Personajes, Sitios Externos / 7 de abril de 2015

Manuela Rasjido: “Soy responsable por transmitir este saber”

En Catamarca, lleva más de 20 años diseñando textiles únicos e investigando tejidos. Reconocimiento, paciencia y “arte para usar”.

El 23 de febrero, en el marco de la Ciudad de la Moda, Manuela Rasjido fue declarada Personalidad Destacada de la Cultura. Y aunque la suya es una carrera prolífica en premios (entre otros, el Kónex de Platino y el Primer Premio de la Bienal de Arte Textil del Museo Sívori), este fue distinto. Le resultó un reconocimiento a su esfuerzo: “Fue como una caricia que me hizo sentir que todo valió la pena”, se emociona.
Nacida en Santa María, un pequeño pueblo de Catamarca, el “todo” al que se refiere son sus muchos años invertidos en su trabajo con textiles, hilados y teñidos autóctonos, que aunque muy fieles a su tierra, son a la vez sumamente diferentes de las clásicas prendas del Noroeste. Lo suyo es la investigación sobre hilados, tintes naturales y tipos de telar, que termina creando prendas tan suaves como abrigadas, de increíbles tonalidades que van del fucsia más brillante al beige de la nuez.
Noticias: Hacer diseño en Catamarca y ser reconocida en todo el país no es fácil. ¿Tenía una ambición muy grande detrás cuando comenzó?
Manuela Rasjido: En realidad, empecé casi sin querer. Estudiaba Letras en la Universidad de Tucumán. Me hacía ropa para mí y mis compañeras de la facultad empezaron a pedirme. Lo que hacía era muy básico, apenas unas prendas con batik con simbología del lugar, tejidos a dos agujas. Pero cuando volví al pueblo decidí empezar a averiguar sobre las técnicas. Fue una tarea de investigación y prueba y error.
Noticias: ¿Hay que tener mucha paciencia para lo que hace?
Rasjido: Sí. Me influyó el entorno familiar: tuve una abuelita que era muy buena costurera y sabía de telar, que me ha hecho tapaditos de barracán. Murió cuando tenía 18, pero me dejó eso picando. Y por eso años después, cuando me dediqué a investigar, buscaba a las viejitas del pueblo y les preguntaba. Por suerte, porque a la generación que siguió no le interesaba, y se hubiese perdido irremediablemente. Después recorrí el cordón andino, por Bolivia y Perú, aprendiendo. Me gustaba no copiar, no hacer la típica guarda, sino la investigación más subjetiva, más personal.
Noticias: ¿Sentía la presión de tener que convertir eso en un trabajo rentable?
Rasjido: Sí, claro. Pero tenía suerte, porque las cosas gustaban y aún lo poquito que podía hacer, lo vendía. Mi novio de entonces, que hoy es mi marido Enrique, es artista plástico y me pidió algunas de mis cosas para que mostrara, y de ahí surgió un pedido de 21 prendas. Estaba rindiendo mis exámenes finales y las querían para antes de Navidad. Para mí eso era una cantidad impresionante, pero logré dar el examen y hacer las 21 sin dormir. Ese fue el comienzo. Varios años después hice una conexión con una persona de Buenos Aires que tenía una galería, y por cinco años me compró a mí, mis prendas; y a mi marido, sus obras. Nos armaba exposiciones aquí y afuera, e hizo una muestra en la OEA que gustó tanto que nos pidieron llevarla a la sede de Washington. Y resultó que fue un representante de la tienda Henri Bendel, que en ese momento tenía un departamento de diseño en cada piso, y decidió comprarme la colección entera.
Noticias: ¿Cómo evolucionó su diseño?
Rasjido: Debía empezar a tener telas adecuadas para la caída que yo quería. Siempre insisto en lo maravilloso que es partir de cero del vellón, e ir armando la tela sobre la que uno va a trabajar. Creo que es una técnica muy vieja pero muy actual a su vez, porque depende de cómo uno la trabaje se van dando esos binomios de antiguo-moderno, más o menos rústico. Es como contar una historia.
Noticias: ¿Cuándo llegaron los colores?
Rasjido: Primero trabajé con los neutros, porque eran los más fáciles de hacer. Pero necesitaba colores intensos y no los lograba. Hasta que vi una exposición en el Museo Metropolitano de textiles peruanos y me gustó sobre todo uno chiquito con colores fabulosos que se habían mantenido a través de los años, y ahí me enteré de la existencia de la grana cochinilla. Es un parásito que se siembra en los cactus y cuando muere da un gran color, de la gama de los fucsias más intensos, y mezclando puedo lograr los otros. Me llevó tiempo dominar la técnica, porque es un proceso largo para que se fije bien. Tiño en pailas de cobre y con fuego, casi como una bruja. Y nunca sé el color exacto que va a salir.
Noticias: ¿O sea que cada prenda es única?
Rasjido: Sí. Puedo hacer el modelo pero no repetir exactamente los colores. También trabajo mucho con la jarilla, que es un arbusto abundante en el valle con el que logro diferentes valores de amarillo.
Noticias: ¿Y hay alguna de la que sepa que nunca podrá desprenderse, porque le tiene demasiado cariño?
Rasjido: Me encariño con muchas por buenos años y no las vendo. Además, como sé que no las voy a poder hacer de nuevo, pienso que pueden ser para cuando tenga una muestra en un museo o deba viajar a dar una charla.
Noticias: ¿Qué tipo de mujer compra su ropa?
Rasjido: Es bastante variado. Si bien las que más responden son mujeres ligadas al arte, como artistas o arquitectas, también hay antropólogas, abogadas… Gente a la que le gusta un toque distinto. Porque no se visten de pies a cabeza con algo mío, mezclar es lo fantástico.
Noticias: ¿Suele hacer desfiles?
Rasjido: No acostumbro, aunque participo en ferias de arte y diseño. Ahí suelo hacer contactos y después vendo en casa. Aunque soy bastante desastrosa y no hago bandera de la parte comercial. ¡Igual llegan! Por unos años, entre 2002 y 2008, un matrimonio puso una pequeña tienda en Barcelona con mi ropa, llamada “Manuela Rasjido, arte para usar”.
Noticias: ¿Qué rango de precios tienen sus prendas?
Rasjido: Hay mucha variedad, porque hago desde un prendedor hasta un tapado. Puede haber una prenda de $ 1.500 o $ 2.000 a diez veces más. Pero en el medio hay muchas cosas, como una bufanda artística de $ 600.
Noticias: ¿Cuánto tiempo le toma hacer, por ejemplo, un tapado?
Rasjido: ¡Son lentísimos! Trato de no calcular porque me pone mal. Son muchas horas y hago varios a la vez. Sucede que el proceso empieza con la primavera, cuando se esquila. Ahí puedo hilar la lana, y la trabajo hasta que consigo hacer la tela. Entonces puede ser diciembre o enero, y a partir de entonces voy haciendo varias prendas juntas. Pero siento que soy una privilegiada, porque es una técnica que no va a durar mucho, y de la que soy testigo. Es natural, la gente hoy tiene apuro, y pasa en todos lados. Estas formas de hacer ropa tienen un tiempo distinto, que por ahí no se condice con los tiempos reales. Así que salvo que suceda algo mágico, se irá perdiendo. No digo que lo nuevo no va a ser lindo, pero va a ser distinto.
Noticias: ¿Y no siente la responsabilidad de transmitir esto?
Rasjido: Sí, por supuesto. Y trato de que se formen. De hecho, ha entrado mucha gente a mi taller, pero no siempre le gusta. Tiene que haber una pasión, es la única manera. Si no, no se entiende, porque no te volvés rica con esto.
Noticias: ¿Se retroalimentan con su marido, siendo ambos artistas y teniendo talleres cercanos?
Rasjido: Sí, y lo notamos mucho en la muestra que hicimos juntos en el Sívori. Cuando la curadora empezó a colocar las prendas y obras, había un diálogo increíble. Hasta había un cuadro que era como un tapado mío y nunca nos lo habíamos propuesto. Me acuerdo de que una vez estábamos desayunando y Enrique me dice “soñé una pintura”. Le acerqué un papel para que la dibuje y la hizo. A los dos meses fui a su taller y le mostré su sueño hecho prenda. No podía creerlo. Seguramente era distinto de su sueño, pero era una interpretación a mi manera.
Noticias: ¿Le parece que el diseño argentino tiene una identidad reconocible?
Rasjido: Creo que hay gestos individuales, pero no sé si hay diseño argentino identificable en el mundo. Hay diseñadores que habrán hecho su historia más o menos pequeña afuera, pero hablar de diseño argentino en sí mismo… Me parece que son cuestiones individuales.
Noticias: ¿Y qué cree que es lo que gusta de lo suyo?
Rasjido: Tiene un sello bien distintivo: se nota el tiempo y la mano de obra. Quizá lo distinto es que no hago lo folclórico o lo que el europeo está más acostumbrado a ver. Es otra búsqueda, algo más ligado al arte que a lo folk.
Noticias: ¿Diría que haría falta más apoyo estatal para que el diseño argentino tenga proyección?
Rasjido: Sin duda. Todos los países tienen apoyo estatal en el diseño. Y es importante en el caso de diseñadores que trabajan con materiales que no se consiguen acá, por ejemplo.
Noticias: ¿Cómo es su rutina?
Rasjido: Trabajo todos los días que estoy en Santa María. Allá tengo mi micromundo, mi casa, mis objetos, gente amiga… Un clima de arte, tranquilidad y armonía.
Noticias: ¿Y cuando no está trabajando?
Rasjido: Me gusta leer. Últimamente he estado releyendo cosas, porque por unos años no leí todo lo que me hubiese gustado. Me encantó siempre leer teatro, soy negada para la representación, pero me encantan los movimientos, los personajes, las entradas. También me gusta mucho ir al teatro, y lo hacemos cuando venimos a Buenos Aires.
Noticias: ¿Qué más comparten con Enrique?
Rasjido: Viajes; esa es la mejor inversión. Viajamos tanto al exterior como al interior de la provincia. Creo que no se conoce lo suficiente de la enorme belleza de Catamarca. Me inspiro en cosas que casi no se han visto.
Noticias: ¿Siente que todavía le queda mucho por investigar?
Rasjido: Sí, porque cuando uno está por hacer un desfile, brotan las ideas. Gino Bogani una vez me dijo que las mejores ideas quedan siempre para el próximo desfile. Y es muy cierto, porque se agolpan y ya no hay tiempo de ponerlas en práctica.

 

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