Teatro / 14 de Noviembre de 2014

Vigencia y esplendor del galán latino

“Mundo Amado. Acuérdate… de Agustín Lara”, por el grupo Los Amados. Dirección: Alejandro Viola. Sala Siranush, Armenia 1373.

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★★★★ Con un sombrero de poderosas dimensiones, un impermeable decididamente dorado y anteojos de sol espejados hace su entrada en escena Alejandro Viola como “el Chino Amado”, líder de este grupo que lleva 25 años cultivando boleros y otros géneros tropicales con un humor refinado y sorprendente. Todo en él es rutilante y su gesto es sensual. Primero se quita el sombrero para descubrir un jopo colosal, casi una marca registrada que, junto con su mirada predadora, lo define como el epítome del galán latino. Luego se quita el impermeable con provocadora lentitud para revelar un traje poblado de monos sobre un fondo selvático, con botones en forma de corazón.

El espectáculo está dedicado al poeta y compositor mexicano Agustín Lara, autor de temas como María Bonita, Solamente una vez y Noche de ronda, canciones que llevamos grabadas en la memoria romántica más profunda, o tal vez en corrientes sentimentales que navegan muy despiertas a flor de piel. Preside el espectáculo una gigantografía del homenajeado en respetuoso blanco y negro, y los músicos se presentan como mariachis. Salvo uno que está vestido de marinero. Cada nombre es un texto en sí mismo. Mambo Méndez, el cubano (Rubén Rodríguez) canta y toca varios instrumentos rítmicos; Cristino Alberó (!), de Guyana (Oscar Durán), interpreta toda clase de guitarras y guitarrones. Perú (Wilson Ortiz), toca el bajo y Pocholo Santamaría, el marinerito de El Salvador (Fernando Costa) se ocupa de la batería y la percusión.

La deslumbrante Dolores Ocampo es Soberbia, la cantante invitada: con su voz privilegiada y singular belleza, Soberbia rompe corazones a su paso y eventualmente arrasa en Broadway. Aroma, la pianista (Carolina Alberdi), participa de la fiesta sin entregar nunca una sonrisa; más tarde va a tocar el acordeón siempre con la cartera colgada del brazo. Dos “mellizas” de Chile (Selva Rodríguez y Lila Feinsilber) eligen para sí nada menos que la trompeta y el trombón.

Las luces fueron diseñadas por Ariel del Mastro con su habitual maestría, y el vestuario, de Manuela Gonzáles, está lleno de detalles regocijantes: rojas bolitas navideñas en el traje blanco del Chino, tocados coronados de cactus para las mellizas, maracas gigantes allá atrás en los momentos más animados: en varios planos de profundidad asoma discretamente un toque de humor para quien quiera ver.

La música, el esplendor y la gracia de la puesta, que se ríe pero no se burla, genera una forma infrecuente de alegría en el público, que sale a bailar con ganas y disfruta de un espectáculo perfecto.

 

 

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