Personajes, Sitios Externos / 11 de febrero de 2015

Candelaria y Herman Zapp: “Somos águilas criadas como gallinas”

Una familia que lleva 15 años recorriendo el mundo en un auto del siglo pasado. Educación a distancia, sustento económico, miedos y sueños. Fotos

Es mediodía, y frente a la plaza Serrano Herman Zapp dice: “Tengo unas ganas de comer milanesas. ¡Vamos!”. Camina sin saber hacia dónde, pero sí sabe lo que quiere. Junto con Candelaria, su mujer, seguimos al improvisado guía. “A ver, por acá, vamos una cuadra más”. Encontramos un restaurante. “¡Hola! Queremos comer ricas milanesas, ¿nos traerías dos, lo más porteñas que puedas?”, le pide Herman al mozo. Mientras, está atento al llamado de unos brasileños a quienes tiene que darles una mano para que puedan sacar el auto del puerto de Zárate. Todo es un círculo, explicará luego. Los Zapp llevan 15 años viajando por el mundo, en un auto de 1928 y con sus cuatro hijos –Pampa (12), Tehue (9), Paloma (7) y Wallaby (5)–. Si no hubieran encontrado ayuda desinteresada, jamás habrían contabilizado los más de 250.000 kilómetros y los 55 países que llevan recorridos por América, Oceanía, Asia y ahora por África. En Buenos Aires desde hace dos meses, regresarán a Kenia, donde quedó el Graham-Paige ‘28 al que bautizaron “Macondo”. ¿Por dónde empezar con una pareja que novió desde los 14, se casó diez años después, acondicionó un auto digno de museo, colgó su vida habitual para emprender un largo viaje de aventura y se dio cuenta de que el sueño era seguir… a donde los llevaran las ganas?
Noticias: ¿Por dónde empezamos? Son inabarcables.
Herman Zapp: ¡Y solo porque un día nos animamos!
Antes de la aventura, Herman había montado su propia empresa de cableado de fibra óptica y Candelaria trabajaba con su padre. Se habían prometido salir a la ruta y llegar a Alaska en seis meses. “Tomamos la decisión porque queríamos tener hijos y pensábamos que con ellos no íbamos a poder viajar”, resume Candelaria. En enero del 2000 cerraron su casa y se subieron al auto antiguo acondicionado. Llevaban cuatro mil dólares en la guantera. Pero a los cuatro meses, y cuando aún estaban en Perú, se quedaron secos.
Herman: Fue cuando todo mejoró y empezó el verdadero viaje, más improvisado. Porque al quedarnos sin dinero, nos dimos cuenta de que podíamos generarlo. Le dije a Cande: “¿Por qué no pintás? Vos pintaste esos cerámicos tan lindos en la cocina de casa. Pintá en papel, yo lo enmarco y los vendo”. Y se puso a pintar pajaritos. ¡Los primeros parecían que habían sido atacados por gatos! Eran invendibles.
Candelaria Zapp: (afirma con la cabeza riéndose) ¡Después mejoré! También hacía bijouterie. Y descubrí que lo artesanal realmente me fascina.
Noticias: ¿Generó conflictos el haber sacado mal las cuentas del viaje?
Herman: ¡Claro! Empezamos con frases como: “con esa plata podríamos haber terminado la casa” o “tenían razón con que no íbamos a llegar a ningún lado”. Pero para volver teníamos que ganar dinero, vimos que lo podíamos hacer, y dijimos: “¿Por qué no lo usamos para seguir?”. Y se abrió un mundo. La gente me pide recomendaciones para viajar eternamente. La pregunta es qué te gusta hacer, con eso te va a ir bárbaro. Yo me dediqué a escribir nuestro libro “Atrapa tu sueño”, donde contamos este largo viaje. Ya va por su décima edición.
¿Qué es lo que realmente se necesita para vivir? Ellos encontraron respuesta gracias a los indios uros, una comunidad aborigen que vive en una isla flotante hecha con juncos sobre el lago Titicaca. Los Zapp vieron que dentro de esas casas, también de juncos, había comida, herramientas, una colchoneta enrollada y nada más. “¿Dónde está el resto?”, preguntaron. “Si tenés mucho, te hundís”, fue la respuesta. “Nos enseñaron que nuestras necesidades pasan por lo material, pero eso te hunde. Lo que te eleva no es algo que se pueda guardar en algún lugar, es lo que podés meter en el corazón”, resume Herman. El camino tiene grandes desafíos, pero los Zapp aprendieron que es mejor un mal día viviendo el sueño propio, que un buen día de una vida donde el motor es la rutina y no el deseo.
Noticias: ¡Qué plasticidad mental tienen que tener!
Herman: Se te va abriendo la cabeza. No éramos así, yo era tímido, desconfiado, creía que era todo por dinero. Ahora voy por la vida más abierto y con más fe. Aunque no estoy inmune al miedo.
Los temores aparecieron fuertes cuando, a los dos años de viaje y en Guatemala, Candelaria supo que estaba embarazada. “Nos agarró pánico. Pensábamos que iba a ser imposible viajar con un niño. Así que planificamos todo nuestro viaje, cosa de llegar a Alaska y tener al bebé”, relata ella. Pero el niño llegó en Carolina del Norte, Estados Unidos, por parto natural y de nalgas. Los Zapp habían conseguido asistencia médica antes del alumbramiento: una nota en una revista dominical logró que les llovieran ofrecimientos de médicos, parteras y de familias que les regalaban cochecitos, ropa y más de lo que necesitaban. Finalmente, tocaron su meta de Alaska con Pampa en brazos. Entonces, el horizonte del sueño volvió a correrse: decidieron ir desde Ushuaia a La Quiaca. En medio del trayecto, en Capilla del Señor, nació Tehue. Con algunas modificaciones, los Zapp lograron que Macondo fuera creciendo y adaptándose a la multiplicación familiar. Para darles a sus hijos un sentido de pertenencia en medio del constante movimiento, usaron una carpa redonda, tipo mosquitera: cuando les daban la leche y los acostaban adentro, los chicos sabían que había llegado la hora de dormir, más allá del lugar donde estuvieran.
A esta altura, tenían la convicción de que viajar con chicos no solo era posible sino más disfrutable y fueron por la tercera gran aventura: atravesar los Estados Unidos-Canadá. El tercer embarazo se desarrolló mientras cruzaban el territorio canadiense. Paloma dio su primer grito en Vancouver. De allí, partieron a Oceanía y Wallaby asomó su cabeza en Australia. Los Zapp bromean con que, dado las nacionalidades múltiples de sus ocupantes, el auto es una sede de la ONU. También es el imán que atrae las miradas y genera un guiño cómplice superando las barreras idiomáticas y culturales.
Ya siendo una familia de seis, recorrieron Asia durante dos años: estuvieron en la Gran Muralla China, convivieron con monjes tibetanos y vieron de cerca el Everest, entre centenares de experiencias intensas.
Herman: ¡Imaginate a los seis caminando por las calles de Corea! Todos se daban vuelta para mirarnos porque allá las parejas con suerte tienen un hijo. Un médico nos invitó a su departamento, supermoderno. No había camas. Los chicos felices de dormir tirados en el piso y con almohadas rellenas como de piedritas (risas).
Candelaria: El viaje es un ejercicio constante de desapego a lo material. Los chicos saben que si entra un juguete, tiene que salir otro del auto, entonces ¿cuál es el juguete que no usan y que puede aprovechar otro chico? Igual con la ropa. En África compramos todo en mercados, se vende todo usado.
Noticias: Desde mayo del 2013 recorren África, ¿cuánto se quedarán?
Herman: No más de un año. África es increíble. Vivimos en casas zulúes, en hoteles de todas las estrellas, en campos, con animales salvajes y safaris. Ahora bajar al desierto va a ser arduo.
Noticias: Si no tuvieran hijos, ¿harían distintas cosas?
Herman: Creo que hacemos más por los chicos. Por ejemplo, estuvimos un mes en un lugar bellísimo en Mozambique, frente al mar, en una península que había que esperar a que baje la marea para entrar, todo era arena, sin caminos. Cuando la marea bajaba, muchas semillas de manglares venían a la playa. Nos la pasamos plantando semillas, metidos en el barro podrido (risas).
Candelaria: Prestamos mucha atención a que los chicos estén motivados y que no se aburran. Siempre tratamos de que todos estemos contentos, de que no sea una cosa nuestra a la que estén obligados por ser nuestros hijos.
Noticias: ¿Alguno puso alguna resistencia o cuestionamiento?
Candelaria: No, todavía no.
Herman: Pero cuando venimos acá, se quieren quedar un mes más. Claro, son las vacaciones ideales, hacemos muchas fiestas en casa y reuniones familiares.
Noticias: ¿Qué otras sincronías les han sucedido en viaje?
Herman: Son diarias y no nos dejan de sorprender. Una chica nos había hospedado un mes en Cape Town, Ciudad del Cabo. Cuando estábamos yendo a la isla de Zanzíbar, en Tanzania, la invitamos a venir a un camping. Después nos enteramos de que en Tanzania no existen los campings, íbamos a tener que ir a un hotel y no sabíamos cómo pagarlo. Camino al aeropuerto, había muchísimo tráfico y una señora en un taxi nos preguntó a dónde íbamos y cuando le dijimos que a Zanzíbar, nos dijo que tenía una casa ahí, que la podíamos usar.
Candelaria: ¡Todo sin bajar del auto! Estuvimos en una casa frente al mar, con pileta, empleada, seguridad… Increíble.
Noticias: ¿Cómo devuelven ese gesto?
Herman: Es un círculo. Ahora despedimos a un yanqui que estuvo en casa dos noches y vamos a buscar a unos brasileños, tengo que ayudarlos a sacar su auto del puerto de Zárate.
Candelaria: También es increíble cómo, al estar de paso, la gente se abre y nos cuenta sus miedos, sus sueños, sus problemas.
Noticias: Ustedes son el ejemplo vivo de la tan famosa consigna de “salir de la zona de confort”.
Candelaria: Y nos encanta el confort, pero sabemos que podemos vivir sin él. Me gusta más viajar, realizar mi sueño.
Herman: La vida no está del lado del confort sino de la aventura.
Noticias: ¿Cómo se mantienen hoy económicamente?
Herman: Organizamos charlas.
Candelaria: Ahora vamos nada más que con el libro. Dejé de pintar cuando tuve tres hijos y dos empezaron el colegio, con plan de educación a distancia del Ministerio de Educación. Les doy clases cuatro o seis horas por día.
Herman: Además, ellos experimentan el mundo, cómo son los países, las sociedades y las religiones.
Noticias: Hay una foto con los chicos a metros de dos elefantes…
Herman: ¡Sí! Es un peligro total, ¿no? Eran elefantes entrenados, igual es un riesgo. Pero siempre hay un riesgo. El gusto no está en cuidarse para que no pase nada.
Noticias: Cuando vuelven a su casa, ¿se aburren?
Herman: No, no nos queda ni tiempo.
Candelaria: A mí me cuesta. Me la paso ordenando. En el auto es esto va acá y esto allá. Aquí los chicos van al colegio y hay que adaptarse a la rutina. Tomaron clases durante noviembre y diciembre, siempre el mismo colegio, que funciona con el sistema de educación a distancia. Les encanta.
Herman: Son chicos que buscan amigos en cada lugar. Algunos dicen: “Pobre, están fuera de la sociedad”. Noooo, están mucho más insertos.
Noticias: Ustedes van generando vínculos fuertes, ¿cómo logran hacerlo con culturas tan diversas?
Candelaria: Es el estar fuera de tu entorno y el tener la necesidad del cariño. A veces conozco a alguien y sé que, si viviéramos ahí, sería mi mejor amiga pero me tengo que ir. Eso es lo más triste.
Noticias: ¿Cómo definirían el ser viajero?
Herman: Todos lo somos porque estamos de paso, nadie vino para quedarse. Que uno elija ser una ardillita, juntar su bellota y guardarla para el invierno, es un estilo de vida que hay que respetar. Otro quiere ser golondrina y estar una temporada allá y otra acá, es otra maravilla. Muchos somos águilas pero nos criaron como gallinas y no nos damos cuenta de que podemos volar. Tenemos que probar si podemos, y si no llegás a volar te podés lastimar, pero lo intentaste. El triunfo es haberlo intentado.
Candelaria: La intención del libro es despertar a más águilas.
Noticias: En medio de tanta diversidad, ¿cuál es el denominador común del ser humano?
Herman: El amor. La gente te recibe en su casa, te da la llave y te dice que al día siguiente se va a trabajar. Eso es puro amor.
Muy pocas veces duermen en un hotel. Aunque el auto está preparado para que pasen noches allí, si el lugar está poblado seguramente terminan en una casa de familia. “Nos acercamos, le contamos qué hacemos y la gente se abre. Si no saben inglés, les hacemos señas. En la isla de Saba, en Indonesia, un señor nos hizo señas para que fuéramos a su casa. Tenía internet y fue fabuloso, porque nos entendimos ¡escribiendo las frases en el Google Translate! (risas). No estamos dando la vuelta al mundo porque seamos personas impresionantes, sino por la cantidad de gente impresionante que encontramos en el camino”, asegura Herman.
Planean terminar su recorrida mundial en Europa, en dos o tres años. Para entonces, el hijo mayor tendrá cerca de 15 años y prefieren que viva su adolescencia rodeado de amigos estables. Tienen la intención de radicarse en Salta, albergar viajeros y escribir más libros. Igual, con los Zapp nunca se sabe. Ellos van olfateando el camino y siguiendo a su hambre.

 

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