Danza / 11 de Octubre de 2014

DANZA

Giselle, el comienzo del adiós de Paloma Herrera

Ballet en dos actos. Música: A. Adam. Coreografía: J. Perrot, J. Coralli y M. Petipa, versión L. Segni. Prim. bailarina invitada: Paloma Herrera. Ballet Estable del T. Colón. Dir.: Lidia Segni. Orq. Filarmónica de Bs. As. Dir.: E. Siffert. En el Teatro Colón.

Por

★★★★ Comenzó la cuenta regresiva para Paloma Herrera. Ya transcurrieron sus despedidas en “Don Quijote”, “Coppelia” y “El lago de los cisnes” tanto en Nueva York como alrededor del mundo, junto a la compañía que integra desde el inicio de su carrera: el American Ballet Theatre. Y ahora, en una de sus últimas actuaciones para el público de su país, se presentó en el Teatro Colón encarnando a la protagonista de “Giselle”, el paradigmático ballet del romanticismo. La obra subió a escena en reemplazo de “Romeo y Julieta”, de Kenneth MacMillan, lamentablemente levantada, según se supo, por problemas con el costo de los derechos de reposición, aunque no hubo ninguna explicación oficial del Teatro al respecto ni a la prensa ni a los abonados. Por ello, vimos a Paloma nuevamente en un rol que ya había bailado en ese escenario en 2001, en vez de descubrirla en la piel de heroína shakespeariana por primera vez en el Colón. Pero teniendo en cuenta la mitad llena del vaso, la experiencia sirvió para comprobar el crecimiento de esta importantísima artista, tan querida por su público, que elabora sus papeles en forma minuciosa, y cuyo enfoque del personaje trasunta su fuerte personalidad.

Quien esperaba ver en Herrera a una Giselle compuesta con amaneramiento e ingenuidad, seguramente se sintió sorprendido. La Giselle de Herrera es una aldeana enamorada, que cree con sinceridad en el amor de Albrecht, disfrazado de campesino. Su expresión es plena, sin dobleces, segura de sus sentimientos y los de su amado. Por eso también la obsesión de Hilarión, que la pretende, por separarla de Albrecht, no genera en la muchacha mayor zozobra. Y por eso también cuando esa confianza es traicionada por Albrecht, cae irremediablemente en la locura, desmoronado el mundo interior que la sostenía. La escena de la locura es impecablemente planteada por la bailarina: sumida en la desesperación, con la mirada perdida, en una amarga rememoración de los momentos de amor, conmueve profundamente. En el segundo acto, Paloma Herrera volvió a deslumbrar por la conjunción de liviandad, musicalidad y perfectísima técnica. Con soñados ‘pas de bourrés’ para los espectrales deslizamientos, y etéreos ‘port de bras’, fue la willi ideal.

Juan Pablo Ledo, fue un excelente partenaire, aunque demasiado fiel a sí mismo en la parte actoral. Vagram Ambartsoumian, compuso un Hilarión ideal, tanto en carácter como en la danza. En el ‘pas paysan’ del primer acto, Carla Vincelli y Maximiliano Iglesias fueron precisos, mientras que Paula Cassano como Myrtha no satisfizo técnicamente, sobre todo en el movimiento de sus brazos. El cuerpo de baile tuvo momentos logrados en el primer acto, pero distó mucho de conseguir la precisión y el efecto sobrenatural que es requerido para el segundo.

Párrafo aparte merece el mediano desempeño de la Filarmónica de Buenos Aires, a las órdenes del suizo Emmanuel Siffert. Notorias desafinaciones en las cuerdas, desprolijos ataques de los bronces y hasta algún desfase en las entradas sellaron una noche olvidable para este cuerpo orquestal que sabe dar veladas mucho mejores, en el foso y en el escenario.

 

 

Comentarios de “Giselle, el comienzo del adiós de Paloma Herrera”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *