Televisión / 6 de septiembre de 2014

TELEVISIÓN

Como decíamos ayer

“Viudas e hijos del rock and roll”. Comedia. Lunes a viernes (menos miércoles) a las 21.15, por Telefe. Con: Damián de Santo, Paola Barrientos, Celeste Cid, Julieta Ortega, Fernán Mirás, Griselda Siciliani y otros. Dirección: Sebastián Ortega.

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“Viudas e hijos…” tiene otros familiares, además del rock and roll. La nueva tira de Sebastián Ortega es descendiente directa de “Graduados” y puede reclamar lazos de abuelazgo a “Los exitosos Pells”. No es extraño que las relaciones endogámicas reproduzcan parientes con rasgos parecidos: por un lado, el viaje retro a las décadas de la adolescencia de los personajes, los `80 en “Graduados” y los `90 en “Viudas…” (aunque la diferencia entre el 1989 de una y el 1992 de la otra sea formal); y el anclaje, después de 22 años, en ese amor de verano en Villa Gesell que pudo ser y no fue. Pero si en “Graduados” había un hijo que debía ser explicado, en “Viudas…” solo sobreviven las marcas del pasado en el carácter avinagrado de Miranda (Paola Barrientos) y la fijación peterpanesca de Diego (Damián De Santo). Y en ambas tiras, la música nacional juega de aglutinante vintage, vehiculizando los saltos en el tiempo.
Por otro, el parentesco más lejano con “Los Pells” remite al mundo de los medios. Esta vez no es la televisión sino una importante emisora creada por Roby (Lalo Mir) quien al morir deja el imperio en manos de su hermano Pipo (Mex Urtizberea); sus dos hijas, Miranda y Vera (Celeste Cid); y, enfrentada a los anteriores, la viuda, Sandra (Julieta Ortega), cada parte con aliados, bandos y pandillas de pasillo.
Pero “Viudas…” es un vástago nuevo con derecho propio que esperamos crezca más. La semilla fuerte está en el elenco y en las líneas dramáticas de algunos personajes. A la pareja protagónica todavía le falta limar y sacarle lustre al encuentro. Barrientos es una actriz extraordinaria pero en este papel está demasiado sacada y cuesta imaginarla en una situación cuasi romántica con un espécimen tan poco lúcido como el Diego que compone De Santo. Quien, por su parte, aparece muy cómodo en la sociedad con Ramiro (muy efectivo Fernán Mirás, una dupla de cuarentones patéticos) y, en especial, con Susana, su novia (Griselda Siciliani, con un rol a medida) que se transformó hasta hoy (lo siento, Suar, pero aquí se la aprovechó mejor) en el punto más alto de la ficción: la pantalla brilla cada vez que aparece.
La contrapartida al mundo rockero se presenta en la familia política de Miranda, unos bienudos jugadores de polo venidos a menos, que se pasan de castaño oscuro con el estereotipo gorilón: ya nadie es tan políticamente incorrecto. Pero aún así, el triángulo formado por Luis Machín, Verónica Llinás y Violeta Urtizberea puede sacar chispazos. Y un buen hallazgo de casting el de elegir a María Leal para Gabriela, la mamá ex groupie de Miranda, y a Marcelo Mazzarello como el “Polaco” fisicoculturista.
Estas “Viudas…” no sorprenden ni prometen la química de “Graduados”. Duplicar ese suceso con las mismas armas no parece por ahora la mejor decisión, pero está a tiempo de despegar: tiene con qué volar alto.

 

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