Sitios Externos, Teatro / 16 de Marzo de 2015

TEATRO

El lujo, el ocio y la fama

“ONJ”, de Lautaro Caminovich. Con Ana Pauls y elenco. Dirección: Bimbo Godoy. En el Centro Cultural Rojas, Corrientes 2038.

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★★★1/2 En el marco del ciclo “Óperas primas” que realiza el Centro Cultural Ricardo Rojas desde hace ocho temporadas –esta es la novena– se presenta “ONJ”, una pieza dirigida por la actriz y humorista Bimbo Godoy. En una sala de pequeñas dimensiones, la escenografía de Sergio Fasani y Tomás Fage se vale de una sencilla construcción para representar un ámbito donde se adivina un lujoso jardín con piscina y reposeras. Las dos amigas abren la escena con un cuadro de estética vintage, de espaldas simétricas y el clima cansino que dan el ocio y el calor. Las dos están en traje de baño.
Manila (Noelia Prieto) es la dueña de casa y Laila (Mariana Bugallo) es su mejor amiga. Algo le pasó a Manila, algo de carácter trágico que la tiene alterada, por momentos deprimida y secretamente automedicada. Por ahora solo sabemos de ella que es famosa, tal vez una actriz, y que se niega a atender el insistente celular. En sus cambios de humor pelea y se reconcilia con su amiga Laila, y entre las dos critican a una tercera, quien por algún motivo las hace sentir amenazadas. Alexia (Ana Pauls) llega en efecto más tarde, con una botella de sake y ánimo combativo.
Poco a poco se irá revelando la trama que genera los choques entre las amigas y las razones del miedo al celular. Aunque no demasiado ambiciosa, la historia es redonda y tiene un buen desenlace, pero el verdadero interés de la pieza está en la estructura y el lenguaje. Dos amigas y luego tres se confrontan y se recriminan, después beben y se ríen, forman alianzas y se traicionan, se enfadan y se confiesan, y todo esto lo hacen en un juego de repeticiones especulares que resultan en principio divertidas y luego más interesantes de lo que parece. Como una fotografía en movimiento, el recurso muestra la línea horizontal en que se desarrollan muchas relaciones, con diálogos idénticos a sí mismos que solo alcanzan a tocar la superficie del otro.
Con los textos de Lautaro Caminovich y las luces del mismo Fage y Violeta Mansilla, Bimbo Godoy logra captar una esencia del tiempo actual que la ficción en general y el teatro en particular no siempre registran a tiempo: construcciones pasionales armadas sobre minucias, la fama como ambición extrema junto con el rescate de figuras poco menos que olvidadas, y en especial el protagonismo del celular, que llega a convertirse en un personaje más de la pieza.
La sala donde se exhibe es pequeña, en realidad es un aula, provista de unas gradas para el espectador. El público joven no registra incomodidad alguna, y el resto considera suficiente agasajo la calidad del espectáculo.

 

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