Costumbres / 3 de octubre de 2014

¿Con o sin barba?

Lejos de la religión y la política, son parte de la moda “hipster”, junto con los anteojos y las camisas a cuadros.

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Filósofos, intelectuales, científicos, religiosos, sindicalistas, rockeros, hippies, revolucionarios y hasta Jesús están hermanados por la barba. También los sin techo, los talibanes y los náufragos. Bien tupida o rala, fue reintroducida en el mundo occidental nuevamente por los hipsters, la tribu urbana amante de la tecnología y la cultura alternativa que aparenta no seguir ninguna moda. Según la estilista Matilda Blanco: “La barba simbolizaba seriedad y prestigio, pero hoy solo se trata de una moda pasajera que en la Argentina recién empieza”.

Sin embargo, gracias al hit de las barbas y el culto vintage renacieron las barberías más tradicionales en Buenos Aires.

Además, popularizado para solucionar la calvicie, desde hace unos años el trasplante capilar también es utilizado en cejas, pecho, bigote y barba. El crecimiento de las consultas sobre esta última es notable. Así lo explica Alejandro Chueco, director médico de Injerto Capilar y miembro de la Sociedad Internacional de Cirugía de Restauración del Cabello. En 2014, los interesados en los injertos de barba que pasaron por su consultorio aumentaron en un 40%. Chueco sostiene que cualquiera se puede trasplantar con la técnica FUE: “folicular unit extracción”, que se caracteriza por la extracción individual de cada folículo piloso sin la necesidad de seccionar una tira del cuero cabelludo. No requiere de suturas ni puntos por lo que el paciente no presenta cicatrices ni signos visibles del trasplante. Al mismo tiempo, ofrece un rápido período de postoperatorio que va desde 24 a 48 horas. El costo varía según la cantidad de pelo a trasplantar. Cada unidad folicular cuesta alrededor de 3 dólares.

Flavia Lavandeira
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