Teatro / 26 de Septiembre de 2014

TEATRO

Extensa fantasía apocalíptica

“Spam” idea original, texto, interpretación y dirección general de Rafael Spregelburd. Música original: Federico Zypce. El extranjero, Valentín Gómez 3378.

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★★ En una reciente discusión entre críticos, directores y técnicos de teatro sobre la profusa e inabarcable cartelera porteña, todas las opiniones coincidían en que aproximadamente, el 75 por ciento de las obras en cartel, están condenadas a no trascender a su propia generación.
La cifra es alarmante y esta certeza viene a cuento, una vez más, luego de pasar más de dos horas sentado en una butaca viendo “Spam”, la última creación del dramaturgo, actor y director Rafael Spregelburd (1970), un texto quizás más interesante para ser leído que representado.
Como en la mayoría de sus obras, la desmesura y la cantidad de escenas, requieren la complicidad de un espectador concentrado, dispuesto a zambullirse en una catarata casi interminable de palabras e imágenes. El público fiel que abarrota la sala, acompaña, como puede, la historia de Mario Monti, un profesor napolitano experto en lenguas muertas sometido a una serie de vicisitudes prolongadas hasta el hartazgo. Para el que se anime a la experiencia, recomendamos armarse de infinita paciencia y estar muy atento a algunos momentos destacables y a otros bastante inexpugnables.
Como en “Rayuela”, la célebre novela de Julio Cortázar, el desorden cronológico alimenta una fábula multifacética, en la que durante la narración de lo acontecido en 31 extenuantes días, se mezclan, como en una coctelera sacudida por un diablillo perverso, una alumna preferida a la que no sólo lo une un vínculo amoroso sino también el posible plagio de una investigación. Aderecemos esto con las respuestas del lingüista al correo spam que recibe en su cuenta de mails. Desde el pedido de ayuda de una chica malaya en aprietos, la increíble vorágine de mafias orientales y occidentales, escritos universitarios sobre la lengua de los eblaítas de la antigua Mesopotamia, una fábrica de muñecas chinas atacada por un grupo comando, ofertas de alargamiento del pene, la huida del protagonista a la isla de Malta, donde se identifica con Caravaggio, el célebre artista barroco que estuvo exiliado allí y hasta un breve período de amnesia del que despierta vestido con un smoking de James Bond.
Por supuesto, todo lo que antecede está sazonado con cierto humor sarcástico, virado al vitriolo, propio del personaje del cómodo intelectual quejoso, lúcido e incisivo que suele afrontar Spregelburd en sus apariciones escénicas o cinematográficas.
Como en “Apátrida”, su anterior travesura teatral, está acompañado por el músico Federico Zypce, quien apela a cuanto chirimbolo puebla el atiborrado escenario, para aportar sonidos y construir climas que enhebran los distintos monólogos que integran esta extensa fantasía apocalíptica.

 

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