Arte, Sitios Externos / 31 de Marzo de 2015

ARTE

Seamos felices

“Liliana Porter” en galería Ruth Benzacar. J. Ramírez de Velasco 1287. Lunes a viernes 14 a 19.

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“En ARCO Madrid, Liliana Porter sedujo a los reyes de España con su obra”, tituló el diario El País. Si en la feria madrileña cautivó a Felipe y a Letizia, el sensible y emocionante trabajo de la artista encantó a la muchedumbre presente en la inauguración de la nueva galería Ruth Benzacar en Villa Crespo. En “Reparar el piano y otros compromisos”, Liliana Porter (Buenos Aires, 1941) presenta dibujos, instalaciones, collages, objetos, en donde generalmente pequeños personajes se proponen, en palabras de la artista, encontrar el camino, reparar lo roto, embellecer lo cotidiano, dibujar otra vez el círculo, el triángulo, el infinito.
Este espacio de “dimensiones paulistas” (en San Pablo las galerías impresionan por sus grandes superficies) fue diseñado por el arquitecto Nicolás Fernández Sanz. Las oficinas balconean –sin ser vistas– sobre la sala central de exhibiciones iluminadas por la luz natural de una gran claraboya. La galería suma un kiosco (sí, como los de las calles de Buenos Aires) de publicaciones del proyecto editorial internacional Tijuana que edita libros de artista, como objetos de arte, entrepisos, salitas, depósitos.
Felices con la mudanza, las directoras Orly Benzacar y Mora Bacal –su hija formada en París– recuerdan que Porter estaba exhibiendo en la sede de Plaza San Martín cuando murió la inolvidable Ruth Benzacar en mayo del año 2000.
El espacio no condicionó a la artista, que volvió a sorprender. Algunas piezas mantienen la reconocida y deliciosa intimidad con la que suele trabajar. Funcionan maravillosamente bien también las tres piezas, entre las 17 que integran la muestra, que juegan con las grandes dimensiones del espacio arquitectónico, como los dos dibujos del círculo y el triángulo (con sorpresas) sobre papel, que con sus ocho paneles llegan a los cuatro metros, y la obra “Sin título (reparar el piano)”. El piano en cuestión está roto y se halla sobre una tarima blanca de tres por dos metros, elevada del suelo a unos 50 cm. Allí, entre objetos varios, se encuentran trabajando diminutas figuras que están a punto de comenzar a restaurar el instrumento musical. Los personajes representan instantes alentadores, tratan de reconstruir. “Existe un humor esperanzado detrás del tema de las correcciones, en esa insistencia de encontrar la fórmula para que la cosa esté bien”, dice Porter.
Las obras de la artista agitan los límites entre lenguajes diversos y ensayan cavilaciones acerca de situaciones tan corrientes como inverosímiles, interpretadas en los últimos años por heterodoxos pero creíbles protagonistas. Con ideas potentes y actitud positiva, la artista desarrolla una absurda lógica creada a partir de gestos que suelen ser mínimos.
Paradoja y humor en “The Gardener (jardinero)”, con la pequeñita figura de bronce que en breve comenzará a regar las flores de los fragmentos de platos de porcelana. Reflexión e interrogantes en esa instalación de pared, “To hold a String (sostener el hilito)”, con un figurín sobre esfera de madera que aparece con la paciencia necesaria como para sostener un hilo negro “hasta entender el sentido de estar parado sobre la esfera”. Porter se pone contenta cuando alguien le confirma que su obra le “hace bien”. Sí, es para no perdérsela.

 

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