Deportes / 5 de Octubre de 2014

Bernie Ecclestone: el padrino de la Fórmula 1

Podría terminar preso por fraude. La crisis del Zar de las carreras más veloces del mundo. Quiénes son los que quieren verlo caer.

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RINGMASTER. Bernie Ecclestone, a juicio por pagar sobornos y cuestionado por las grandes escuderías.

En el ambiente de la Fórmula 1, pocos usan el nombre del británico Bernard Ecclestone para referirse a la máxima autoridad de la categoría. En el mejor de los casos es Bernie. Pero, con frecuencia, prefieren recurrir a alguno de los tres seudónimos que describen su poder: el zar, “the ringmaster” (el dueño del circo) o Mister Big.

Pero, a los 83, el padrino que controla el negocio del automovilismo deportivo desde hace tres décadas está a punto de perder su influencia e incluso corre el riesgo de terminar en la cárcel, Sin embargo, con o sin él, la F1 está obligada a cambiar para poder sobrevivir al escándalo que la salpica.

Detrás de las pasiones que desencadena en torno de las pistas o por televisión, la F1 nunca fue modelo de transparencia. El juicio por corrupción contra Ecclestone confirmó esas sospechas. La justicia alemana lo acusa de haber pagado un soborno de 44 millones de dólares al banquero Gerhard Gribkowsky para asegurarse que el banco Bayern LB vendería los derechos de la F1 a un comprador favorable a sus intereses: en el 2006, finalmente, los atribuyó por 830 millones de dólares al fondo de inversiones CVC Capital Partners, que ahora controla 42% del negocio.

La perspectiva de ver a Ecclestone entre rejas o lejos de los circuitos aterroriza al universo de la F1, una actividad que mueve 6.000 millones de dólares por año en contratos publicitarios, derechos de televisión y contribuciones por la presentación del show completo de la F1 en cada país. “Si Bernie nos abandona, esta actividad va a extinguirse progresivamente”, declaró al Daily Telegraph el austríaco Niki Lauda, triple campeón del mundo y actual dirigente y accionista de la escudería Mercedes-AMG.

Sus socios en Fórmula 1 PLC, un holding domiciliado en el paraíso fiscal de Jersey, desde el 2012 preparan la sucesión creando una compleja estructura paralela que cotiza en la bolsa de Singapur. Ese pulpo de 31 tentáculos acaba de distribuir 332 millones de dólares de dividendos correspondientes al 2013. La mayor porción de esa torta, 133 millones, le correspondió a CVC Capital Partners.

El líder. Esta es el primera vez que Ecclestone estará obligado a disminuir el ritmo que mantenía desde que incursionó por primera vez en F1. Este año, deberá pasar dos días por semana en Munich para seguir la evolución de su proceso judicial. Su ausencia no pasa inadvertida: las escuderías, los organizadores, los inversores publicitarios y hasta los pilotos están acostumbrados a su presencia obsesiva. Durante los fines de semana de competencia, instala su cuartel general en un motorhome plateado (lo llaman “El Kremlin”) desde donde controla cada detalle de la organización. Este inglés de aspecto casi inofensivo controla con idéntico celo desde los contratos de televisación hasta la ubicación de los quioscos de hot-dogs. En cada gran premio, sobrevuela los stands en helicóptero para verificar que todos los camiones estén perfectamente alineados.

Como todos los hombres poderosos que llegaron a tener un poder total sobre una industria, es un personaje enigmático: jamás habla de dinero y nunca exhibe su vida privada. “Los únicos que conocen mi patrimonio somos el inspector de impuestos y yo”, respondió a un periodista de la revista The Economist que pretendía conocer el la estructura de sus negocios. Menos cortés fue la réplica que le disparó a un reportero del diario francés Le Figaro, cuando pidió detalles sobre el presupuesto de sus sociedades: “Gastamos lo menos que podemos y nos guardamos la mayor cantidad de dinero posible”.

Enemigos al acecho. Pero si bien hay una parte del establishment de la F1 interesada en que no se aleje del circus, en ese pantano turbio hay numerosos cocodrilos que esperan el momento de abalanzarse sobre el negocio. Un rumor que circula con insistencia en los padocks afirma que el principal aspirante a la sucesión es Luca Cordero di Montezemolo, que preside Ferrari desde 1991. La escudería del cavallino rampante dio un paso decisivo para acercarse al trono de la F1 cuando logró propulsar a la presidencia de la FIA (Federación Internacional de Automovilismo) al francés Jean Todt, que dirigió Ferrari entre 2004 y 2008.

Los cocodrilos de la F1 –conocidos como los blazeratti– al parecer están sujetos a un pacto verbal que los obliga a respetar la estructura actual hasta 2020. Para disipar suspicacias, Montezemolo anticipó que “jamás aceptará el lugar de Bernie”. Pero a fines de 2013 propuso “comenzar a estudiar la sucesión” y sugirió explorar la idea de una dirección colegiada. El candidato in pettore de ese grupo es el británico Ross Brawn, que fue director técnico de Benetton, Ferrari y recientemente de Mercedes. Brawn es amigo de Todt y cuenta con el respaldo de Montezemolo y de Mercedes-AMG. Bernie, por su parte, propicia la candidatura de Peter Brabeck, ex CEO y actual presidente de Nestlé, integrante del directorio del holding Delta Topco Limited, parte de la galaxia-Ecclestone.

El clan disidente acusa al Ringmaster de haber organizado un campeonato en países sin pasión por la F1 y en circuitos sin público, una clara alusión a las pruebas en Malasia, Bahrein, China, Singapur, Rusia y Abu Dhabi, que representan un tercio de la temporada. “Estoy cansado de ir a carreras en medio de ninguna parte donde no hay gente. ¿Qué relación tenemos con el público?”, clamó Montezemolo en una rueda de prensa en Fiorano.

La nueva generación reconoce que “para el público se hace imposible seguir las carreras” por el monopolio que ejercen algunas escuderías y por las complejas reformas técnicas adoptadas en los últimos años. Eso explica, en gran medida, la pérdida de interés que registraron las transmisiones: en el último lustro el público disminuyó a un ritmo anual de 5 a 10%. La audiencia cayó de 500 a 450 millones de espectadores por competencia entre 2012 y 2013, según un estudio del diario Wall Street Journal. Ese repliegue amenaza los recursos publicitarios del negocio.

Transición en marcha. Para acelerar el proceso de cambios técnicos e institucionales, Luca di Montezemolo organizó una cumbre con Ecclestone y Todt que se realizó durante el GP de Bahrein. Los cambios probablemente no se realizarán en el curso de la temporada actual, como exige el boss de Ferrari, pero deberán ser adoptados rápidamente porque la F1 tiene una espada de Damocles sobre la cabeza: el lanzamiento de la nueva Fórmula E con bólidos de motores totalmente eléctricos capaces de desarrollar una velocidad de 250 km/hora.

El campeonato, que cuenta con el “apoyo” de la FIA, prevé diez competencias con algunas pruebas importantes en Río de Janeiro, Miami, Berlín y Londres. En la temporada participará una decena de escuderías con dos pilotos cada una. Uno de los equipos, TAMS, será dirigido por el francés Alain Prost, el ex cuádruple campeón mundial de F1; el magnate británico Sir Richard Branson financiará los bólidos Virgin; otra escudería británica será dirigida por lord Paul Drayson, ex ministro laborista de Ciencias, que corrió en Le Mans en 2009 y 2010; el actor Leonardo Di Caprio invirtió en el team monegasco Venturi; y Audi estará detrás de ABT con sus motores eléctricos.

La gran novedad de la Fórmula E es que, como los motores de 260 CV de apenas 18 kilos son totalmente eléctricos. Sin provocar el bramido de las turbinas, solo se escucha el silbido del aire contra la carrocería y el roce de los neumáticos sobre el asfalto.

En un momento de transición, la aparición de una fórmula de competición eléctrica pueda asestar un golpe mortal a la F1. El peligro acaso es ese: cuando escuche el ruido de la amenaza, a lo mejor será demasiado tarde para reaccionar.

* Corresponsal en Europa

 

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