Empresas, Sitios Externos / 18 de Abril de 2015

HORMETAL

Mega obras llave en mano

La empresa de origen familiar tiene 30 años de experiencia y un futuro en expansión.

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Los negocios están cambiando. En la última década, los locales de venta al público se achicaron y crecieron en cambio los centros de distribución y logística, grandes espacios que acumulan mercadería e insumos de diversas industrias. A esa ola se subió la compañía Hormetal, del Grupo Ostapovich, un conglomerado nacional -en rigor, familiar- dedicado desde hace tres décadas a la producción de insumos industriales siderúrgicos. El grupo fue creado por Pablo Ostapovich, quien conoce el mundo de la construcción desde adentro y desde abajo: empezó a los trece años como ayudante en el montaje de estructuras metálicas. A los 19 ya trabajaba como montador independiente, y en 1984 fundó su primera empresa. Hoy dirige cinco: Comercial CMP, Pradecon e Indumon -que fabrican y cortan productos siderúrgicos-, Translo -dedicada al transporte y logística de metales para la construcción- y Hormetal -la constructora integral que aprovecha los insumos y garantiza la sinergia de todas las demás-. Los hijos de Ostapovich también participan en las operaciones de las empresas.
Hormetal construye estructuras metálicas para centros logísticos, depósitos agroindustriales, hípermercados y establecimientos industriales en general. Ofrece un servicio llave en mano, incluido el montaje diferenciado de las estructuras de soporte.
Para ser una empresa mediana con un número de empleados que varía entre 500 a 600, la compañía tuvo un gran 2014, con más de 200.000 metros cuadrados construidos y 430 millones de pesos de facturación. Entre sus clientes se destacan la distribuidora Transportes Don Pedro, Fontenla y los supermercados Yaguar y Plaza Logística, para quienes construyeron un depósito de 30.000 metros cuadrados en Tortugas.
Sustitución de importaciones. “A principios de los ’90 entraban al país naves metálicas completas importadas”, recuerda el gerente comercial Roberto Mollo. “Se compraban en los Estados Unidos, por ejemplo, porque aquí no existían ciertos procesos técnicos, como las soldaduras que permiten fabricar vigas de alma llena, imprescindibles para estructuras que necesiten grandes luces, como los depósitos de centros logísticos -explica-. En aquellos tiempos era más barata la mano de obra que el material”. Los Ostapovich innovaron al adquirir el software que permitía desarrollar esos procesos. Hoy en las inmensas naves de la planta de Garín apenas se ven unos pocos operarios: el mayor trabajo está en la ingeniería, en la sala de control. “Ahora fabricamos lo mismo que fabrica el mundo”, resalta Mollo. “Hemos ganado un know how a través del software específico, que nos permite ofrecer como diferencial la obra integral llave en mano, y asegurar la productividad: los tiempos nos dan para desarrollar 25 obras simultáneas”, asegura satisfecho. Si el cliente lo pide, proveen solo las estructuras metálicas, pero no trabajan como contratistas tercerizados de montaje de otras constructoras. La estrategia funciona: desde el 2004, han construido casi dos millones de metros cuadrados. “La mitad de una obra es la estructura metálica y el piso”, detalla Mollo. “Nosotros ofrecemos entregarle al cliente la solución completa; solo subcontratamos las instalaciones, algo muy menor en la construcción”.
Expansión regional. La empresa se fundó en Garín en el 2004 y a los cuatro años, se mudó al predio que ocupa hoy, de 30.000 metros cuadrados, con la mitad construidos. Sus clientes se ubican fundamentalmente en los polos industriales del Gran Buenos Aires, pero ya están empezando a expandirse al interior. Desde la década pasada, exportan estructuras metálicas a Uruguay: en el 2011 fundaron una filial que hoy emplea a cien trabajadores. “Todavía no fabricamos las estructuras allá. Por ahora, las exportamos, y allá armamos la construcción”, explica el gerente. “Pero ese es el proyecto. El año pasado invertimos dos millones de dólares para poner a punto Hormetal Uruguay. Antes, para cada obra teníamos que llevar a Uruguay una máquina muy específica para preparar el suelo. Ahora compramos una, y camionetas para renovar la flota”. Ya desarrollan cinco obras simultáneas en Uruguay: la filial representa el 10% del negocio de la compañía. Mollo enfatiza: “Estamos construyendo incluso una planta en Canelones. Como los argentinos tenemos mala fama en Uruguay, nuestras inversiones ayudaron a mostrar que no estamos de paso ni seguimos los vaivenes del dólar sino que nos instalamos para quedarnos”.
El gran empuje de la compañía obedece al enorme crecimiento de la logística, una tendencia mundial. “Es el 60% de lo que construimos -explica el directivo-. El sistema de distribución de los supermercados y grandes tiendas de electrodomésticos fue cambiando: hoy se exhiben muy pocos productos en los locales, todo sale desde los centros de distribución. En los últimos años la Argentina se fue poniendo al día. Ahora está un poco parado el rubro agroindustrial, pero esperamos un crecimiento”.
Mollo hace un balance positivo y apuesta a un futuro de expansión: “A pesar del panorama pesimista que se pinta, nosotros, desde el 2004, siempre hemos tenido mucho trabajo. Los préstamos del Bicentenario ayudaron bastante. Incluso, cuando fue necesario, agregamos turnos nocturnos”. Es que las tecnologías de geolocalización en desarrollo propician una industria que descansa en grandes centros logísticos. Una combinación casi perfecta entre las comunicaciones en tiempo real y las grandes superficies cubiertas por estructuras metálicas.

 

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