Teatro / 11 de Octubre de 2014

TEATRO

Iván y los perros: desamparo en Moscú

De Hattie Naylor. Con Emiliano Dionisi. Dirección: Mariano Stolkiner y Gustavo García Mendy. En El extranjero, Valentín Gómez 3378.

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★★★★ Iván tiene cuatro años. Cuatro, repite por si no quedó claro, y lo ilustra con los dedos de una mano como hacen los niños. Está solo en escena, solo en el mundo. Detrás de él se proyecta la imagen de una ciudad, remota y ajena. Y el niño cuenta su historia, que tiene su origen en un hecho real. La ciudad es Moscú, con una recesión tan severa, cuenta el niño con sus propias palabras, que “los padres y las madres” comenzaron a desprenderse de todo lo que necesitaba comer y beber, y un techo para dormir. Primero fueron los perros.

El joven Emiliano Dionisi, como Iván, encarna a este niño que queda librado a su suerte bajo la nieve y sin destino. No tiene nada para comer, no tiene dónde dormir. De un modo intenso y conmovedor relata en detalle el vínculo que establece con una perra primero y luego con la jauría que lo va a proteger.

Bajo la dirección de Mariano Stolkiner y Gustavo García Mendy se genera un espacio expresivo de particular riqueza con pocos y refinados elementos. El diseño urbano que se proyecta a lo lejos, dejando a Iván en las afueras de la ciudad, se acerca por momentos lo suficiente como para recortar una habitación y mostrarlo todavía dentro de su casa. Un piano en escena acompaña la acción con breves y oportunos comentarios musicales. El niño evoca los momentos pasados, cuando todavía estaba a cargo de sus padres, y oye las voces adultas que hablan en su idioma: a pesar de la crueldad que se adivina en sus decisiones, nunca sonó más dulce la palabra en ruso.
La dramaturga inglesa Hattie Naylor escribió esta pieza en principio para la radio, en 2009, y en su versión teatral se estrenó en Londres en 2010. El hecho, como se dijo, es un caso real ocurrido en 1998, cuando se halló a un niño de seis años que había pasado los dos últimos conviviendo con una manada de perros salvajes. Ivan Mishukov fue solo uno de los miles de niños que quedaron desamparados en Moscú poco después de la caída del Muro.

La versión local fue traducida por Alejandro Tantanian. Los directores se han ocupado también de la escenografía (Stolkiner) y la música original (García Mendy). Un hecho teatral de alta calidad realizado con sólo unas voces, un piano y un actor notable.

 

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