Ciencia, Sitios Externos / 3 de Febrero de 2015

COMPORTAMIENTO

Efectos vacacionales

El descanso anual mejora la salud física y emocional. El pico de relax es a los 23 días. ¿Es mejor que las minivacaciones?

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Que en junio de 1936 cuando el gobierno del Frente Popular de León Blum firmó acuerdos que establecieron la jornada laboral de 40 horas y las primeras vacaciones pagadas, dos semanas que vieron a cientos de miles de personas ir al mar, a la campiña, adonde fuera, para respirar sin laborar. La Segunda Guerra Mundial suspendió todo, hasta que, ya finalizada, el derecho al descanso remunerado se fue extendiendo país tras país.
Ahora bien, independientemente del derecho al descanso desde un punto de vista legal y desde la justicia más estricta, ¿es necesario tomarse vacaciones? ¿Cuánto nos beneficia? ¿Cuánto tiempo toma que sus buenos efectos empiecen a notarse? ¿Es mejor vacacionar mucho tiempo de corrido o pocos días y frecuentemente? ¿Qué le pasa al cuerpo cuando está descansando, después de jornadas intensas de trabajo?
Lo primero que saben los científicos es que trabajar constantemente provoca un estrés crónico que daña al sistema inmune, al endocrino, al cardiovascular, que afecta al sueño y que puede inducir a tomar mayores cantidades de alcohol.
La recuperación de estos daños se van dando de a poco. Así es como los especialistas reconocen que hay algo denominado “microrecuperación”, que ocurre durante los primeros minutos apenas termina un trabajo. La “mesorecuperación” se da entre los diez minutos y la hora de la finalización, y a ella le sigue una “metarecuperación” que se extiende hasta los dos días posteriores a dejar el trabajo. Por fin, se alcanza una “macrorecuperación” cuando el descanso se extiende por más de 48 horas.
Todas estas etapas fueron medidas por investigadores de diversos lugares del mundo a lo largo de 77 trabajos que tomaron en cuenta los niveles de tres hormonas fuertemente vinculadas con el estrés: la adrenalina, la noradrenalina y el cortisol, tanto al realizar tareas mentales como físicas y también una combinación de ambos tipos de actividades.
Las bondades de la macrorecuperación se da por dos vías: por la desconexión con el trabajo y también por el hecho de llevar a cabo actividades que a la persona le proporcionan placer.
Pensar en nada. A decir verdad, ya en la Edad Media hubo descansos de ciertos sectores sociales que podrían considerarse vacaciones. Los primeros en otorgarse a sí mismos parates pagos fueron los jueces, porque “en verano había poca actividad”. Luego se sumaron miembros del clero, y como tenían a su cargo las tareas de docencia, son los que llevaron a que existieran las vacaciones estivales entre los escolares.
El receso veraniego era una costumbre de la aristocracia francesa que, a partir del siglo XVIII, solían irse a la campaña. Lo que sucedió a mediados del siglo pasado, entonces, fue la masificación del fenómeno, cuando las vacaciones pagas se convirtieron en un derecho de todo trabajador asalariado.
Aunque parezca mentira, los estudios sobre los efectos que tienen las vacaciones sobre la salud no son ni muchos ni muy profundos. Aunque los hay. Una revisión de varias investigaciones, hecha por Jessica de Bloom, investigadora de psicología de la salud de la Universidad de Radboud en Holanda, muestra que las vacaciones tienen un efecto positivo muy fuerte sobre el cansancio, aunque el efecto sobre la salud en general es pequeño y se desvanece pronto: entre los 12 días y el mes post-vacaciones ya son capaces de borrar cualquier beneficio obtenido por un descanso anual de entre 10 a 14 días de verano.
Como hay muy pocos estudios en este campo, no se sabe si la duración de las vacaciones puede tener un impacto diferente en la duración del bienestar obtenido. Tampoco se sabe si el lugar -un hotel, una casa o una carpa- o la forma en que se viaja -auto, micro, tren o avión- pueden tener un efecto distinto en la salud.
Lo que sí han demostrado los estudios es que cualquier descanso de la rutina de la vida diaria, por pequeño que sea, puede ofrecer beneficios importantes, en particular sobre el estado emocional del individuo.
“Las vacaciones es una oportunidad de recuperación más importante que las tardes libres y que los fines de semana –explica de Bloom- por dos mecanismos subyacentes. El primero refleja la liberación directa de las demandas laborales diarias: las vacaciones son un período largo de descanso que pasa en un ambiente diferente al cotidiano y más relajado, que puede ayudar a los trabajadores a despegarse psicológicamente del trabajo y de las otras demandas que tienen en su rutina diaria. Pero también hay un segundo mecanismo activo de recuperación, que está dado por la oportunidad de pasar tiempo haciendo actividades no laborales que uno mismo elige, que no son impuestas”.
Pierre Delbarre, del Cochin Park Royal Hospital de París, se dedicó a investigar si las vacaciones breves también son beneficiosas para la salud. Y asegura que “imperativos biológicos’ exigen que las personas tomen dos o tres períodos de vacaciones de entre ocho y diez días por año.
En los últimos años se ha hecho posible estimar la velocidad con que alguien se relaja al finalizar su día de trabajo, mediante la medición de la tasa de disminución de los niveles de las hormonas del stress.
A algunas personas se las considera de ‘lenta disminución de adrenalina’ porque les resulta difícil ‘desenchufarse’ y reducir sus niveles de sangre de esta hormona, clave en el estrés. Otros tienen la capacidad de cambiar rápidamente de un estado de gran excitación a uno de relajación mental y física. Estas personas que logran una ‘disminución rápida de epinefrina’ son las que logran reducir en gran medida su carga diaria de stress.
Pruebas realizadas en un grupo de obreros industriales revelaron que la velocidad con que se logra la relajación aumentaba durante un tiempo después de que los miembros del grupo habían estado de vacaciones.
Desapegarse. En otra investigación, la misma Bloom (esta vez con otros colaboradores) asegura que estar físicamente lejos del trabajo es importante. Esto podría explicar el hecho de que los viajes, aun cuando estén relacionados con el trabajo, reducen el riesgo de “burn out” y por qué hacer algún tipo de tarea voluntaria, incluso estando en periodo vacacional, no reduce los beneficios del descanso anual. Los beneficios del descanso aumentan si incluye ejercicio físico, se reducen cuando hay algún disgusto y en el caso de que apenas uno llega de vuelta a las tareas, el trabajo es muy abundante.
Un estudio que Jessica Bloom llevó a cabo en el 2013 y que fue publicado en el Diario de Estudios sobre la Felicidad, los expertos comprobaron que desconectarse en verano lleva al menos 23 días en promedio, y que “desintoxicarse” del trabajo consume al menos la primera semana de las vacaciones. Pero alargar el período de descanso mucho más allá de los 30 días no parece incrementar los beneficios.
Un grupo de neurocientíficos ingleses se dedicó a analizar qué sucede con las minivacaciones, por ejemplo, de Semana Santa. Concluyen que las personas muy autocríticas no logran desconectarse en tan poco tiempo, y que en lugar de descansar pasan su tiempo rumiando sobre el trabajo y preocupándose por lo que no están haciendo en lugar de distraerse. En el caso de esas personalidades, la etapa de la macrorecuperación falla.
Desde un punto de vista opuesto, la neurocientífica Amanda Gilbert, de la Universidad de California (San Francisco, Estados Unidos) comparó los resultados de las vacaciones anuales con espadas periódicas para, por ejemplo, practicar meditación.
“Hallamos que los efectos positivos se incrementaron y que los efectos negativos se redujeron desde el primer día y hasta el final de la minivacación. Todos aquellos que practicaron meditación informaron tener un mayor control sobre sus tendencias rumiativas”, dicen los investigaciones. Y concluyen: “Estos hallazgos sugieren que hay beneficios de los minidescansos y retiros por sobre las vacaciones, en cuanto a promover una respuesta más resiliente ante los estresores diarios laborales”.

Seguí a Andrea en Twitter: @andrea_gentil

 

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