Sitios Externos, Televisión / 24 de Febrero de 2015

TELEVISIÓN

Insomnio chic

Noches mías. Show de noticias y entretenimiento. Domingos a las 23.59, por C5N. Conducción: Roberto Funes Ugarte. Producción: Rodolfo Boros y Ali Mohamed.

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★★★★ No es fácil pasar esas cinco horas. Desde la medianoche hasta la última estrella del lunes, hay que transitar la cornisa donde las promesas del finde se esfumaron, el fútbol ya es pasado y el comienzo de la semana es profecía cumplida. Es un corredor patinoso porque ofrece licencias que en horarios diurnos y prime time serían inadmisibles pero también exige complicidad porque del otro lado hay un espectador solitario y desvelado que quiere ser acompañado. Las opciones en el cable no faltan por lo que debe haber razones para elegir la escenografía azul de C5N: una de ellas es Roberto Funes Ugarte y sus “Noches mías”.
El programa empezó a mediados del año pasado con la coconducción de la periodista Claudia Salto, pero al poco tiempo el movilero estrella del canal quedó al frente. Y el cambio fue beneficioso porque así sea un segmento en un programa, su estilo requiere espacio sin interferencias. Hay profesionales que se potencian en pareja, pero Funes Ugarte tiene un ritmo difícil de compartir.
¿Por qué? Supongo que debido a la mezcla de registros que maneja, por la imagen que propone como comunicador y el público compra: el cheto al alcance de la mano, refinado y morochito, capaz de charlar de igual a igual con un representante de rancia estirpe o con la señora del baño, un tipo que sin la papa en la boca se codea con el mundo al que todos quieren pertenecer. Ese capital de Funes Ugarte cotiza alto en la tele frivolona (y en el resto de los medios, también) que espía a los que pertenecen al mundo del glamour.
En “Noches mías”, lo acompañan el chef Damián Cicero, el Dj Carlos Esnaola, los barmen Gastón y Sebastián y la “Robertita” Josefina Ansa. Entre todos, le ponen al vivo música, comiditas, desfiles, tragos, coreografías. Cada media hora, se da lugar al informativo y las noticias. Siempre invita a personalidades (desde María Martha Serra Lima y “Banana” Pueyrredón hasta Karina Rabolini y el secretario del Papa Francisco, Monseñor Karcher) con las que mantiene una larga entrevista: es elogioso –tal vez demasiado– pero por ese camino relajado el entrevistado no puede negarse a más preguntas.
Cóteva, sísísí y un rugido de admiración son las muletillas distintivas de Robertito, el de mocasines sin medias, pantalón fit (chupines, diría Fabián Doman) y corbatas únicas. Pero hay algo más que lo distingue y no debería abandonar: la impronta mordaz, el comentario divinamente incorrecto, la boutade entre copas de champagne. Tal vez por ese desafinado momento del año pasado en el móvil (todos los periodistas decimos barbaridades durante una odiosa guardia), quiera cuidar la lengua. Ojalá no se obligue a la siesta polite y a veces hipócrita de la tele porque esa manera de ver a los otros, sin besamanos ni frases hechas, también es parte de su diferencia.

 

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