidad magnética. Su entorno, su séquito, lo adoraba: era un culto ambulante a su personalidad. Oscar Fernández, a cargo de la peluquería Roho, fue el estilista del ex Soda Stereo. Lo visita con frecuencia en ALCLA, donde llegó a cortarle el pelo. Para Leo García, Cerati fue un padre artístico y espiritual que le permitió, por ejemplo, abrir el concierto de despedida de Soda Stereo en 1997 ante un River lleno. También lo visita en ALCLA. No le es fácil. Hay un golpe emocional que no cierra. “Es una extraña sensación”, dice, “un poco de no querer aceptarlo, me agarran baches donde me cuesta visitarlo; a veces iba todos los días, a veces pasaban semanas. Creo que lo suyo es un modo amable de no hacer doler tan fuerte por una muerte. Tengo fe de que pueda despertar. Yo sé que él está del otro lado”.

En diciembre pasado, García y Fernández junto a otros amigos se reunieron con la madre de Cerati y sus hermanas en la habitación de Gustavo en ALCLA: celebraron Navidad. Charlaron un poco, rieron. Cerati permanecía ahí, inmóvil en su silla. “Los años nos amigaron con esto”, dice García.

*Nota publicada el 17 de mayo de 2014.

 

 

5 comentarios de “Gustavo Cerati: ¿nada más queda?”

  1. Pienso en él todos los días. Y me fortalece mucho la templanza de su madre, que me inspira para llevar con enteraza un camino complejo con mi hijo.

    1. escucho que repiten como loritos…JUSTO A EL LE PASO…
      ¿ y por qué no le puede pasar ?…¿solo porque tiene guita o es famoso ?
      estos cuadros, como la muete misma, son DEMOCRATICOS…para todos es igual.

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