Teatro / 17 de Agosto de 2014

TEATRO

Un diálogo filoso

“La señora Klein” de Nicholas Wright. Dirección: Eva Halac. Con María Leal, Fabiana García Lago y Laura López Moyano. La comedia, Rodríguez Peña 1062.

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★★★ Los terapeutas afirman que nuestro grado de adultez depende de la respuesta a una pregunta clave: ¿se llega alguna vez a perdonar enteramente a los padres? A juzgar por los acontecimientos presentados en “La señora Klein” (Mrs. Klein), el recorrido para adquirir semejante discernimiento, puede ser un calvario.

La obra del dramaturgo británico Nicholas Wright (1940), transcurre en Londres, durante 1934 y narra un acontecimiento visceral en la vida de la célebre psicoanalista austríaca Melanie Klein (1882-1960). Prestigiosa por sus innovadoras ideas y técnicas terapéuticas, fue una notable visionaria que advirtió en el juego de los niños, su principal medio de comunicación emocional. Con su trabajo pionero, generó un gran impacto que repercutió en el psicoanálisis contemporáneo. Sin embargo, los éxitos profesionales no pudieron atenuar una serie de eventos trágicos que signaron su vida. A los cuatro años, perdió al hermano mayor, su matrimonio terminó en fracaso, el segundo hijo murió en circunstancias extrañas y tuvo una relación tormentosa con Melitta, su primogénita.

Precisamente, el texto hinca el diente, de manera ingeniosa, en esta controversial relación madre-hija, en el preciso momento en que Klein (María Leal), debe partir hacia Budapest para asistir al funeral de su vástago. En su ausencia, Paula (Laura López Moyano), una enigmática refugiada alemana, es contratada para cuidar y mantener la casa en orden. Pero la joven asistente verá interrumpida las tareas por la intempestiva aparición de Melitta (Fabiana García Lago), quien está convencida de que el hermano se suicidó. El regreso inesperado de la madre acentuará aún más el conflicto y las culpas del pasado se ventilarán con crudeza. No revelaremos aquí el final, pero baste señalar que en la vida real, la hija no asistió al funeral de su progenitora.

A través de diálogos y réplicas filosas, la trama arroja luz sobre los elementos dispersos que se conocen de la realidad. Sin caer en la mera crónica, intenta dar una interpretación universal a temas como dominación y sometimiento, pérdida y duelo.

La cartelera porteña tuvo una versión anterior, memorable, con Mabel Manzotti, Rita Terranova y Miriam Ortiz en los roles protagónicos. Aquí la dirección de Eva Halac dibuja con trazo grueso los desbordes de esa madre feroz, encarnada con excesivo arrebato por Leal. Por eso, la mejor escena es donde la actriz se despoja del énfasis altisonante y se sumerge en la mesura al enterarse del contenido de una carta muy significativa. En contraposición, García Lago transmite autenticidad a su criatura desvalida y López Moyano acompaña con oficio y mesura, en un montaje donde se hubiese necesitado más sutileza.

 

 

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