Radio / 22 de septiembre de 2014

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Qué par de pájaros

“El gato y el zorro”. Conducción: Rolando Hanglin. Con Mario Mactas. Fátima Slame, Silvia Freire y Jorge Dudech. AM 710, Radio 10, lunes a viernes de 16 a 16.30.

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CHISPEANTES. Hanglin y Mactas en la 10: galanes otoñales pero todavía traviesos.

★★★★★ Se aclara de entrada que es un sketch. Y que Rolando Hanglin y Mario Mactas, improvisando y sin red, ponen en escena a un par de tarambanas de ficción que, en vez de buscar el triunfo, parecen aspirar a fracasos específicos. Ambos personajes son magistrales en sus derrotas y llegan a decir que “fracasar es un destino, una marca”.

Al escucharlos se llega a la conclusión de que ellos buscan diferenciarse de los demás a través de la tontería y el descalabro y que, sentirse elegidos por “la mala suerte”, les resulta jubiloso. Estos dos comediantes manejan a la perfección la economía política de la adversidad. Y si no llegan a sentirse apenados por sus sucesivos desastres, es porque en verdad nunca creen en la posibilidad de un triunfo.

Lo que emiten al aire Hanglin y Mactas, no es la imitación burlona llamada parodia ni tampoco es comedia. Todo lo que dicen parece una pantomima, una bufonada, pero es más que eso. Lo que ellos ponen en escena son simulacros: hechos fantasiosos y especulativos que imitan o simulan eventos reales.

Y lo hacen en un tiempo en que, en nuestro país, como en casi todas partes, se recurre constantemente al simulacro maquiavélico: qué otra cosa son los números del INDEC, las promesas de campaña, los logros educativos, etc. Con esa misma simulación ellos se enorgullecen de sus “títulos académicos”.

Hanglin y Mactas, ambos de buena verba, ponen en escena a estos dos supuestos profesores que se mofan de sus alumnas y las explotan (ellas son la escritora Silvia Freire y las locutoras Fátima Slame o alternativamente Anita Gudiño). Suelen compadecerse entre ellos (“Comparado con vos soy un gusano”), hacen chistes de escuela secundaria con los nombres y, mientras tanto, las chicas gimen y se excitan. También son de cuarta categoría cuando se refieren a la sexualidad y recurren groseramente a la mención de frutas, verduras y toda clase de embutidos.

Caen también en situaciones escatológicas y, por ejemplo, se ponen a describir con detalles lo que dejan los perros cuando se alivian en las veredas (y que no son precisamente nenúfares del Nilo). Todas las tardes, además, arrojan al excusado las cartas de sus oyentes y admiradores.

Los dos disparatados señores que lideran el sketch son grandilocuentes y, cuando hablan de sus enormes estancias en Kenia, el operador Jorge Dudech los cortinea con la música del filme “África mía”. Y si cuentan cómo son sus castillos en Venecia hacen escuchar, por supuesto, algún rondó.

El tiempo en radio es largo. Y por eso, en un medio en el que hay programas que cumplen 80 años en el aire, este sketch entre Hanglin y Mactas, ya lleva 20 años de vida. Y está bien. Porque la longevidad de “El gato y el zorro” es merecida por lo graciosa: ambos personajes son como una bomba neutrónica que deja vivo el sonido de las palabras y sólo destruye lo que deberían significar.

 

 

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