Personajes, Sitios Externos / 8 de Abril de 2015

TOMÁS ABRAHAM

Tomás Abraham: “Hace mucho que en el país manda el secreto”

El filósofo está por editar su primera novela. Infancia bajo la obediencia, tartamudez y rebeldía. Resignación y el poder de la sociedad.

Acostumbrado a que el conflicto sea motor para el pensamiento, Tomás Abraham encontró en la era kirchnerista un escenario tan apasionante como nocivo para su propia salud. Hace un par de años, tras una temporada de declaraciones políticas fuertes, empezó a sentir que se volvía un gruñón y que el enojo y la irritación le estaban resultando tóxicos. Por eso se replegó en su búnker repleto de libros, donde escribe desde la mañana temprano durante los siete días de la semana. Para tomar aire, se metió por un camino extrafilosófico y publicó “Shakespeare, el antifilósofo”. Una vez más, optó por nadar contra la corriente.
Noticias: Dice que le gusta ser minoría, ¿se propone ser disonante?
Tomás Abraham: No trato de llenar un casillero ni de convertirme en un personaje que busca la rebeldía o la minoría, ese no es mi propósito. Creo que lo disonante se vuelve de por sí. ¿Qué sentido tiene abrirse la cabeza y ponerse a trabajar para decir lo que todo el mundo? Mi labor no tiene que ver con la complacencia ni con si tengo un target de lectores. La tarea es analizar, pensar y escribir.
En dos horas Abraham tiene el compromiso impostergable de ir a cuidar a su nieto Rafael, de dos años, mientras su hija Camila, psicóloga, trabaja. Eso le cuenta a su mujer Cora, arquitecta paisajista, cuando ella lo llama por teléfono. “Trato de estar presente para la gente que me quiere y a la que quiero”.
Noticias: Le da importancia al mundo afectivo.
Abraham: Sí, mucho, a la responsabilidad afectiva.
Noticias: ¿Cómo manejó la tensión que existe entre el mundo profesional y el familiar?
Abraham: No sé cómo lo hice, pero lo hago. Soy así. Las personas que están cerca de mí son prioritarias. Mi equilibrio afectivo es fundamental. No son incompatibles, no tuve que renunciar, simplemente no me puedo dispersar en muchas cosas porque tengo prioridades.
Hiperproductivo, está ansioso porque en mayo saldrá su primera novela, “La dificultad”. También tiene otro libro entregado y empieza con su habitual “Seminario de los jueves” que va por su temporada 31. A su vez, está trabajando otro escrito sobre la enseñanza de la filosofía.
Noticias: Animarse a la primera novela es explorar un terreno distinto y exponerse pero de otro modo, ¿cierto?
Abraham: No sé, a mí no me gusta hacer lo mismo, no doy una conferencia dos veces. Todo el tiempo abro la puerta para que pase algo no esperado y, al mismo tiempo, soy muy organizado… Surgió este tema, que venía escribiendo hace tres años para entender algo, y salió tipo narración literaria.
Noticias: ¿Se escribe para entender?
Abraham: Es muy difícil de decir… Creo que uno escribe para ordenar algo. La actividad literaria crea una forma, un texto es una forma y una forma es un modo de organizar algo. Sale algo que es confuso pero que te atrae, algo que querés saber, y te vas metiendo. Se presenta como algo difícil y te seguís metiendo hasta que, cuando te das cuenta, ya estás más lejos de la orilla que del otro lado y seguís. Creo que la escritura misma te da ideas. Tengo como un boceto y la escritura me lleva.
Noticias: Usted dice justamente que Shakespeare escribía a mano alzada, como si algo le fuera dictado…
Abraham: Claro, es una linda figura esa.
Noticias: Ese punto en el que algo sucede, algo se escribe…
Abraham: En mi caso será escribir, en otros, otra cosa… Es un juego en el que uno va desde la cocina, desde la preparación, que es un trabajo meticuloso; después te dejás perder. Luego volvés al trabajo meticuloso y te dejás perder otra vez. Es un lindo vaivén.
Noticias: ¿Cuál era su pregunta al momento de empezar la novela?
Abraham: Quería pensar algo: cómo es posible que una vida cambie. Quería saber cómo puede ser que lo que no se puede cambiar nunca, cambie de repente.
Noticias: ¿Le había pasado algo en ese sentido?
Abraham: Tenía una experiencia que no entendía.
Noticias: Pensarlo desde la creación literaria es muy distinto como método a la gimnasia mental que usted tiene. ¿Le dio mayor libertad abordar el tema así?
Abraham: No, la libertad me la tomo siempre. Me daba posibilidad de describir cosas. El mundo de la filosofía es el mundo de las ideas, acá son lugares, personajes, situaciones.
Noticias: ¿Cuál era esa experiencia a descifrar?
Abraham: No lo puedo contar porque no está en la novela. La novela termina cuando sucede el cambio.
Noticias: ¿Pero en lo personal “la dificultad” cuál fue?
Abraham: Me llevó tres años y 480 páginas… ¡Imaginate si te lo voy a decir! (risas). A mí me evoca un género, la novela de iniciación: es la historia de un personaje que va pasando por etapas en la vida, como sumergido. En un momento dado, toca la superficie y ahí termina. Entonces el asunto es el viaje. Me interesó desde los personajes hasta los mundos, la Argentina del ´50, ´60, ´70; París del ´68; Tokio. Lo interesante no es la interioridad del personaje sino lo que sucede y cómo impacta, las impresiones.
Noticias: ¿Qué recuerdos tiene de cuando participó del Mayo Francés?
Abraham: Tengo muchas imágenes: las calles llenas de gente al pedo discutiendo el mundo con un ejército atemorizado y un presidente que no se sabía dónde estaba y los sindicatos furiosos. Todo un quilombo liderado por un pibe de 22, ¿algo más divertido que eso? Fue algo corto pero tuvo efectos. Si pude estudiar en una nueva universidad, en parte fue por ese desmadre en donde fue Foucault a dirigir Filosofía.
Noticias: Luego resistió a la idea de volver a vivir en Argentina, ¿cierto?
Abraham: No estaba en mis planes. Lo que pasa es que no tenía planes.
Noticias: ¡Qué raro un metódico como usted sin planes!
Abraham: Era otra persona.
Noticias: Ahí está el cambio…
Abraham: Sí, era otra persona. Ahora soy joven, antes era viejo. Envejecí prematuramente entonces no sabía para dónde.
Noticias: ¿Venía de ser un niño sobreadaptado?
Abraham: Fundamentalmente aprendí la máxima virtud de nuestra cultura que es la obediencia, como dice Foucault. Fui muy obediente.
Noticias: ¿Hasta cuándo?
Abraham: Hasta que el cuerpo habló y se convirtió en un problema.
Noticias: ¿Cómo se manifestó eso?
Abraham: Y, no podía hablar. Fui tartamudo hasta los 22 años. No podía pronunciar muchas consonantes porque te queda la lengua pegada al paladar. Entonces me di cuenta de que no funcionaba. Igual seguí siendo tartamudo pero desobediente… es otra cosa.
Noticias: ¿Empezó a despegar la lengua del paladar con la desobediencia?
Abraham: Muy de apoco. Para soltar mi lengua tuve que olvidarme de mi lengua materna, el húngaro. Aprendiendo el francés se me fue soltando la lengua.
Noticias: Si no hablaba, nadie sabría qué pensaba.
Abraham: No, pero hay silencios muy expresivos. Pude tener mis novias hablando poco. Compensaba la falta de palabras con otras expresiones, con la mirada. Es una mochila, pero al mismo tiempo es una forma de relacionarse con el mundo. Y, de alguna manera, también fue un salvavidas porque me ayudó a darme cuenta de que las cosas no andaban bien. Y después llegué a la filosofía. Cuando uno lee, está en silencio pero hay palabras igual.
Noticias: Encontrar la propia voz, en su caso, era algo bastante literal.
Abraham: Sí. No sabía cómo la gente hacía para hablar, cómo podía hablar, cómo le salía tan naturalmente. Para mí era como otra raza. Disfruto mucho de hablar, para mí no es algo natural. Siento que hice algo en la vida por el hecho de hablar a los veintipico (se ríe).
Abstenerse de participar en el debate de la coyuntura política tiene el costo, por ejemplo, de recibir un mail en vez de cuarenta al día. “Uno siempre tiene miedo de que lo olviden, pero hay que vivir con eso porque las ganas de estar siempre en la mente de otros son una trampa”, confiesa. Aunque considera que a pesar de la agitación colectiva, el fondo es chato. También afirma que en la Argentina hay muchos grupos que hacen su propia ley y que aparecen y desaparecen impunemente: “A veces es un Nisman, a veces la cancha de Laferrere, a veces es lo que podrá venir. Argentina no es un país organizado para que el Estado cuide los derechos de sus ciudadanos”.
Noticias: ¿Cree que para un sector de la sociedad Nisman se transformó en un mito?
Abraham: Nisman no se convirtió en mártir, pese al intento de algunos. No lo lograron porque su muerte es un misterio, es algo que parece que tiene que ver con los servicios.
Noticias: ¿Como dentro de una película de incógnitas en la que nadie es quien dice ser?
Abraham: Hace mucho que en la Argentina el secreto es lo que manda, nunca sabés de qué se trata. Del memorándum con Irán, de la AMIA, de tantas cosas no sabés de qué se trata que llega un punto en el que creés que la Presidenta tampoco sabe de qué se trata. Para mí, hay un mundo que va más allá del control legal y eso se acentuó en la Argentina. No quiero exagerar pero veo que esto no tiende a arreglarse (se ríe). Desde mi primer libro sobre Argentina, siempre apunté a la sociedad, no al poder. El poder es la sociedad, no el Proceso, Menem, De la Rúa, Kirchner… A mí me interesa el funcionamiento de la sociedad. Ahí circulan los valores, los afectos, los intereses y el poder. En 30 años desde que se inició el proceso de la democracia no se logró institucionalizar una forma de vida nacional.
Noticias: Vayamos al sistema de toma de decisiones propio: ha dicho que define el voto en la fila previa al cuarto oscuro…
Abraham: (se ríe) A veces me pasa. Salvo que adhieras de corazón, uno ya no sabe. Imaginate que tengo que ir a elegir entre Scioli, Mazza y Macri… no sé, no tengo idea.
Noticias: Si alguien con su expertise en el pensar y analizar lo que sucede, casi que hace tatetí, ¿qué le queda al resto?
Abraham: Porque pienso que las cosas no pasan por ahí, debe ser por eso.
Noticias: ¿No le cree al sistema?
Abraham: No, no me enamoro de un político. Me puedo enamorar de un escritor, de una pianista, de alguien que me deslumbre. Lo tomo como lo que son: gente que es necesaria.
Noticias: Aprovechando la pregunta que originó su novela y lo que está diciendo ahora, ¿cómo se genera el cambio entonces si no va por la política o si los políticos son roles necesarios pero no creíbles?
Abraham: Para mí el cambio se produce cuando aceptás la decepción, cuando aceptás que la cosa no tiene solución. A nivel social es más difícil porque no hay un solo cuerpo, entonces lo que a uno le viene bien, a otro le viene mal. Hay algunos que tienen éxito en el fracaso.

 

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