Deportes / 8 de enero de 2015

CAMINO A RÍO

El japonés volador

¿Quién es Kohei Uchimura? Según especialistas, es el gimnasta más grande de todos los tiempos y favorito en los Juegos del 2016.

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El cuerpo flota en el aire, perfectamente vertical, pies en puntas, músculos estirados. Luego, las manos se sueltan y, con movimientos precisos y simétricos, vuela (leyó bien: vuela), girando sobre sí mismo una, dos, tres veces. Se posa en el tatami, los dos pies bien firmes en el piso. La barra fija es solo una de las seis modalidades del más encantador, armónico y perfeccionista de todos los deportes olímpicos: la gimnasia artística. Y el japonés Kohei Uchimura es genial en todas ellas. A los 25 años, Uchimura ya tiene títulos suficientes para ser considerado como el gimnasta más extraordinario de todos los tiempos. En el Mundial de China, en septiembre, conquistó su quinta medalla de oro en la categoría individual masculina. Y, aunque el equipo de Japón ni siquiera está definido, ya es el favorito absoluto de las Olimpíadas de Río de Janeiro, en 2016. “Los atletas dicen que querían haber nacido en otra época, porque nadie tiene condiciones de vencerlo. Cuando él compite, la disputa de los otros es por el segundo lugar en adelante”, destaca Andrea João, experta de la Federación Internacional de Gimnasia.
¿Cuál es el secreto de semejante genialidad? Uchimura describe su método con simplicidad. “Siempre imagino cada movimiento como una obra de arte y sigo repitiendo la coreografía en mi mente”, explica. Pero hay más. Una de las diferencias del atleta japonés es la increíble fuerza física, visible en los músculos de los brazos que soportan el peso del cuerpo mientras realiza piruetas precisas con la fluidez de un bailarín. El talento extraordinario también se manifiesta en la coordinación motora, en la postura –ningún dedo está fuera de lugar– y en el equilibrio: al final de un salto mortal, cae firme en el tatami, sin aquel segundo de inestabilidad de la mayoría de los atletas. Para los desentendidos, es en ese momento perfecto que se supera. Sin embargo, para los entendidos, la genialidad está en los detalles que sólo ellos perciben.
Deditos. Un estudio realizado recientemente en Japón comparó en una computadora la trayectoria de los dedos de Uchimura y del gimnasta rumano Flavius Koczi en el triple giro y constató que el japonés los mantiene rectos y perpendiculares al suelo, mientras que el rumano tiende a inclinarlos ligeramente en dirección al tatami. Resultado: Uchimura aterriza con los dos pies tocando el suelo al mismo tiempo; Koczi los alterna, y demora más para logar el equilibrio. Otra característica comprobada en ese estudio es su capacidad de girar alrededor de sí mismo en una velocidad extremadamente rápida, permitiéndole salir del movimiento con tiempo –milésimas de segundo– suficiente para preparar el cuerpo y calcular exactamente el punto de aterrizaje.
Con respecto a la perfección técnica, el gimnasta tiene una gracia que provoca asombro incluso siendo un deporte en que la armonía es una regla. “Mi objetivo es presentarme sin errores y con belleza”, sintetiza.
Uchimura nació en Nagasaki, en una familia de gimnastas. Sus padres competían y abrieron un gimnasio en el edificio donde vivían, donde él y su hermana (que también es atleta) entrenaron desde los tres años. A los seis participó de la primera competencia y fue el último clasificado. Cuenta la leyenda que, por eso, su padre-entrenador le dio una cachetada en público. A los quince se mudó a Tokio, donde entrena desde entonces. “Tuve suerte de tener un buen gimnasio desde chico”, afirma. Terminado el Mundial de este año, Uchimura pudo dar una pausa en la habitual rutina militar de entrenamiento: practica “sólo” dos veces por día y dedica los martes y los domingos a su mujer (gimnasta, claro) y a su hijita de un año. Acostumbra dibujar en una notebook los movimientos que va a realizar: “Como buen japonés, adoro la tecnología”. En su país, es prácticamente un artista pop: da autógrafos, hace campañas publicitarias, y al ser registrado comiendo una galletita antes de la competencia, provocó un aluvión de ventas.
Único. Gimnastas del nivel de Kohei Uchimura –a propósito, su nombre significa “alto vuelo”, casi como un guiño del destino– aparecen raras veces. En términos técnicos, quien más se le aproxima es la inigualable rumana Nadia Comaneci, actualmente radicada en los Estados Unidos. En 1976, en las Olimpíadas de Montreal, Nadia, a los 14 años, conquistó el hasta entonces inalcanzable “10 perfecto”, el puntaje máximo en la competencia individual femenina. En Londres, en el 2012, cuando el puntaje ya se había eliminado (hoy la puntuación es abierta), Uchimura obtuvo 92,690 puntos; el segundo puesto fue para el alemán Marcel Nguyen, que clasificó con 91,031, una diferencia abismal en el mundo de la gimnasia artística. Los rusos Alexander Tkachev, en 1981, y Dimitri Bilozerchev, en 1987, también alcanzaron niveles legendarios.
Inventada en Grecia y por mucho tiempo relacionada con las prácticas circenses (cuerdas, malabares, piruetas), la gimnasia deportiva tal como se practica hoy en día sólo comenzó a desarrollarse en 1881, en Alemania, y fue territorio exclusivamente masculino hasta 1920. Japón siempre ha tenido una fuerte tradición en el deporte, que forma parte de la educación física en todas las escuelas, con centros de entrenamiento bien equipados, técnicos calificados y una avanzada investigación científica. En una de ellas, en curso, neurocientíficos analizaron detalladamente el cerebro de Uchimura en busca de explicaciones para su excepcional talento. Una de las hipótesis es que tenga la corteza cerebral más desarrollada en el área motriz.
Tímido y reacio a las multitudes fuera del gimnasio, sereno, elegante e impecable dentro del mismo, pretende continuar siendo campeón por mucho tiempo. Quiere competir en los Juegos Olímpicos de Tokio, en el 2020. Para ese entonces tendrá 31 años, edad impensada para su especialidad.
Sin embargo, de quien tiene vuelo hasta en el nombre, se puede esperar casi cualquier cosa.

 

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