Mundo / 18 de septiembre de 2014

Duelo de amazonas

A medida que se acercan las elecciones en Brasil, la contienda se recalienta. El histórico choque entre dos mujeres poderosas.

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Parece el guión de una novela como las que escribe Joao Carneiro, el autor de “Avenida Brasil”. Dos mujeres vuelven a enfrentarse. Una es mestiza de origen campesino y pobre, la otra es hija de europeos de clase media. La primera fue analfabeta hasta los dieciséis años, la segunda recibió educación de excelencia en buenos colegios. Las dos son inteligentes y de izquierdas, pero una se fogueó en las luchas sindicales y ambientalistas de la Amazonia, mientras que la otra integró un grupo marxista que tenía brazo armado y se había originado en las universidades de los tiempos de la dictadura.

El primer choque que tuvieron fue en el gabinete de Lula. La ministra de Medio Ambiente cuestionó a la jefa de ministros por avalar las deforestaciones para ampliar la producción sojera, pero perdió la pulseada y decidió abandonar el gobierno del PT.

El segundo choque fue en las urnas: Marina Silva fue por la revancha, pero no pudo vencer a Dilma Rousseff, la candidata oficialista, en el 2010.

Ahora vuelven a enfrentarse, otra vez en un duelo electoral. La ex ministra de Medio Ambiente apuesta a que la tercera sea la vencida y le permita arrebatar a la actual presidenta el despacho principal del Palacio del Planalto.

No está dicha la última palabra, pero la sorpresa de la campaña electoral ha sido el ascenso vertiginoso de la desafiante. Dilma Rousseff descontaba que sería reelecta, hasta que su persistente contrincante empezó a subir en las encuestas.

La preocupación se instaló de lleno en el PT cuando la candidata del Partido Socialista (PS) desplazó del segundo puesto al candidato de su principal adversario, el Partido de la Social Democracia Brasilera (PSDB), cuyo referente es el ex presidente Fernando Henrique Cardoso.

Fue el momento en que Rousseff y su equipo de campaña supieron que la reelección no estaba asegurada. Las encuestas confirmaban inicialmente que, de pasar a la segunda vuelta el candidato “cardosista” Aécio Neves, el triunfo del PT estaba asegurado. Pero  si entra al ballotage la candidata socialista, la certeza de la victoria petista se desdibuja. Por eso, cuando todas las encuestas pusieron a Marina Silva en la segunda vuelta, la presidenta comprendió que esta vez la combativa ambientalista amazónica podía finalmente derrotarla.

Hace apenas pocos meses, la llegada de Silva a la presidencia era sencillamente imposible. A pesar de ser conocida y bien valorada por los brasileños, no había podido inscribir un partido propio que la postulara. La rescató del borde del camino el gobernador de Pernambuco Eduardo Campos, dándole la candidatura a vice en la fórmula que él encabezaba. Pero no había encuesta en la que superaran los diez puntos porcentuales. Un lejano tercer puesto que dejaba la contienda final en manos de Dilma y Aécio Neves.

Nada hubiera cambiado sin la tragedia en la que murió el candidato presidencial del Partido Socialista. La avioneta que lo llevaba a un acto de campaña –que cayó sobre la ciudad de Santos– detonó el “efecto luto”, esa ola de solidaridad emocional que se manifiestó en respaldo político a la pequeña agrupación socialdemócrata, en la que la candidata a vice pasaba a encabezar la fórmula presidencial.

Ese fue el primero de los tres escalones que colocaron a Marina a la cabeza de los sondeos para la segunda vuelta. El “efecto luto” la coloco al pie del segundo escalón, porque al acercarse a los candidatos principales de la contienda, comenzó a absorber el apoyo de los sectores más pobres y postergados, que ven en ella lo mismo que habían visto en Lula: el hijo de la pobreza que llega hasta lo más alto.

La identificación social que convirtió a Lula en el primer obrero metalúrgico en llegar a presidente comenzó a visualizar a Marina Silva. Entonces empezó un corrimiento desde la base trabajadora del PT hacia la primer campesina mestiza que puede ser presidenta del Brasil.

Dilma Rousseff tiene pasado combativo pero viene de la clase media, mientras que su contrincante ha sido muy pobre, analfabeta y trabajó de mucama, por lo que sus logros conmueven más, sobre todo a los sectores más débiles de la sociedad.

El corrimiento en las bases petistas llevó a Marina Silva hasta el tercer escalón de su ascenso, porque al superar en las encuestas a Aécio Neves y quedar posicionada para la segunda vuelta, empezó a absorber apoyo de muchos que estaban por votar al candidato de Cardoso, pero lo que quieren por encima de todas las cosas es que el PT pierda la elección y deje de gobernar Brasil. Y a eso no lo puede hacer Neves, sino Marina.

Parada sobre ese tercer escalón, vislumbra la victoria.

Si la morena amazónica reemplaza a Dilma Rousseff, la relación entre el Planalto y la Casa Rosada podría tensionarse un poco más. Brasil no dejaría el Mercosur para unirse a la Alianza Pacífico, pero mejoraría sus vínculos económicos con ese bloque y haría más públicas sus quejas sobre las políticas proteccionistas que el gobierno argentino aplica incluso a sus socios comerciales.

A Lula lo caracterizó la paciencia infinita que tuvo con los gobiernos más impredecibles de la región. Su sucesora fue bastante menos paciente y dejó a la vista enojos, críticas y diferencias. Pero como el partido gobernante es el mismo y para esa agrupación, el PT, la integración regional desde supuestas afinidades políticas es prioridad, los enojos de Dilma no pasaron ciertos límites.

Marina Silva insinuó en varios discursos que ella sí podría ir más allá en las diferencias con el gobierno de Cristina Kirchner. Si hay cambio de partido en el gobierno del Brasil, el gigante sudamericano podría pasar del discurso maquillador de Lula al discurso denunciador del uruguayo Pepe Mujica, a la hora de describir la verdadera situación del Mercosur, que tiene más síntomas de coma profundo que de vitalidad.

De todos modos, aún no es seguro que Dilma pierda la presidencia. El actual estancamiento económico muestra los límites del modelo neo-desarrollista brasileño y la corrupción sigue detonando escándalos en el partido gobernante, pero la sucesora de Lula ha mostrado ser una funcionaría eficaz y capacitada. En cambio Marina Silva ha dejado de ser la ambientalista políticamente virginal que mantenía su pureza. Su salto del catolicismo a una iglesia evangélica tiene gusto a oportunismo y el apoyo de muchos grandes empresarios empezó a influir en sus discursos y propuestas.

La desafiante parece estar más cerca de la meta, pero el oficialismo aún no ha jugado la carta Lula. Y si Lula entra de lleno en el tramo final de la campaña, difícilmente tenga efecto neutro.

De todos modos, en Brasil no hay un duelo electoral entre populismo y anti-populismo. Lo que hay es otro duelo, el tercero, entre dos mujeres con estatura histórica.

* Profesor y mentor de Ciencia Política,

Universidad Empresarial Siglo 21.

 

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