Mundo / 15 de Diciembre de 2014

El contagio de la brutalidad

Por qué en Australia y qué significado adquiere, en el contexto mundial actual, lo ocurrido en Sidney.

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Era imposible saber si el hombre que apresó decenas de rehenes en un bar de Sidney estaba o no vinculado al ISIS. No obstante, estuvo claro desde el primer momento que la milicia sanguinaria que controla un vasto territorio entre Irak y Siria puede ser la inspiradora del asalto perpetrado en solitario en la ciudad más grande Australia.

Por un lado, porque Australia es uno de los principales aportantes de efectivos a la coalición que combate al ISIS. Y por otro, porque la ostentación de crueldad que implican las decapitaciones filmadas, le sirvió para reclutar miles de jihadistas sedientos de sangre, que convergieron en Oriente Medio desde distintos puntos del planeta para sumarse al ejército del califa Al Bagdadí. Por lo tanto, si exhibir un acto sanguinario atrajo lunáticos a sus filas, es posible que esas prácticas atroces también despierten y activen instintos brutales en otras partes del mundo.

Si el ISIS no sólo atrae lunáticos a su “califato”, sino que también genera un efecto contagio de la brutalidad más allá del Oriente Medio, la consecuencia será similar a la provocada en la década pasada por los atentados ultra-islamistas en Estados Unidos y Europa: la expansión de un miedo que se volvió fobia y generó desconfianza y marginación contra las comunidades musulmanas.

El aislamiento de esas comunidades en las democracias es el caldo de cultivo del resentimiento donde fermenta el jihadismo.

Ese es el círculo vicioso que aún no saben cómo desactivar las sociedades democráticas y los regímenes seculares del mundo musulmán.

 

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