Teatro / 18 de noviembre de 2014

La eterna rivalidad

“Terrenal. Pequeño misterio ácrata”, escrita y dirigida por Mauricio Kartun. Con: Claudio Da Passano, Claudio Martínez Bel y Claudio Rissi. T. Del Pueblo, Av. Roque Sáenz Peña 943.

Por

★★★1/2 Los hermanos Caín (Claudio Martínez Bel)y Abel (Claudio Da Passano), moradores de un terreno imaginario, escondido entre las raídas bambalinas de un decorado con aires de viejo circo de pueblo, esperan, desde hace años, el regreso del pródigo Tatita (Claudio Rissi), único ser que, con su autoridad, puede traer calma a la ríspida relación que los une.

La aparición del progenitor se hace desear (demasiado, por cierto) y los muchachos pasan el tiempo dialogando de manera disparatada, en base a frases carentes de artículos. Una media hora larga de conversación chispeante pero redundante en la información que aporta sobre la psicología de cada uno.

Desde el comienzo se diseñan dos caracteres tan antagónicos como previsibles en estos personajes que evocan la ingenua comicidad de los payasos maquillados en estilo expresionista: Caín es más astuto y está aferrado al trabajo, la propiedad y las reglas del mercantilismo. Tiene un capital acumulado, cultiva morrones, crea su propio sistema para clasificar las diferentes variedades y, como es fácil anticipar, eligió el sector “derecho” de su edén. Obviamente Abel, en cambio, se instaló en la fracción “izquierda” de esa tierra olvidada y sobrevive a los ponchazos. Alimenta escarabajos para que se reproduzcan y generen larvas que vende a los pescadores. Tiene un andar soñoliento y admira a la naturaleza donde, según su creencia, anida la verdadera riqueza. Cuando Tatita emerge del fondo oscuro del escenario, precedido por el retumbar de un trueno de utilería, justo en el clímax de la pelea fratricida, resulta el momento más memorable y logrado de la propuesta.

El dramaturgo Mauricio Kartun (1946) demuestra, una vez más, un agudo oído para el habla coloquial. No es osado afirmar que el lenguaje es el verdadero protagonista de esta aventura que abreva en los míticos personajes bíblicos, para narrar, dentro del contexto bonaerense de la década del `50, una historia, la de la eterna rivalidad, cuyo final conocemos de antemano. Por esta razón, su nueva obra no posee la misma teatralidad o estatura de otras piezas suyas, como “Rápido nocturno” o “La madonnita”, ni en las acciones ni en la puesta.

De todos modos, los intérpretes revitalizan el texto y sacan partido a la parodia y las metáforas de esta especie de radioteatro campero y anarquista, que incluye percusión ejecutada en vivo por ellos mismos. Da Passano evoca la máscara melancólica de Buster Keaton y Martínez Bel insiste en su conocida gestualidad mefistofélica. Rissi, por su parte, logra una composición extraordinaria y admirable; le basta una mirada para expresarlo todo. Sin duda, esta labor lo ubica, definitivamente, en el rango de los grandes actores de su generación.

 

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