Cultura, Sitios Externos / 16 de febrero de 2015

LIBROS DIGITALES

El “streaming” para lectores

Tras los pasos de Netflix y Spotify, nuevas plataformas proponen el consumo de textos online, por descarga continua. Costos y servicios en la Argentina.

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La venta por suscripción de música, cine y series ilimitadas online es una tendencia que fue creciendo exponencialmente en los últimos años de la mano de empresas como Netflix o Spotify. Hoy el universo de los libros busca sumarse a esta tendencia, a paso lento, con un sistema que todavía está sujeto a prueba y error.
Las primeras empresas que incursionaron en el “streaming” (tal el nombre del sistema también llamado de “descarga continua”) de libros fueron las españolas Nubico y 24symbols, que comenzaron a ofrecer pequeños catálogos mediante suscripción mensual con tarjeta de crédito. En los Estados Unidos, surgieron Oyster, Librify y, muy recientemente, la multinacional Amazon, aunque más focalizadas en un público de habla inglesa. Alemania también tiene su intento nacional con Skoobe, con títulos disponibles sólo en alemán.
El único servicio al que se puede acceder en Argentina es el que ofrece 24symbols, disponible en el país desde hace un año y medio “Actualmente tenemos 600.000 suscriptores registrados y contamos con un catálogo aproximado de 200.000 e-books a partir de convenios que firmamos con más de 400 editoriales, aunque esas cifras se van modificando constantemente”, enumera el relacionista público de la empresa, Germán Echeverría. El servicio cuesta $ 110, pero puede variar por la cotización del euro, que es la moneda con la que opera la casa matriz.
Casi todas las suscripciones rondan entre los 8 y 9 euros en Europa, y 9 y 11 dólares en Estados Unidos. Amazon es la que más títulos ofrece, aunque sólo está disponible en España y Norteamérica. Con su aplicación Kindle Unlimited se tiene acceso a más de 700.000 títulos en ocho idiomas por 9,99 dólares mensuales y se pueden descargar hasta 10 libros en simultáneo en distintos dispositivos móviles con acceso a internet. No se sabe cuántos usuarios tiene la empresa actualmente, pero corre con la ventaja de que es una marca fuertemente asentada en el mercado global.
Fundada en 1994 por Jeff Betanzos, surgió como “Cadabra”, una librería online que empezó con una oferta de de 200.000 títulos y tres años más tarde ya cotizaba en bolsa bajo la nomenclatura AMZN. Hoy, rebautizada Amazon, es la empresa de venta minorista más grande del mundo en comercio electrónico. Además de libros, ofrece productos varios como dvds, software, videojuegos, ropa, electrónica, muebles, comida y hasta tiene una marca propia, “Amazon Elements”, disponible desde diciembre. Si bien, el servicio de “book streaming” funciona sólo en dos países, la multinacional tiene presencia en más de 190, lo que le facilita la inserción del negocio entre su clientela.
Para la presidente de CADRA (Centro de Administración de Derechos Reprográficos de Argentina), Ana María Cabanellas, en los últimos años los editores más importantes ven a Amazon como a un enemigo. “Es la dicotomía. Amazon brinda servicio y precio. El lector encuentra lo que necesita antes que en otros servidores, y a muy buen precio”.
Libros argentinos. Las dos cámaras nacionales (Cámara Argentina del Libro y Cámara Argentina de publicaciones) registran más de 500 editoriales existentes en el país. En la última década crecieron mucho los sellos locales y regionales, las pymes en general y las editoriales universitarias. “Siempre fuimos el país a quien toda América miró. Eso sigue siendo así aunque los liderazgos industriales y comerciales hoy estén compartidos con México y Colombia”, explica el actual director de la Fundación El Libro, Oche Califa. “La industria del libro constituye un verdadero orgullo argentino. Fue precoz y de gran diversidad cultural. La memoria de esa tradición está en nuestro ADN”.
Según las estadísticas que maneja la Cámara Argentina del Libro, el año 2013 cerró con una cantidad de 88.171.750 ejemplares, un 6% menos que en 2012. De ese total, sólo un 16% está disponible on line. Si bien se observa un crecimiento del formato virtual, este es muy lento y bastante bajo en comparación con otros países. Por ejemplo, el Observatorio de Lectura y el Libro del Ministerio de Educación de España, calcula que cada 100 libros publicados en el país, 20 son digitales. En Estados Unidos, la Asociación de Editores de Estados Unidos informó que los ebook crecieron un 45% desde el año 2011 y hoy constituyen el 20% del mercado editorial.
Para Cabanellas, el libro digital no ha tenido un gran impacto a nivel nacional por la gran producción de títulos en inglés y la menor venta de los lectores digitales en relación con otros países donde estos dispositivos son más comunes. “A nadie, o a muy poca gente, le gusta leer en el teléfono móvil o en la pantalla de la computadora. Las dificultades de importación de estos últimos años han hecho que jugadores como Amazon no se hayan establecido en el país y esto ha retrasado el desarrollo de los e-books”.
Además, la industria editorial en Argentina es un rubro muy arraigado a la cultura del papel. “Fue difícil insertarse en un principio”, explica Germán Echeverría. “Pero creo que las editoriales terminaron dándose cuenta de que, lejos de ser perjudicial para la industria, la posibilidad de suscribirse a un catálogo pago por mes termina beneficiando, por ejemplo, a los sellos del sector educativo y universitario. Generalmente, los alumnos trabajan con fotocopias de libros, lo que perjudica a los autores. Si se les ofrece publicaciones online enteras ilimitadas por un monto bajo, va a ser beneficioso para ambas partes”.
Juan Ramiro Fernández, fundador del sitio Lectorati, tampoco cree que la oferta de libros online afecte a la industria editorial. “Existen mercados para todo. Para algunas cosas es mejor tener un e-reader y para otras, es mejor el papel. Además, la oferta de libros virtuales sigue siendo de los mismos jugadores de la industria editorial convencional: Grupo Planeta, Penguin Random House, por nombrar algunos”, dice Fernández.
En el mismo sentido, Oche Califa asegura que si bien esta nueva oferta de libros online está modificando el mercado, no se puede decir que impacte negativamente sobre el papel. “En la encuesta que hacemos en la Feria (del Libro), nos da que un 20% de los encuestados ya lee en formatos electrónicos, pero no lo hace exclusivamente, sino que comparte con el papel. En cuanto a las finanzas, por ahora no tiene un impacto de consideración, al menos no en nuestro país, ni tampoco se entiende que vaya a ser negativo en un futuro”.
Renunciar al papel. Según Cabanellas, leer algo que luego va a desaparecer no está dentro de nuestras pautas culturales. “En Estados Unidos la gente está acostumbrada, desde pequeña, a ir a la biblioteca, leer el libro y devolverlo. No importa el nivel económico. Lo mismo les da que sea en papel o en soporte digital, no les interesa el libro como objeto físico, les interesa solamente el contenido. Acá nos gusta más el papel por ese sentido de la propiedad, lo táctil”.
Califa tampoco cree que la publicación impresa vaya a ser un formato fácil de abandonar. “El libro en papel es un objeto querible”, explica.
Para Germán Echeverría es difícil que el “e-book streaming” alcance el nivel de masividad que pudo tener Netflix o Spotify porque está pensado para un tipo de lectores muy particular. “Vos podés escuchar música todo el día o ver varias películas y series en la semana, pero no te vas a leer 100 libros en un mes. Entonces, por ahí el que lee esporádicamente prefiere comprar un libro y no suscribirse a un catálogo. Nosotros apuntamos a lectores que consumen más de 10 libros al año”, explica.
Cruzando las fronteras, la tendencia internacional muestra un crecimiento lento, pero continuo en el avance de las publicaciones online. Según un informe del sitio Strategy Analytics, el mercado del e-book moverá más del doble de dinero para el año 2020 pasando de una facturación de 7.000 millones de dólares a una de 16.700 millones y los lectores digitales representarán el 23% del total, o sea, 1.700 millones de personas. Por otro lado, se calcula que el 19% de las ventas serán por suscripción. La pregunta es qué papel jugará la Argentina en este reordenamiento cultural.

 

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