Opinión / 4 de Enero de 2015

La lucha por una caja vacía

A partir del 10 de diciembre de 2015, el próximo presidente se encontrará con un panorama complicado.

Sergio Massa, Mauricio Macri y la gente de UNEN coinciden en que el próximo gobierno heredará un desaguisado económico fenomenal, ya que antes de irse, Cristina se las habrá arreglado para vaciar la caja. Es más que probable que Daniel Scioli piense lo mismo, aunque por razones comprensibles el aspirante a recibir la bendición de la señora ha preferido no decirlo en público. Sería de suponer, pues, que los presidenciables estarían preparándose anímicamente para enfrentar una emergencia casi tan grave como la que siguió al colapso de la convertibilidad.
¿Lo están? Claro que no. Por entender que sería suicida hablar de cosas tan feas como un ajuste, todos se han esforzado por brindar la impresión de que los problemas nacionales tienen más que ver con el inverosímil relato kirchnerista que con la realidad concreta, que en el fondo las mentiras del INDEC importan más que la suba constante del costo de vida, que la recesión se debió exclusivamente a los errores perpetrados por “Chiquito” Kicillof, que, si bien hubo una década desperdiciada, pronto habrá otra igualmente generosa que un gobierno menos excéntrico que el actual estaría en condiciones de aprovechar.
Es como si los presidenciables confiaran en que, sin Cristina en la Casa Rosada, la Argentina no tardaría un solo minuto en transformarse en el niño mimado de todos los inversores del planeta. Sucede que, con la ayuda de un pequeño ejército de gurúes nacionales e internacionales, hace un par de años se convencieron de que en Vaca Muerta encontrarían la solución para cualquier problema económico o social que podría surgir, ya que el yacimiento contenía bastante petróleo como para hacer de la Patagonia una nueva Arabia Saudita.
Por desgracia, sólo se trataba de un espejismo que se esfumó al decidir los sauditas que les convendría permitir caer el precio del crudo, en parte para disuadir a los norteamericanos a continuar aumentando su propia producción con métodos “no convencionales” –o sea, con el fracking– y también porque les permitiría asestar un golpe demoledor contra sus enemigos en Irán, Rusia y Venezuela. No les resultó difícil. Cuando dijeron que el asunto quedaría en manos del mercado, este reaccionó dejando caer el precio a la mitad.

En el corto plazo, la Argentina importadora figurará entre los beneficiados por el desplome vertiginoso del valor de un barril de petróleo, el que a mediados del año que acaba de terminar se acercaba a los 120 dólares blue pero que en la actualidad se aproxima a los 60. En el mediano plazo, sin embargo, se hallará entre las víctimas principales, ya que hasta que aumente mucho el precio del “oro negro”, Vaca Muerta no será más que una formación geológica interesante. Lo entiende muy bien el hombre a cargo de YPF, Miguel Galuccio; la semana pasada advirtió que “se nos viene una tormenta de afuera y la vamos a tener que capear”.
A los tres centristas pragmáticos que desde hace meses lideran la carrera presidencial, les costará adaptarse a las nuevas circunstancias. Esperaban que el país, luego de una etapa relativamente breve de penurias atribuibles a la beligerancia antibuitre de Cristina y la ineptitud politizada de su favorito, Axel Kicillof, podría reintegrarse casi instantáneamente al sistema internacional en condiciones privilegiadas.
Mientras duró, era un lindo sueño, pero tal y como están las cosas, se ven frente a la probabilidad de que estemos al comienzo de un período prolongado de estanflación agravada por la escasez extrema de recursos financieros. ¿Estarán dispuestos los presidenciables a correr el riesgo de indignar al electorado hablándole de la necesidad ingrata de soportar meses, tal vez años, de austeridad como la sufrida últimamente por los griegos, españoles, portugueses e italianos? ¿O preferirán dar a entender que no hay por qué preocuparse, que todo seguirá más o menos igual?
Mal que le pese, el sucesor de Cristina se verá ante un panorama similar al enfrentado por Fernando de la Rúa cuando, con el precio de la soja por el suelo sin que hubiera señales de que estaba por levantarse, no tenía más alternativa que la de procurar manejar una realidad decididamente antipática. Desde el punto de vista del ocupante de la Casa Rosada y sus anexos, gobernar con la ayuda de un viento de cola muy fuerte es relativamente fácil, puesto que la mayoría le perdonará virtualmente cualquier barbaridad, pero no lo es en absoluto hacerlo en una coyuntura menos favorable en la que abundan los proclives a imputar todo lo malo a las deficiencias personales del mandatario de turno.
Sea como fuere, por lo pronto los precandidatos están más interesados en las vicisitudes de la competencia electoral en que están participando que en lo que tendrían que hacer en el caso de que se alzaran con el premio. Con espíritu más deportivo que estratégico, están maniobrando con el propósito de conseguir el respaldo de distintos sectores sin preocuparse demasiado por los, para ellos, insignificantes detalles ideológicos. Cada uno quiere dotarse de una imagen ganadora, por entender que aquí, como en otros países supuestamente más sofisticados, la mayoría propenderá a votar por el candidato que le parezca destinado a triunfar.

Para que haya más confusión, la carrera presidencial está celebrándose en una pista envuelta en neblina. Algunos encuestadores dicen que Massa se ha distanciado un poco de sus rivales, otros afirman que Scioli ha mantenido la delantera, y los hay que aseguran que Macri está pisándoles los talones y podría estar por superarlos. ¿Habrá un tapado que, para desconcierto de los ya acostumbrados a creer que uno de los tres llegará primero, logre salir de la bruma de UNEN para cambiar todo? Los centroizquierdistas esperan que sí, pero no hay indicios de que uno de los cuatro o cinco pre-precandidatos de la agrupación esté por destacarse de sus congéneres quisquillosos. Acaso sea mejor así: los tiempos que se aproximan no serán aptos para un gobierno más o menos socialdemócrata.
Además de confiar en que, merced a Vaca Muerta, la Argentina podría saltar por encima de las imponentes barreras económicas que obstaculizan el camino hacia un futuro mejor, la mayoría se aferra a la esperanza de que no suceda nada que la prive de la estabilidad política. Hasta los críticos más feroces de la gestión kirchnerista juran querer que termine el 10 de diciembre, ni un día antes ni, es innecesario decirlo, uno después. No es que todos entiendan que hay que respetar el calendario constitucional pase lo que pasare, sino que a juicio de la oposición los kirchneristas, encabezados por Cristina, deberían pagar todos los costos políticos e ideológicos del desastre económico que han confeccionado.
De modificarse repentinamente el statu quo, no sería a causa de una conspiración destituyente urdida por los “poderes concentrados” y sus aliados. Sería de resultas de un acontecimiento imprevisto que obligara a los dirigentes políticos a barajar y dar de nuevo. Es lo que sucedería si por algún motivo Cristina se viera incapaz de seguir protagonizando el gran drama nacional, dejando a Amado Boudou en un papel que no estaría en condiciones de desempeñar.

La salud de Cristina es frágil; la fractura de un tobillo que la ha puesto en una silla de ruedas es sólo el más reciente de una serie de percances que la han afectado. Con toda seguridad, el que otra vez haya tenido que guardar reposo ha incidido en su estado de ánimo y por lo tanto influirá en su forma de hacer frente al acoso judicial del que se cree víctima.
Desgraciadamente para la Presidenta, y para muchos otros integrantes del Gobierno, son cada vez más los fiscales y jueces que quieren investigar la llamada “ruta del dinero K” que, muchos creen, abrió Néstor Kirchner para que llegaran a las bóvedas de la familia presidencial los millones de dólares, euros y así por el estilo cobrados por personajes como Lázaro Báez a cambio de los contratos lucrativos que funcionarios kirchneristas les otorgarían.
Aun cuando los políticos opositores quisieran demorar las investigaciones para que culminaran en lo que para ellos sería el momento oportuno, no les sería dado frenar la ofensiva judicial. Es tradicional que “los tiempos de la Justicia” sean muchísimo más lentos que los de la política, pero se han acelerado tanto en los meses últimos que han comenzado a asustar hasta a los habituados a reclamar la puesta en marcha inmediata de un operativo manos limpias criollo. De más está decir que a Cristina no le haría ninguna gracia que un juez se atreviera a citar a declarar a Máximo o Florencia por su eventual papel en los negocios de sus progenitores.
En otros países democráticos, a nadie se le hubiera ocurrido vincular algunos cambios en la cúpula de los servicios de inteligencia con los problemas legales de ciertos integrantes del gobierno nacional, pero no bien decidió Cristina reemplazar a los antiguos jefes del SI (ex SIDE), con hombres que en su opinión le serían más leales, entre ellos el jefe del Ejército, el teniente general César Milani, virtualmente todos lo achacaron a su deseo de defenderse de sus enemigos judiciales. Parecería que el consenso es que, si bien la Argentina aún es una democracia, es una sui generis en la que el espionaje militarizado sirve para mantener a los poderosos fuera de los alcances de la ley.

 

14 comentarios de “La lucha por una caja vacía”

  1. La lucha por una caja vacía
    A partir del 10 de diciembre de 2015, el próximo presidente se encontrará con un panorama complicado.

    La justicia se debe poner los pantalones largos de una buena vez y debe:
    1) Embargar todos los bienes y dinero malhabido en todos estos años kirchneristas de todos los funcionarios de los gobiernos, nacional, provinciales y municipales que han robado a cuatro manos todo lo que nos falta a los argentinos, ya sea en salud, educación justicia, seguridad, jubilaciones, y ni que hablar de la pobreza, la desnutrición y todo lo malo que no deja este gobierno.
    Embarguemos todo lo que se han robado y nos alcanzará no sólo para todo lo anterior sino para pagar toda la deuda externa.

    ¡¡¡¡Qué país tendríamos!!!!

  2. Perfil.com :
    ¿ sabría Heraldo si las ramitas de laurel se susurraban unas a otras :
    c/u sabrá cómo identificarse.
    ………………………………………………. ?

  3. Todo bien Edu, aunque no coincido con el fundamentalismo neoliberal de Nielson y el kirchnerismo hizo mejoras mientras los apellidos Baez, Lopez, Ciccone , Cirigliano, etc no se aclaren Cristina tiene la misma estatura moral que Menem

  4. CON LEY DE FERTILIZACIÓN ASISTIDA, CON COMPU PARA LOS CHICOS DE LAS ESCUELAS PUBLICAS, CON MALAS RELACIONES CON LAS CONSULTORAS DE RIESGO, CON LOS YANQUIS, Y LOS DEMAS PODEROSOS DE LA ARGENTINA Y CON UN PROGRAMA OFICIALISTA QUE NADIE MIRA QUE SE LLAMA 678
    BUSCO GORILA 2015 QUE DESTRUYA ESTO…Y RESTABLEZCA EL ORDEN PERDIDO

  5. CON CONTROL DEL TIPO DE CAMBIO, CON MÁS PROPIETARIOS DE SUS CASAS, SIN HIPOTECAS QUE EJECUTEN LOS BANCOS, CON LA SOC. RURAL CALIENTE, CON CLARIN Y LOS DEMAS OLIGOPOLIOS MEDIATICOS EN CONTRA, CON ALEGRIA Y FELICIDAD EN LA GENTE
    BUSCO GORILA 2015 QUE DESTRUYA ESTO

  6. CON 30 LUCAS DE RESERVAS, CON LABURO, PARITARIAS, JUBILACIONES PARA TODOS, CON VENCIMIENTOS DE DEUDA BAJOS PARA LA HISTORIA ARGENTINA, CON MAS DERECHOS, CON MÁS GENOCIDAS PRESOS, CON LEY DE MEDIOS, NUEVOS CODIGOS, CON MILANESAS PARA TODOS Y FUTBOL TAMBIEN DESPUES SIGO
    BUSCO GORILA 2015 QUE DESTRUYA ESTO

    1. es muy poco desde el punto de vista de los resultados…que nos importa de las peleas mediaticas y retoricas del gobierno con quien fuera!las jubilaciones son irrisorias,2 mil pesos son una verguenza,las hipotecas no son un problema porque no hay credito hipotecario..etc

    2. es cierto.las milanesas para todos,el fobal,laburo(?)jubilaciones de 2 lucas,etc,etc se cambio la historia del Pais…que pataso sos,imberbe…

    3. Resulta cuando menos inquietante esa combinación del fracaso de las políticas públicas y el éxito privado de los dirigentes, los funcionarios y sus socios. dice:

      El kirchnerismo ha fracasado. Es suficiente con observar: la pobreza, los malos resultados de la educación; las infraestructuras, inútiles, arruinadas e incapaces de prestar los servicios que se esperan de ellas; la producción, concentrada fundamentalmente en industrias extractivas y en manufacturas ineficientes y subsidiadas por el Estado o por los consumidores.

      Resulta cuando menos inquietante esa combinación del fracaso de las políticas públicas y el éxito privado de los dirigentes, los funcionarios y sus socios. Especialmente inquietante, dado que esa combinación ha sido convalidada por la sociedad en elecciones democráticas. Inquietante porque, más allá también de la cuota que los clientes electorales del Gobierno le aportan, lo cierto es que a una parte significativa de la sociedad esa convivencia entre el fracaso de lo público y el éxito privado de los funcionarios no parece provocarle rechazo para votar, una y otra vez, a los responsables de los fracasos colectivos.

      Un gobierno incapaz de evitar que los trenes choquen, que los barrios se inunden.

      Para muchos, la incompetencia y la corrupción marcan la gestión kirchnerista, pero ésos no son sus rasgos distintivos. No es más incompetente, por caso, de cuanto lo fue el gobierno de la Alianza, y la corrupción fue, la marca particular del menemismo. Lo que parece caracterizar al gobierno actual, lo que parece introducir una diferencia, es la mentira. El kirchnerismo ha hecho de la mentira un arte: miente las biografías de sus líderes, miente las estadísticas públicas, miente en sus intenciones y en sus hechos, en las obras inexistentes que inaugura dos veces, en las cifras que dan cuenta de la pobreza y en el costo que tiene alimentarse siendo pobre. El kirchnerismo, principalmente, miente.

      Cuando el discurso del Gobierno se construye con una sucesión de mentiras, lo importante no es que intenta engañar respecto de cada una de las cosas que tergiversa, sino que intenta engañar respecto de las intenciones de lo que hace. Su mirada no está para nada dirigida a los hechos, no le importa si las cosas que dice describen la realidad correctamente.

      ¿Por qué, entonces, un gobierno con semejante discurso persuade a tanta gente para que lo vote? En tiempos en que las pertenencias partidarias y las identidades ideológicas son frágiles, y en que las personas actúan cada vez más COMO CONSUMIDORES Y MENOS COMO CIUDADANOS; en tiempos en los que el abismo entre la riqueza privada y la pobreza de los bienes públicos no deja de aumentar, en los que el voto se decide, mayoritariamente, por la coyuntura de la economía, el simulacro sirve al poder como un almacén de coartadas al que sus votantes acuden para elegir los argumentos que justifican su elección.

      Infinito repertorio de frases hechas y lugares comunes, clasificados en grandes estanterías bajo nombres que resultan pomposos porque han perdido su sentido -inclusión social, soberanía, poderes fácticos, modelo, matriz productiva diversificada, derechos humanos, democratización de la palabra, derechos de las minorías, democratización de la Justicia, el simulacro con el que el Gobierno ha sustituido lo real permite disfrutar de los beneficios inmediatos del presente sin por ello sentir traicionados los principios.

      El simulacro produce votos para el Gobierno, al mismo tiempo que crea una zona de confort para sus votantes. Las responsabilidades colectivas se desvanecen en la autocomplacencia. El simulacro kirchnerista es adecuado para una sociedad que vive el presente sin querer enterarse de que lo hace CONSUMIENDO FUTURO. Así, el simulacro pretende instalar un presente perpetuo, un presente que cancela toda promesa de porvenir. Continuar viviendo bajo el simulacro es condenarse a no tener futuro.

      La sociedad argentina, en su mayoría es voluble, nacionalista, estatista, prebendaria. Ha apoyado toda la vida sistemas políticos nefastos. El kirchnerismo es un fenómeno reaccionario para el cual el futuro se piensa con las categorías del pasado: como un tiempo de redención que marcará el fin de la época “oscura” nacida con el surgimiento de la democracia liberal, y, peor aún, de las ideas republicanas.

      Inventó enemigos nuevos y defendió sus pretensiones de burguesía feudal otorgando un espacio secundario a viejas izquierdas fracasadas que salieron a defender la corrupción como si fuera el germen de una revolución justiciera.

      Es un gobierno que toma del peronismo sus peores momentos de confrontación, y cuestiona al Perón que vuelve con un mensaje pacificador. Asumen el lugar de los imberbes que Perón echó de la plaza y convocan a los marxistas trasnochados, fracasados en el mundo, como defensores de una causa cuya única virtud es que les asigna un lugar en el Gobierno que jamás hubieran alcanzado a través de un proceso electoral.

      El oficialismo es la expresión de la burocracia contra los ciudadanos, los funcionarios del Estado se imaginan los dueños y señores del destino colectivo. Esa idea siempre terminó en fracaso.

      La burocracia se apropia de los dineros que el Estado tendría que usar para ayudar a los pobres y termina manteniendo a un montón de “vivos” que dicen ocuparse de los pobres cuando solo se dedican a parasitarles los escasos recursos que les pertenecen.

      El populismo es impune, porque su promesa no puede nunca ser medida contra las evidencias de la realidad: las aguas en las que se hunde el futuro de ciudadanos que están más allá de toda esperanza no tienen la capacidad de ahogar el discurso vacío que produce el poder.

      Con la sociedad irracional que votó al kirchnerismo reaccionario no se puede negociar, se le debe oponer el gran rechazo. Mientras la mentira y el engaño pretenden triunfar en todas partes y a nuestro alrededor muchos entran alegremente en la corriente de la supuesta gran aceptación de un Estado populista que expresa la ‘sincronización del mal’ del ‘vamos por todo’. Un gobierno incapaz de evitar que los trenes choquen, que los barrios se inunden, pero los K inundados de guita mal ganada.

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