Ciencia / 15 de Diciembre de 2014

Falsos profetas

Junto con el interés por el conocimiento del cerebro y el avance de la neurociencia llegaron las falsas promesas.

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Hace cinco años, quienes hablaban de neurociencias eran apenas un puñado de especialistas. Sobran los dedos de una mano para mencionar los medios de comunicación que publicaban artículos referidos al cerebro desde el punto de vista científico, y me enorgullece decir que NOTICIAS estaba entre ellos.

Pero en el 2014 ocurrió el estallido: el mundo local se vio de pronto inmerso en una suerte de neurouniverso propagandísticamente neuronal. La comunicación devino en neurocomunicación, y la felicidad, en un Santo Grial acariciable con solo ir a una charla de “neurociencias aplicadas al buen vivir”. La conquista del consumidor ahora responde a técnicas de neuromarketing, y aprender a hablar en público, un arte inspirado en “herramientas neurocerebrales”.

El cerebro, antes arrinconado al oscuro lugar de caja cerrada enfrentada al noble corazón, tiene  dietas especiales, sustancias de venta libre que prometen potenciarlo, y hasta una gimnasia para mantenerlo “elástico”. Muy poco de todo esto es real, y una vez más debemos estar alertas para no seguir falsos mesías.Detrás del justificado fortalecimiento de las neurociencias se agazapan  oportunismos que se cuelgan del manto científico para venderse.

Si las tendencias new age más rancias se nutrieron de la física cuántica para adornar de seriedad sus discursos huecos, hoy se abrazan a las neurociencias. Una apuesta riesgosa, si el cerebro deviene en un objeto de consumo sin vida, al que se puede entrenar, alimentar, recrear, con unas pocas fórmulas de manual.

Neurociencia y cerebro populares, sí. Pero, en lo posible, de voceros confiables, con información seria y sustentada. Al fin y al cabo, en nuestro cerebro estamos nosotros mismos.

En NOTICIAS de esta semana “EL PERSONAJE DEL AÑO: por qué el cerebro está de moda”. Un texto agudo, profundo y sencillo del principal neurocientista del país, Facundo Manes.

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