Música, Sitios Externos / 16 de Marzo de 2015

MUSICA

Un amor intacto

Joan Manuel Serrat renovó un recíproco vínculo con el público argentino y arrancó en el Gran Rex una larga serie de recitales.

Por

★★★★ El tío peina canas y mucho menos pelo que antes. Atravesó complicaciones de salud que lo pusieron en algún momento en situación muy difícil. Hace ya tiempo que su inspiración no es la de sus más gloriosas décadas pasadas. Ha jugado artísticamente en terrenos que no lo favorecen; al menos a criterio de este cronista. Pero allí está, bien vivito y coleando más y mejor que nunca. Con su sonrisa y su voz intactas. Frente a un Gran Rex lleno que no será sino el primero de una larguísima serie de shows que incluirán diez funciones en esa sala y presentaciones en Mendoza, Neuquén, La Plata, Rosario, Córdoba, Mar del Plata, Tucumán y Salta; tanto que andará por Argentina hasta mediados del mes próximo.
A esta altura, Joan Manuel Serrat es un argentino más y bien merecería una carta de ciudadanía. Porque estuvo aquí cuando las vacas explotaban de gordas pero también cuando fueron muy flacas, porque sufrió la censura dictatorial casi como un compatriota, porque sin desvincularse con su comunidad catalana en nuestro país –en alguna época cantaba en ese idioma en el porteño teatro Margarita Xirgu– supo hacerse popular y masivo en castellano. Porque se bancó la crítica cuando fue cuestionado por sus reiteraciones de repertorio o, sobre todo, por sus “escapadas” hacia una suerte de “stand-up” algo procaz –fundamentalmente en su sociedad con Sabina– que lo sacó de eje. Y, claro, porque tiene algo que resulta muy difícil de explicar y que sólo algunos poseen: el carisma necesario para enamorar a cientos de miles durante tanto tiempo, atravesando generaciones, manteniéndose como sex symbol aun a sus 71 años, poniéndole el cuerpo al escenario sin mostrar cansancio.
Este viaje –mejor deberíamos decir esta estadía– del catalán a la Argentina tiene como excusa la presentación de un álbum nuevo de canciones viejas. “Antología desordenada” es un cuádruple CD que reúne mucho de lo mejor de su obra; o por lo menos lo que él consideró así. Poner eso en vivo, luego, no es sino hacer un concierto de esos que enloquecen al público, exclusivamente con temas conocidos, que obligan al coro masivo a sumarse al canto.
“El carrusel del Furo”, “De cartón piedra”, “Mi niñez”, “Niño silvestre”, “Algo personal”, “El sur también existe”, “Romance del Curro el Palmo”, “Pueblo blanco”, “No hago otra cosa que pensar en ti”, “Cantares”, “Penélope, “Barquito de papel”, “Para la libertad”, “Aquellas pequeñas cosas”, “Fiesta” y, por supuesto, “Mediterráneo”, son apenas algunos de los temas elegidos para la ocasión. Se suman invitados: en los primeros días fueron Celeste Carballo, Víctor Heredia y Kevin Johansen, pero habrá más. Incluye algo de su muy buena obra en catalán: “Cançó de bressol”, “Paraules d’amor”, “Fa vint anys que tinc vint anys”. Homenajea a Atahualpa Yupanqui con “Vendedor de yuyos”. Se rodea de una muy buena banda dirigida por su viejo amigo y compañero Ricard Miralles. Y la alegría es completa. Para la gente, que empieza a aplaudir antes de que suene la primera canción. Y para el cantautor, que raramente encuentre en otro lugar del mundo un público tan leal y tan devoto de su trabajo y de sí mismo.

 

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