Sitios Externos, Teatro / 13 de febrero de 2015

TEATRO

Testimonio nostálgico

“Así es la vida” de Malfatti y De las Llanderas. Con Roberto Carnaghi, Rita Terranova y elenco. Dirección: S. Doria. Cervantes, Libertad 815.

Por

COSAS DE FAMILIA. Los actores se lucen en este clásico dirigido por Santiago Doria.

★★★ Si un clásico es aquel que, a través del tiempo, siempre dice algo nuevo a cada generación, semejante calificación no corresponde a la arqueológica pieza de Malfati y De las Llanderas.
El argumento, archiconocido, aborda tres períodos de una típica familia porteña, desde 1906 hasta 1934, en una casa solariega con patio y varios cuartos a su alrededor. A través de ese lapso acontecen los cambios de mentalidad y de costumbres. Sin embargo, omnipresente e inmutable, hay un elemento simbólico: la mesa del comedor que, según emigren los hijos, regresen con nietos, fallezcan miembros, aparezcan amigos y parientes, se achicará o agrandará, sucesivamente, para contener los platos de copiosa comida.
Desde nuestro presente, estamos ante un apunte costumbrista con cierta calidez otoñal o, si se quiere, un testimonio nostálgico que sirve como referente de una época que, por suerte, jamás volverá. Por ejemplo, basta observar el patético destino que debe sobrellevar el personaje de Felicia (Malena Solda), sometida a la autoridad afectiva de sus padres (Roberto Carnaghi y Rita Terranova), quienes guiados por prejuicios, recelos y convenciones de antaño, la confinan a la soltería al oponerse al casamiento con Carlos (Mariano Mazzei), el hombre que ama, por ser socialista. Cuando la nieta Tota (Paloma Contreras), un cuarto de siglo después, alentada por la tía y su propio carácter emancipado, se revele al mismo mandato, nos encontramos con la clave de toda la acción. En este sentido, cabe celebrar los cambios que modificaron la estructura familiar de otrora y el actual horizonte, tan diferente y variable.
Estéticamente, la puesta de Doria (excelentes vestuario y escenografía) opta por el camino fácil y seguro de lo ilustrativo, reforzado con imágenes de la época proyectadas en los cambios de actos, y se cuida de ahondar en las raíces del egoísmo y el prejuicio que los autores dejaron entrever. Finalmente, da un rotundo viraje al humor simplón y hasta caricaturesco.
En cuanto a las actuaciones, desprovistas de una dirección que armonice los estilos y acciones, resulta muy notoria la distancia entre las diferentes generaciones que agrupan el numeroso elenco. Gracias al oficio reluce el carisma de Carnaghi y Terranova, Mario Alarcón, Salo Pasik y el dúo de compadritos de Néstor Sánchez y Alfredo Castellani. También por méritos propios, son efectivos los jóvenes Contreras, Mazzei y Mininno; en contrapartida, lamentablemente, la composición de Solda naufraga sin remedio.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *