Opinión, Sitios Externos / 5 de abril de 2015

La verdad insoportable

El ministro de economía, Axel Kicillof, deja un escenario económico incierto.

KICILLOF. Al ministro de Economía no le interesa la cantidad de pobres.

A los economistas progres no les gustan para nada los malditos números.  Tienen sus motivos: en todas partes, gobiernos que al iniciar su labor se afirman resueltos a beneficiar a los rezagados pronto descubren que los resultados concretos de su gestión no guardan relación alguna con sus promesas. Es lo que ha sucedido en Francia, donde los socialistas del presidente François Hollande acaba de verse diezmados en las elecciones municipales, y aquí, puesto que el “modelo” K está en vías de desintegrarse.
Los números no sólo son molestos, sobre todo cuando contradicen el “relato” oficial de turno, sino que también, como diría Axel Kicillof, pueden resultar estigmatizantes, razón por la que no quiere saber cuántos pobres hay en la Argentina.  Chiquito, como lo llama cariñosamente Cristina, no es el único que piensa que calificar de “pobre” a una persona equivale a insultarla, y por lo tanto cree que sería más cortés tratarla como una víctima inocente de la crueldad “neoliberal”.  Hoy en día, ser “víctima” de algo malo suele acarrear ciertas ventajas, razón por la que abundan los grupos -homosexuales, “minorías” étnicas y religiosas, enfermos, y así por el estilo-, que se especializan en conseguir beneficios en base a su hipotética postergación por generaciones menos ilustradas.
De todos modos, tampoco quieren saber cuántos pobres hay muchos de los que aprovecharon la franqueza insólita del encargado de la economía nacional para decirnos que ellos sí están dispuestos a enfrentar la dura realidad. ¿Lo están?  Puede que haya algunos pero, con muy pocas excepciones, los políticos y quienes les suministran ideas y consignas prefieren tomar la pobreza extrema por una anomalía coyuntural, un problema que pronto se verá solucionado.
Tiene razón Kicillof cuando señala que “Cuántos pobres hay es una pregunta bastante complicada”. Lo es porque la respuesta depende de una multitud de factores, motivo por el que las comparaciones internacionales suelen prestarse a malentendidos. Según las normas norteamericanas, una familia tipo que percibe menos de aproximadamente 20 mil pesos mensuales se encuentra por debajo de la línea de pobreza trazada por el gobierno, de suerte que decir que aquí el porcentaje de pobres es menor que en Estados Unidos, como han aventurado algunos oficialistas, es absurdo.

Mal que nos pese, de acuerdo con las pautas que rigen en el mundo desarrollado, la mayoría abrumadora de los argentinos, entre el 80 y el 90%, vive en la miseria.  Si la Argentina no fuera un país occidental con expectativas parecidas a las habituales en España o Italia, la diferencia abismal así reflejada no ocasionaría extrañeza, ya que nadie ignora que la adhesión a culturas que podrían calificarse de pre-modernas hace sumamente difícil el desarrollo económico, pero sucede que, a pesar de todo lo ocurrido desde la Segunda Guerra Mundial, para indignación de Cristina y sus simpatizantes buena parte de la población aún comparte mucho con los norteamericanos y europeos.
Felizmente para los políticos, casi todos los integrantes de su gremio pertenecen a la minoría reducida que disfruta de un ingreso primermundista, o sea, perciben al menos diez veces más que un asalariado común que, como acaba de informarse, cobrará 6.000 pesos mensuales. Es por lo tanto comprensible que, para ellos, la pobreza sea un tema abstracto, una lacra que están resueltos a eliminar porque son personas solidarias comprometidas con la justicia social.  Para luchar contra dicha lacra, suelen afirmarse enemigos mortales del “capitalismo liberal”, como si a su entender el sistema así designado fuera la causa de toda la miseria del mundo, pasando por alto el hecho evidente de que los países más prósperos e igualitarios, entre ellos Suiza, el Japón, Suecia y, claro, Estados Unidos son, conforme a los criterios severos que imperan en la clase política local, también los más “neoliberales”.
En el exterior, quienes han estado librando una “guerra” contra la pobreza han ganado una batalla tras otra. Se estima que en apenas un par de décadas, la pobreza absoluta se ha reducido a la mitad, en buena medida merced a las hazañas en tal ámbito de China, cuyo régimen nominalmente comunista remplazó los textos económicos de Marx y sus epígonos por otros escritos por liberales y, si bien fueron menos espectaculares, la India después de décadas de estancamiento a “tasas hindúes” atribuibles a la influencia de los laboristas británicos.

Pero, por desgracia, en la Argentina los defensores de la miseria generalizada han llevado la mejor parte; luego de batirse en retirada cuando el país crecía a tasas casi chinas, recuperaron el terreno perdido. Parecería que los enemigos del progreso económico continuarán avanzando, que, al entrar el país en recesión, los bolsones de pobreza están por expandirse nuevamente. Los optimistas aseguran que no hay ninguna posibilidad de que haya una repetición de la catástrofe que siguió al desmoronamiento de la convertibilidad, pero así y todo, desde el punto de vista de quienes no quieren que haya más pobres, las perspectivas distan de ser promisorias.
¿Es lo que se han propuesto Cristina y sus partidarios?  Aunque no cabe duda de que les conviene electoralmente a los populistas que haya muchos millones de pobres “estructurales” que dependen emotivamente de la bondad del caudillo entronizado, sorprendería que los kirchneristas decidieran fabricar más con el propósito de atrincherarse en el poder. No se trata de la consecuencia previsible de una estrategia despiadada pero en el fondo realista sino de la convicción sincera de que, en última instancia, lo que cuenta son las intenciones, siempre buenas, de gobernantes que se creen progresistas. Luego de persuadirse de que la pobreza no es la condición natural del hombre desde que el mundo es mundo sino una aberración provocada por la maldad de algunos poderosos malignos y fabulosamente codiciosos, fantasía ésta que subyace en la prédica del papa Francisco y otros humanitarios, tanto los kirchneristas como muchos otros llegan a la conclusión de que hay que combatir el capital para que el pueblo, por fin liberado de la tiranía del dinero, pueda gozar de lo que por derecho es suyo.
Demás está decir que se trata de una ilusión. A esta altura, ir reduciendo la pobreza hasta que sólo sea residual no debería ser demasiado difícil. Docenas de países lo han logrado; algunos, como Singapur gracias a la gestión del recién fallecido Lee Kuan Yew, en un lapso asombrosamente breve, de modo que los gobernantes actuales no tendrán que reinventar la rueda ya que podrían limitarse a aprender de la experiencia ajena. Pero, por motivos que a su juicio son patrióticos, muchos se resisten a dejarse influir por las despreciables ideas “foráneas”. Antes bien, insisten en aplicar una y otra vez las consabidas recetas autóctonas que, huelga decirlo, siempre brindan los mismos resultados.

El gobierno K, con el apoyo intelectual, si bien en ocasiones crítico, de la progresía, cree que la redistribución le permitirá hacer de la Argentina un país menos desigual. Por desgracia, tiene poco, muy poco, para redistribuir. No bastaría con apropiarse de los ingresos supuestamente excesivos del complejo sojero, de la renta financiera o de aquellos siniestros “poderes concentrados”, lo que, al fin y al cabo, equivaldría a matar para entonces cocinar y comer la gallina de los huevos de oro, porque los montos así recaudados no serían tan grandes como algunos imaginan. Para redistribuir en serio sin provocar un desastre económico descomunal, los kirchneristas han tenido que aumentar la presión impositiva sobre los trabajadores que, conforme a las deprimentes pautas nacionales, constituyen una elite óptimamente remunerada, de ahí la rebelión sindical contra Ganancias. Aunque el grueso de los obligados a pagar Ganancias tiene motivos de sobra para no sentirse rico, sin su aporte sustancial sería imposible mantener los subsidios que necesitan millones de personas que son más pobres aún.
Si bien los políticos aportan poco el producto bruto el país, son plenamente capaces de frustrar los esfuerzos de los empresarios, tanto los multimillonarios como los de las PYMEs, que, bien que mal, son los únicos que, en su conjunto, podrán ganar “la guerra contra la pobreza”. Sin un sector privado vigoroso, ningún país que no sea un emirato petrolero prosperará. Un gobierno racional, pues, se dedicaría entre otras cosas a derribar las muchas barreras que obstaculizan el camino del desarrollo para que la economía argentina se hiciera más eficiente y más competitiva, lo que daría a los hundidos en la pobreza “estructural” más oportunidades para independizarse de la benevolencia interesada de políticos clientelistas y otros de mentalidad parecida que, con los ojos siempre puestos en las próximas elecciones, se limitan a aprovechar sus penurias.

 

8 comentarios de “La verdad insoportable”

  1. Nielson es un “salafista” del neoliberalismo, cree que Caballo era todavia demasiado “dirigista” del mercado y por eso se le cayo la convertibilidad. La teoria del “derrame” del crecimiento nunca funciono (salvo en el ejemplo del mercado de autos usados de Detroit que fue el que creo el mito). James deberia empezar a entender que Crecimiento NO es Desarrollo economico y que la “mayor eficiencia” no implica mejor redistribucion sino actual el Estado

  2. Es un fenómeno habitual en los populismos: jamás muestran sus tintes autoritarios al comenzar la gestión, ellos no muestran su “juego” al comienzo. Niegan tener esas intenciones y se visten con ropaje institucional para ir avanzando de a poco. dice:

    Es un fenómeno habitual en los populismos: jamás muestran sus tintes autoritarios al comenzar la gestión, ellos no muestran su “juego” al comienzo. Es más, niegan tener esas intenciones y se visten con ropaje institucional para ir avanzando de a poco y sigilosamente. Parecen conocer a la perfección cuál es el límite que la sociedad puede tolerar en cada momento.
    Sin embargo, el desarrollo del gobierno, sobre todo en mandatos largos como el del kirchnerismo, muestra poco a poco todos sus deseos de silenciamiento a la prensa no adicta, aniquilamiento de la oposición, control de la justicia e intervención directa en todas las áreas de desarrollo de la sociedad civil, desde el deporte y la cultura hasta el comercio y la industria. Todo es factible de ser intervenido arbitrariamente por el Estado en sus manos.
    Con esa acumulación de poder viene aparejada la debilidad de los controles ciudadanos.
    Así es como nos acostumbramos a que el cadete que acompañaba a Néstor Kirchner desde sus tiempos de ejercicio de la abogacía haya escalado al punto de convertirse en un acaudalado empresario de medios.
    Aceptamos -mansamente con el tiempo- que un ex empleado bancario, amigo de quien por entonces era ya intendente de Río Gallegos, haya amasado una inmensa fortuna a través de la monopolización de contratos de obra pública con el gobierno provincial.
    Nos resulta normal que empresarios amigos de la pareja presidencial compren medios preexistentes y exitosos para transformarlos en meros apéndices de la comunicación oficial sin importarles que con ello pierdan a más de la mitad de su audiencia.
    Nos acostumbramos a los autodenominados periodistas militantes, categoría que en la Argentina ni siquiera osaron tener los gobiernos dictatoriales. Nos acostumbramos a que el canal del Estado sea un apéndice del gobierno; que albergue programas que avergonzarían a cualquier televisora estatal del mundo.
    Aceptamos mansamente que la Presidente nos haya mentido cuando dijo que el programa Fútbol para Todos iba a brindar excedentes para destinar al deporte amateur. Toleramos que los cortes en los partidos sean monopolizados por la propaganda de gobierno. Que usen esos mismos espacios para denostar a rivales políticos. Que los relatores mezclen la política con el fútbol sin ningún tapujo.
    Nos acostumbramos a tener un organismo oficial de estadísticas que miente descaradamente, donde los propios responsables del área no se animan a sostener públicamente los datos que de ahí emanan (Lorenzino con la inflación y Kicilloff con la pobreza).
    Aceptamos sin demasiado pataleo que la tan mentada estabilidad del empleo público haya sido mancillada allí en pos de una intervención que permitió desplazar a funcionarios con historia, prestigio y probada solvencia profesional.
    No nos alarmó recordar que meses antes de producirse la estatización de las fondos de pensiones se haya argumentado que “nadie puede quejarse por tener la posibilidad de elegir entre una jubilación estatal o privada”. Ni hablar de las frecuentes promesas de quien dirige nuestra aerolínea de bandera acerca de hacer rentable la operatoria.
    Nunca nos sorprendió en demasía que sea la YPF estatizada la empresa que haya elevado el techo de precios de las naftas sin tener que soportar ninguno de los reproches habituales que se le hacían por igual circunstancia a las petroleras privadas. Nadie se preocupa por tener una empresa como Enarsa -creada por Néstor Kirchner en 2004 como empresa petrolera nacional- que jamás descubrió ni un solo litro de petróleo.
    Pasó sin pena ni gloria la constatación de que quien ingresó en la casa de Sergio Massa en plena campaña durante 2013 haya trabajado formalmente para el área de inteligencia de Prefectura años antes y que siguiera manteniendo contactos con organismos del Estado. Aceptamos mansamente que en 2009 el mismo Massa junto a otros dirigentes del Frente para la Victoria se hayan presentado a una elección de manera testimonial (sabiendo que ninguno de ellos iba a asumir) porque su entonces jefe político los quería defendiendo los votos que le eran esquivos por esos años.
    Poco nos preocupa que el oficialismo en el Congreso mantenga cajoneados todos los proyectos que tienen que ver con acceso a la información pública. Ni siquiera elevamos demasiado la voz para pedir transparencia ante la constatación de los negocios espurios por los que está procesado el ex secretario de transporte Ricardo Jaime. Sabemos de los miles de millones de pesos que casi sin control alguno maneja el ministro Julio De Vido pero parece no ser nuestro problema.
    Casi ni nos preocupa que nuestro billete de más alta denominación no llegue a valer ni U$D8 y que se propongan nuevos diseños y figuras pero ni siquiera se mencione la posibilidad de simplificarles la vida a comerciantes, bancos, transportistas y ciudadanos dándoles billetes de más alta denominación.
    En países vecinos como Chile y Brasil están investigando hechos de corrupción que salpican a sus respectivos gobiernos. Aquí tenemos un vicepresidente multi-procesado al que la jefa de estado trata de invisibilizar sin pedirle la renuncia.
    Hechos gravísimos como los de Skanska o la valija de Antonini Wilson fueron sepultados bajo el crecimiento del PBI.
    Se produjo la muerte en circunstancias extrañas del fiscal especial de la causa AMIA a los pocos días de haber denunciado a la propia presidente y sin embargo los encuestadores nos cuentan que su nivel de aprobación se ha recuperado al nivel previo a ese desgraciado hecho.
    Ante tanta evidencia, que el kirchnerismo siga siendo un protagonista importante de la política argentina llama la atención.
    ¿Ha servido el espectáculo así brindado a aleccionar a la población sobre LO PELIGROSO QUE ES DAR DEMASIADO PODER A UNA MINORÍA de ideas políticas contundentes?

  3. Siempre las mismas pavadas a lo mejor te crees que si las repetis muchas veces convences a alguien,idiotas como vos quedan pocos.

    1. SOMOS TAN BUENOS COMO GOBERANATES QUE CONFORMAMOS HASTA A LA GATA FLORA…….SI SE LA SACAN O SE LA PONEN SIEMPRE CON NOSOTROS ESTAN CONFORMES PORQUE TODOS, HASTA LOS QUE NO NOS QUIEREN, NOS VOTAN…VOS SOS UNO……..JAJAJAJOJOJOJOJOJOJ…GATA FLORA CONFORME……JAJAJAJJOJOJOJO

  4. JAMES EL PAÍS CÓMODO ES PARA LA GENTE, PARA EL PUEBLO NO PARA LOS DIRIGENTES……..LOS DIRIGENTES TIENEN QUE LOGRAR ESTO, TODAVÍA FALTA POR ESO HAY QUE SEGUIR CON ESTE GOBIERNO….GOBERNAR Y QUE TE DEN LOS NÚMEROS SIN LA GENTE ES UNA BOLUDEZ, LO HACE CUALQUIERA..DE LA RUA, MENEM, MACRI, VIDELA, CARRIO, MASSA, MAGNETO, ETCHEVERE…..AHORA GOBERNAR PARA LA GENTE Y CON LA GENTE ESO ES DIFICIL, HAY QUE TENER GENIO…Y HUEVOS U OVARIOS…..FELICES PASCUAS GORILAS!!!

    1. OTRO TARADO Q REPITE LO DE LA PRESIDENTE NO TENES ARGUMENTOS PARA REFUTAR QUIEREN SEGUIR CON LA FIESTA DE LOS SUBSIDIOS ASI NO TIENEN EL ESFUERZO DE TRABAJAR

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