Arte / 14 de abril de 2015

ARTE

Junto al río

Dos muestras temporarias en el Museo de Arte Tigre. Paseo Victorica 972. Miércoles a viernes, 9 a 19; sábados y domingos, 12 a 19. Entrada, $ 30.

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El Museo de Arte Tigre, MAT, inició el 2015 con dos muestras temporarias: una nueva lectura de su colección de arte argentino y dibujos e instalaciones de Nora Correas. El Museo, dirigido por María José Herrera, es una de las paradas del bus turístico que sale de la estación Tigre, a donde incluso se llega en lancha en una bella travesía por el río iniciada en Puerto Madero.
El MAT reluce de día y brilla de noche en la antigua sede del Casino Tigre Club, un edificio de 2.000 m2, de estilo ítalo-francés de fines del siglo XIX, con un fresco en el cielo raso creado por el artista español Julio Vila Prades, escaleras de mármol de Carrara, espejos venecianos, arañas francesas con cristal de roca y bacarat, roble de Eslavonia, vitrales importados, prolijos jardines, que fue inaugurado primero en 1913 en la rambla a orillas del río Luján; posee una pasarela que llega al río. Acertadamente, el magnífico salón oval del primer piso está abierto a la contemplación tal y como lucía en las veladas sociales de la época de esplendor del Club.
En esta ocasión, la relectura presentada en “Historias en cuadros. Colección MAT” discurre en sucesivas salas donde, a través de pinturas, fotografías, películas, se aprecian reflexiones en torno a la preocupación y subjetividad de los artistas al representar el cuerpo humano y la figura del gaucho, central en la construcción de la identidad nacional. Luego, hay pinturas que cruzan lo regional y la pervivencia de lo hispánico colonial en el noroeste argentino. Los cuadros cuentan la historia de la Plaza de Mayo, desde la fundación de Buenos Aires. Otra sala se concentra en la excepcionalidad de Quinquela Martín, como artista y activista social, y en la última se desarrolla el vínculo ente arte y literatura.
En dos salas contiguas, los dibujos, objetos e instalación de Nora Correas (Mendoza, 1942), “En el jardín no solo hay flores” y “Los chupasangre”, denuncian la acción negativa del ser humano sobre la naturaleza y la brutalidad del hombre frente a sus congéneres; el jardín no es tal y los bichos aparecen como metáfora de las personas. Correas es dueña de una trayectoria, que incluye muestras antológicas en el Museo Nacional de Bellas Artes y en sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta. Proveniente del arte textil, ella estiró sus posibilidades e incorporó todo tipo de materiales –hierro, alambre, tela, vidrio, madera, cemento– para crear imponentes esculturas e instalaciones que aluden al origen y al dolor, a ritos y conquistas, a la poesía redentora.
Lejos de la espectacularidad de esos trabajos previos, aquí la mayoría de las obras son de pequeño formato. Fueron realizadas en los últimos años durante una forzada reclusión de la artista, que se detuvo en detalles ciertos y delirantes para estos dibujos de “bichos” y letales armas inventadas. Como una entomóloga, estudió y perfeccionó apariencias de insectos, creó una galería de aparatos para la guerra. En ambas series, la artista plantea una confrontación ante distintas expresiones de poder, describe un combate por la supervivencia, se inspira en el poema “¡Hay que compadecerlos!” de Oliverio Girondo.

 

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