Música / 16 de Septiembre de 2014

MÚSICA

Joaquín Sabina: el andaluz más argentino

Volvió Joaquín Sabina, como tantas veces, y en este caso para recordar un viejo disco. Hará siete presentaciones en el Luna Park hasta el próximo 21 de setiembre.

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★★★★ Si de algo entiende muchísimo el español Joaquín Sabina es de hacer buen contacto con el público. Y en ese trajinar de aviones y hoteles, solo o de la mano de otros colegas, ha adoptado dos países, además del suyo, como sus segundas casas: México y la Argentina (aunque a veces intente hacernos creer que somos sus preferidos). Para detenernos en lo que nos cabe, hay que recordar que este hijo de Úbeda venía a nuestro país inclusive cuando no era tan popular, que desde entonces se interesó por figuras de nuestra música –de Goyeneche a Charly García y Fito Páez-, que grabó discos por aquí, que escribió canciones en las que se habla de nosotros y que mantuvo una fidelidad de visitas más allá de las siempre cambiantes situaciones económicas. A la larga, todo eso vuelve y en la actualidad es uno de esos artistas que, con o sin disco nuevo, con su ladero Serrat o solo, puede venir cuanto quiera y darse el gusto de llenar espacios amplios en cantidad, en épocas en que ésa es una empresa difícil para muchos.

“Necesitábamos una excusa para volver y pensé que este disco tenía canciones que aún se conservaban vivas; espero que a ustedes les pase lo mismo”. Eso dijo a poco de empezar su larga serie de siete Luna Park que bautizó “500 noches para una crisis” y que es un repaso de su muy exitoso álbum “19 días y 500 noches” de 1999. Aquel trabajo es el que contiene, por ejemplo, temas como “Ahora que”, “Barbie Superstar”, “A mis cuarenta y diez”, “Noche de boda”, “Pero qué hermosas eran”, “Una canción para la Magdalena”, la que da nombre al disco o la muy recordada “Dieguitos y Mafaldas”. Al recorrido por ese CD, en orden y prácticamente completo, sumó otros clásicos suyos, como “Nos sobran los motivos”, “Y nos dieron las diez” o “Peor para el sol”.

El cantante nunca tuvo una garganta privilegiada y tampoco la tiene ahora –“es un milagro que yo cobre para cantar con esta voz”, bromeó-, pero sigue siendo un excelente vehículo para sus composiciones. Y para eso cuenta con la apoyatura de una banda que lo conoce y lo sigue muy bien: el guitarrista rockero Jaime Usúa –que tuvo su lucimiento solista en “El caso de la rubia platino”-, el baterista Pedro Barceló, el multi-instrumentista aragonés Josemi Sagaste, la sensual y muy solvente corista andaluza Mara Barros y sus viejos y necesarios laderos: el bajista Pancho Varona y el tecladista y guitarrista Antonio García de Diego.

Homenajeó a su amigo, el poeta argentino Juan Gelman, fallecido en enero. En el día de su final, recordó a Gustavo Cerati. Y trajo de la mano a la muy buena cantautora Israelí Noa y le dio un buen espacio en su espectáculo. Por lo demás, nada muy nuevo bajo el sol sabinero, porque no vino con esas intenciones. Pero aunque a veces moleste a la crítica y a los artistas mismos, es con estos recitales de grandes éxitos con los que el público suele sentirse más feliz. Se notó en la multitud que lo acompañó con cada canción, que le aplaudió cada ocurrencia, que se rió con sus chistes desde el primero hasta el último minuto de su recital.

 

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