Libros / 13 de Octubre de 2014

LIBROS

“Por senderos que la maleza oculta”

De Knut Hamsun. Nórdica, 160 págs. $ 275.

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★★★★ En el paso del siglo XIX al XX, el noruego Knut Hamsun (premio Nobel 1920) fue una influencia a nivel mundial. En 1888 publicó “Hambre”, un clásico que influyó en Kafka, en Hemingway y en Onetti. Después de la Segunda Guerra Mundial, juzgado por sus actividades políticas pro nazis, se detuvo el crecimiento constante de su fama.
En 1949, recibió la sentencia del tribunal noruego que lo juzgaba por el delito de traición a la patria. Pasó de ser el más amado de los escritores al más odiado.
En décadas posteriores resurgió en autores como Henry Miller, Bukowski o Paul Auster.

En idioma castellano, el resurgimiento tuvo que ver con traducciones directas del noruego a partir de los ‘90. Nórdica entrega ahora su último libro, relacionado directamente con el proceso que le hicieron por su supuesto nazismo y un racismo considerable contra los negros de Estados Unidos. El libro es, sin embargo, mucho más a pesar de su brevedad.

Mezcla de ficción y autobiografía, Hamsum describe y reflexiona. En aquellos años se intentó “salvar” a Hamsun como demente: muchas páginas hablan de su internación en un hospital psiquiátrico y de su enorme fastidio con el subterfugio. Un dato que aparece una y otra vez es la sordera, que establece un vínculo complejo con quienes se acercan a él; poco después tuvo un comienzo de deterioro de la vista.

Otro tema repetido es la dificultad para conseguir materiales de lectura. No son memorias solamente, sino un libro fuertemente literario, creativo, que busca en la realidad escenas o diálogos al parecer pequeños, pero significativos. Hay también comentarios veloces sobre su propia obra: “Siempre acabo por enviciarme, intento abarcar demasiado, me sobran algunas líneas y tengo que dejar otras sin usar”.

Llevado por un impulso irrefrenable, las últimas páginas vuelven atrás, en un buceo descarnado y conmovedor de los años de juventud pasados en Estados Unidos.
Habitado por la pasión de la escritura, abrumado por la vejez, lo terminó de escribir en 1948, y murió en 1952, a los 94 años.

 

 

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