Teatro / 12 de diciembre de 2014

TEATRO

El país de las sonrisas

El balance de la temporada porteña 2014 refleja un fenómeno que no deja de causar asombro: la profunda necesidad de reírse que tiene el público, incluso, ante situaciones dramáticas.

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El título de esta reseña alude a la célebre opereta de Franz Lehár y calza como un guante a la hora de confeccionar el balance de la inabarcable y heterogénea cartelera porteña. Una tendencia es bien clara; la gente necesita distraerse, la risa es una panacea, o un placebo, según el cristal con que se mire. Incluso ante algunas escenas espinosas, asociadas a lo trágico e inesperado o hasta a la violencia, este cronista pudo presenciar cómo la carcajada surgía espontánea entre los espectadores, tal vez como reacción nerviosa por lo que no es fácil de digerir o la abrumadora realidad circundante, no solo local, tambien mundial.
En apretada síntesis, se consignan algunos de los hechos más destacados del año. Apuestas dramáticas, osadas y bien logradas del ámbito estatal, resultaron “El luto le sienta a Electra” (CTBA) y “La muerte y la doncella” en el Cervantes. También se rescató el clásico nacional “Así es la vida”, en inmejorable versión.
El abundante y rico teatro alternativo revalidó sus quilates con grandes actuaciones: José María López y Santiago Caamaño (“El cuidador”, bajo la firme batuta de Alezzo), Osmar Núñez y Walter Bruno (“El ángel de la culpa”, certera conducción de Dora Milea), Irina Alonso (“24hs viraje”, con imaginativa guía de Francisco Civit), Sergio Surraco (“Amarillo”), Lucila Gandolfo (“La ogresa de Barracas”), Emiliano Dionisi (“Iván y los perros”), Pablo Finamore (“El salvaje”), Nelson Rueda (“La bestia rubia”), Paula Kohan (“Almas ardientes”), Claudio Rissi (“Terrenal”), Dora Mils (“Madre sin pañuelo”), Antonio Leiva (“El huérfano feliz”) y Pablo Razuk (“El padre Carlos”), entre otras tan comprometidas e intensas. Sin olvidar las creativas puestas de Juan Parodi (“Mau Mau o la tercera parte de la noche”), Mariana Chaud (“En la huerta”) y Guillermo Hermida (“El público me adora”).
Además, la audacia encontró muy buen cauce: Hugo Urquijo reivindicó la poesía en “Con un tigre en la boca”; Pablo Caramelo les dio teatralidad a los discursos pronunciados ante la muerte de Perón en “La vida compartida”; las dramaturgas santafesinas Sandra Franzen y Patricia Suárez rescataron el tradicional melodrama campero en “El corazón del incauto”, pero con un novedoso y actual giro argumental. Todas con excelentes textos, elenco y dirección.
En el género musical se destacaron “Priscilla, la reina del desierto” (deslumbrante producción, con un estupendo Pepe Cibrián Campoy), “Company” (sensible protagónico de Alejandro Paker) y “Boyscout” del talentoso Dennis Smith.
Entre las visitas foráneas, fascinaron “Rinoceronte” de Ionesco en versión del Théâtre de la Ville parisino, “S” de la Compañía australiana Circa, “Corteo” del Cirque du Soleil canadiense y “The old woman” del norteamericano Bob Wilson, con Mikhail Baryshnikov y Willem Dafoe.
Sobre el final, se impone mencionar la intensa actividad del Centro Cultural General San Martín y sus espacios dependientes (25 de Mayo, Polo Circo y la Usina del Arte) mas la continuidad de los ciclos del Cervantes Federal (Plan Federal de Coproducciones, giras, etc.), ya que es el único teatro oficial que apuesta a difundir propuestas propias y provinciales en todo el país.

 

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