Economía / 12 de noviembre de 2014

Energía en picada

Por el déficit, la caída en la producción y la ley de Hidrocarburos.

No es novedad que el sector energético argentino está atravesando serias complicaciones. Desde el 2011, el país se convirtió en importador neto de energía y su producción tanto de petróleo como de gas natural declina desde 1998 y 2004, respectivamente. Las señales asimétricas a la demanda (impulso) y a la oferta (desincentivo) generaron un importante desbalance en el sector primario. En el caso de la oferta, las señales de precios y la incertidumbre desmotivaron la financiación de inversiones de riesgo exploratorio. Por el lado de la demanda, el congelamiento de tarifas de servicios energéticos luego de la crisis del 2001 se tradujo en un fuerte incremento del consumo.

A la actual caída en la producción de gas y petróleo se le sumaron dos nuevas variables negativas: la caída en el precio internacional del petróleo y la modificación de la Ley de Hidrocarburos. La caída del precio del barril obedece a distintos factores: el aumento de la oferta de petróleo y la desaceleración de la demanda, tendencia que, en principio, no parece ser puramente coyuntural, lo que llevó al gobierno a implementar cambios en las retenciones a las exportaciones.

A mediano plazo. El segundo elemento que entra en juego es la nueva ley de Hidrobarburos que extiende el período de la concesión de explotación de yacimientos -en particular para el caso de los no convencionales-, se imponen topes a las regalías que deben pagar las empresas y fomenta la inversión en los yacimientos vía la libre disponibilidad de las divisas de exportación, entre otras modificaciones. Estos nuevos elementos vuelven a poner sobre el tapete la problemática que atraviesa el sector energético argentino y la necesidad de implementar una política energética integral consensuada que perdure al menos  durante el mandato del próximo presidente electo. Desde la nacionalización de YPF, en abril de 2012, se han aplicado ciertas medidas para revertir la pérdida del autoabastecimiento, tales como la creación de la Comisión Nacional de Hidrocarburos, la mejora en el precio en boca de pozo para los productores de gas, la quita de subsidios al consumo residencial de gas, entre otras. Es que la crisis energética generó desequilibrios en el resto de la economía. El deterioro fiscal obedeció a los crecientes subsidios que el Tesoro destinó al sector energético producto del congelamiento de tarifas. Por otro parte, la caída en la producción incrementó las importaciones y se pasó de un superávit de US$ 5.600 millones en el 2005 a un déficit de US$ 5.700 millones el año pasado.

Pese a los esfuerzos por revertir el deterioro energético, la tendencia declinante en la producción de petróleo y gas persistió. En 2013 tanto la producción de petróleo como de gas se contrajeron (-2% y -5,5% respectivamente) y este año la situación es similar: en los primeros ocho meses del año la oferta se contrajo 1,5% y 0,6% respectivamente. El resultado: el déficit energético es la gran cuenta pendiente, junto con el déficit fiscal que alimenta.

 

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