Salud, Sitios Externos / 8 de Febrero de 2015

DESHIDRATACIÓN

Somos lo que tomamos

La falta de ingesta adecuada de líquidos genera deterioros en la performance cognitiva.

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Con cada nueva ola de calor veraniega se multiplican las advertencias para que chicos y ancianos tomen abundante agua y se protejan del sol. Sin embargo, esos consejos no dan cuenta de que la deshidratación también afecta, a veces en formas insospechadas, a todas las personas, incluyendo adolescentes y adultos jóvenes, aun en plena forma física.
“En verano hay un aumento de la sudoración y ésta es una de las maneras en que se pierde agua. También hay otras formas de pérdida, como las que ocurren a través del sistema gastrointestinal, por la respiración y –por supuesto- la orina. Lo que ocurre es que las altas temperaturas provocan mayor transpiración y entonces nos acordamos más del tema”, le explicó a NOTICIAS la licenciada Silvia Jereb, miembro de la comisión directiva de la Asociación Argentina de Nutricionistas (AADYND).
“Diversos estudios científicos han demostrado que un nivel de deshidratación de alrededor del 2% de pérdida de la masa corporal de la persona, ya puede generar un impacto en su capacidad cognitiva”, dice Jereb.
Según la experta, eso significa que –aunque todavía el cuerpo no sienta sed- los procesos cognitivos relacionados con el percibir, el pensar y el recordar pueden estar siendo afectados por una incipiente deshidratación. “Además, hay investigaciones que demuestran que esta situación, incluso siendo leve, afecta muy especialmente el estado de ánimo y las emociones en las mujeres”, agregó la nutricionista Romina Sayar, Vicepresidenta de AADYND.
Tests cognitivos. Algunos de los trabajos más recientes sobre el tema fueron hechos por Lawrence Armstrong, profesor de Fisiología en la Universidad de Connecticut, EE.UU.
Armstrong y su equipo le pidieron a 50 voluntarios -hombres y mujeres de entre 20 y 23 años, perfectamente hidratados- que completaran una batería de test cognitivos estándar, utilizados para medir la capacidad de concentración, el estado de atención mental, los tiempos de reacción y de aprendizaje, la performance en memorización y la velocidad de razonamiento.
Luego, un mes más tarde, esos mismos individuos completaron nuevamente los test, pero lo hicieron tras haber realizado abundante ejercicio físico, en un ambiente cálido y estando con un grado de deshidratación calificado como “suave” (Mild).
Los resultados comparados obtenidos por el grupo femenino se publicaron en la revista científica “The Journal of Nutrition” y allí se detalló que la deshidratación se asoció con una disminución en su capacidad de alerta, niveles de energía y concentración. Y también reportaron tener más fatiga, confusión, dificultades para completar una tarea y una duplicación en la frecuencia de dolores de cabeza.
Las participantes “deshidratadas” también dijeron haber percibido que ahora los test eran “más difíciles”, aunque la mayor parte de sus habilidades no sufrió variaciones. En el caso de los varones, cuyos resultados se publicaron en el British Journal of Nutrition, la falta de líquido adecuado en el metabolismo se relacionó con una reducción en la capacidad de alerta y de la memoria a corto plazo y un aumento en la fatiga y la tensión.
Otro estudio analizó en detalle lo que genera un estado de deshidratación leve sobre el estado de ánimo femenino. Se hizo con veinte mujeres de 25 años en promedio, a las que se sometieron a dos baterías de test.
En la primera, se las hizo llegar a un nivel de deshidratación leve mediante la falta de ingesta de agua. Luego se repitieron los ensayos, al final del día, tras haber bebido 2 litros de agua.
“Los resultados mostraron que la deshidratación leve produjo un efecto significativo en el estado anímico de las voluntarias, afectando diversos parámetros según las horas que pasaban sin beber”, contó Jereb. Llegando al mediodía revelaron una mayor tensión y somnolencia. Luego, sensaciones de fatiga y confusión y una menor capacidad de atención y energía. Cerca de las 16:00 manifestaron estar más sensibles y menos tranquilas. A partir de las 18:00, se les permitió rehidratarse sin límite y -tras evaluarlas nuevamente- la conclusión fue que casi todos los efectos negativos se habían revertido, aunque seguían sintiéndose cansadas y eventualmente inquietas.
Uno de los co-autores de estudio, Harris Lieberman resumió los hallazgos: “Comprobamos que en ciertos contextos climáticos, un nivel ‘suave’ de deshidratación –que puede ser simplemente alcanzado tras la realización de actividades comunes- puede afectar el estado de ánimo, especialmente entre las mujeres, ya que parecen ser más sensibles que los varones a una disminución en el equilibro del líquido corporal”.
Hidratarse. Estar correctamente hidratado parecería algo simple. Y de hecho lo es, aunque con algunas consideraciones. Dado que el calor nos hace proclives a “tomar una cervecita” o disfrutar de un vaso de “gaseosa bien fría” ¿no serían esas dos buenas opciones para sumar líquidos?
“No es así”, responde Jereb. “El alto porcentaje de azúcares que contienen muchas bebidas que consumimos (gaseosas y jugos) y en el caso de las bebidas alcohólicas el aporte de calorías ‘vacías’ -que no suman otros nutrientes- impactan en forma negativa en el total de calorías diarias ingeridas”. En otras palabras, tomar una cerveza podrá sumar algo a la hidratación, pero es una manera directa de ingerir más calorías que las deseadas.
Según detalló Sayar, “apenas el 20% de la ingesta de agua proviene de los alimentos que consumimos y el 80% es de los líquidos. Por eso es clave cada día que una mujer adulta tome al menos 1.6 litros de agua y -si es un varón- 2 litros. Además las embarazadas y deben llegar a 1.8 litros diarios y, durante la etapa de lactancia, 2,2 litros por día”.
Finalmente ambas expertas advierten que “estas recomendaciones pueden elevarse durante el verano, cuando se transpira más”.
Es que, según Jereb, si la persona no tiene su función renal alterada, no hay límite máximo de consumo de agua. “Por ejemplo, la European Food Safety Authority no ha establecido límites máximos de tolerancia, debido a que cualquier individuo sano tiene capacidad para excretar lo que no necesita”. Claramente en el acto de tomar agua, es mejor pecar por exceso que por defecto.

 

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